Autodidactas; el juego

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Escrito por Karina Rodríguez S.

Siguiendo con la afirmación de que desescolarizar nos invita a “ser conscientes de que para aprender no se necesita de alguien que ejerza el rol de enseñar” que menciona mi compañera María Eliza Acosta en su último artículo en esta página. Quisiera ampliar este tema del aprendizaje sin alguien que dirija como se acostumbra en un curso tradicional.

Existen maneras auto-didácticas como la investigación, la observación-experimentación y elaboración de proyectos. Todas éstas son maneras naturales de aproximarnos hacia algo que deseamos aprender más a profundidad. Podemos como padres y madres, reforzar éstas modelándolas primeramente en nuestras vidas como adultos autodidactas.

Para lo cual, es fundamental que recobremos nuestra propia pasión por aprender. Esta pasión innata que se perdió, confundió o apagó debido a la fuerte manipulación que realiza el sistema educativo para enseñarnos aquello que debemos saber. Desestructurarnos primeramente nosotros nos convoca a volver a jugar. A recobrar este entusiasmo que solía llevarnos de niñxs a investigar, observar, experimentar, APRENDER jugando. Jugar e intentar, rompiendo aquellos miedos que nos inculcaron con el sistema de evaluación; recobrando la motivación intrínseca. Aquella fuerza que desde adentro nos movía a jugar sin importar equivocarnos, ni ganar o perder o incluso si fuese o no algo productivo; sino por el simple hecho de disfrutar/vivir/aprender.

Quisiera ilustrar esto con un ejemplo personal sobre mi proceso con la pintura que siempre fue algo que amé pero desde lejos. En la escuela desde pequeña me hacían pasar a la pizarra para dibujar y lo hacía con tanto entusiasmo y facilidad; hasta que empezaron a calificarme por ello. Mi motivación que era el simple acto de dibujar, empezó a confundirse con la valoración de mis profesoras. Luego los comentarios que me invitaban a la perfección de mi padre me hicieron sentir miedo a “no dar la talla” porque él, mi padre, realmente pintaba y dibujaba increíble. Pasaron un sinnúmero de situaciones, pero en resumen; ahora que tengo 36 años, puedo contar que hace un año empecé a intentar pintar sin miedo a equivocarme, arruinar el lienzo o pared y sin miedo a los juicios o valoraciones externas. Cada vez siento como se va soltando mi mano y empieza a fluir con mi corazón y voy JUGANDO a pintar. Espero que pronto llegue el día en el que pintar sea tan libre y tan auténtico como jugar a pintar es para mis hijos.

Regresando al tema de aprender cuando hay alguien que te enseña; no es lo mismo descubrir, experimentar o crear – JUGANDO. Mi hijo aprende a tomar fotos y a todo lo que puede hacer con la cámara, mientras juega a capturar imágenes y cada vez lo hace mejor y sin guía, sin explicaciones técnicas, ni cursos de fotografía.  Así también, mi hija puede pasar horas experimentando en una “mesita de ciencia” que dispuse con colorantes y otros productos seguros; jugando a hacer ciencia.

Así como es de vital que nos lancemos a jugar, también es necesario que perdamos el miedo a que nuestros hijos jueguen todo lo que necesitan jugar, que intenten aún si desordenan o ensucian o parece que no llegan a ningún objetivo concreto. Al fin y al cabo, el juego libre no tiene un objetivo, a veces incluso parece no tener conexión directa con nada realmente significativo, pero lo es. Es la única manera en la que nuestros hijos e hijas realmente aprenden y nosotros también: CUANDO HAY ENTUSIASMO, CUANDO HAY JUEGO.

Nota: Les comparto este artículo: https://www.self-directed.org/tp/ninos-auto-dirigidos-padres-escolarizados/ y este alucinante video: https://www.youtube.com/watch?v=KClNZ87ypbA&t=1s

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Cursos, sí, no, ¿Cuándo?

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por Ma. Eliza Acosta

Desescolarizar parte de la confianza en las capacidades, tema que lo hemos ido abordando, pero también parte de ser conscientes de que para aprender no se necesita de alguien que ejerza el rol de enseñar. El aprendizaje surge a partir de la interacción con otro individuo, sea mayor, par o menor, de una salida a un lugar o la interacción con algún material y la maravillosa presencia de libros.

En este proceso es común compartir con diferentes prácticas de familias en lo que concierne a cursos (actividades varias de una o dos horas por lo general en la tarde) y si bien no es prudente generalizar o dar una receta, no todo funciona igual para todos, si es importante plantearse antes algunas cuestiones.

1. El interés del infante, cuando se plantea la opción de cursos, que en algunos sectores existe una mayor variedad que otros, es bueno tener claro si ¿la decisión parte del verdadero interés o  necesidad auténtica del niño o niña?, o ¿parten de nuestra óptica? lo cual creemos es importante y necesario como aprender otro idioma, practicar algún arte o dominar un deporte, quizá aquellos anhelos que no suplimos en nuestra infancia y adolescencia las estamos proyectando ahora en nuestros hijos. En este contexto también está la presión de lo que se considera que debe hacer un niño o niña a cierta edad, al menos lo que respecta a lecto-escritura y matemáticas, si bien hay expectativas acorde a la etapa de desarrollo, la necesidad, el interés y un ambiente adecuado y sano serán más que estimulantes suficientes para que un niño/a quiera y pueda leer, escribir, calcular o realizar otra actividad.

2. Capacidad para mantener un compromiso, si bien la capacidad que poseen nuestros hijos e hijas para continuar una actividad en la cual decidieron participar depende de su interés, también depende de su edad y desarrollo particular, los más pequeños (3-6 años) al encontrarse en un momento de exploración pueden necesitar experimentar una vez o hacerlo repetidas veces, pero una vez logrado pueden ir en búsqueda de una nueva actividad (proceso que puede durar días o máximo semanas), al ser más grandes (6-10 años)  con una decisión más razonada se pueden mantener procesos más largos pero tendremos que distinguir en el momento en que deciden suspender la actividad si lo hacen por falta de interés o por la presencia de una dificultad o la exigencia de subir el nivel de rendimiento, lo que exigirá un esfuerzo extra y salir de su zona de comfort. En este punto es común el abandono de una disciplina, pero el dominio de la misma en algún momento requerirá un esfuerzo.

3. Metodología del espacio, al elegir el espacio extra al que van asistir nuestros hijos hay que tener muy presente que no todos los y las instructoras tienen la misma visión y estilo de acompañamiento del que hemos asumido, aunque haya un verdadero interés y compromiso en el infante ¿qué tanto estamos dispuestos a que nuestros hijos e hijas estén en un ambiente totalmente directivo y escolarizado? En algunos casos hasta con más rigurosidad que la escuela por características propias de la disciplina o el trato y forma de relacionarse con nuestros infantes, ¿vale la pena comprometer el proceso de autorregulación de nuestros hijos por el logro de una disciplina?.

En fin,antes de tomar una decisión o mantenerla hay que hacer un diálogo sincero entre todos y con nosotros mismos para tener claro las intenciones y ser respetuosos con los procesos.

Confiar en el proceso

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Escrito por Ma. Eliza Acosta

Varias dudas y temores pueden saltar en el proceso de desescolarización, al menos si se sale de un sistema regular tradicional educativo.

Estos temores pueden tentarnos a tomar decisiones inmediatas, impidiendonos tomar el tiempo necesario para un proceso desescolarizante como adultos y como familia. Sólo el hecho de salir de un horario poco amigable que impone la escuela toma tiempo. Autorregularnos y sintonizarnos acorde con nuestros sentires es un proceso consciente que exige reflexión y una de las razones por las que muchas familias decidimos salir de la escolaridad es para ponernos en sintonía con esos sentires, anhelos y expectativas propias.

Algunas personas y expertos sugieren que al menos toma un mes por cada año el desescolarizarse (“Período de desintoxicación” https://goo.gl/uqkfmS https://goo.gl/bYmnKY), tiempo en que lo mejor sería no planificar gran cosa o evitar suplir las actividades de la escuela dentro de las dinámicas de hogar, este proceso como adultos generará una serie de estados emocionales e ideas que quizá se transformen en temores o remordimientos, siendo este un proceso normal y quizá necesario para repensar la decisión tomada, esta es una ocasión en la que podemos apoyarnos en nuestra comunidad, conversar las perspectivas, observar cómo otros también llevan el proceso, para fortalecernos y no dejar de confiar en nosotros y nuestros hijos e hijas.

En educación y crianza no se puede tener evidencias de aprendizajes relacionados a la educación formal (por lo general aprendizajes memorísticos y de entrenamiento) en cuestión de meses, a veces podemos pasar años sembrando y poco a poco solo con tiempo es posible ir evidenciando los frutos, siendo esto una postura que intenta desterrar la actitud de descarte e inmediatez a la que nos han llevado los tiempos actuales, donde utilizamos cualquier clase de artificios para obtener lo que queremos en la menor cantidad de tiempo o al instante, mientras que en educación y crianza hay procesos que requieren mayor tiempo o que en algunas personas podrán tomar años; pero si nuestro sentir e intuición nos dice que hay un estancamiento en algún proceso es justo poder valorar las razones de aquellas inquietudes, apreciar si realmente parte de nuestra percepción o es porque las condiciones a la que están expuestos nuestros hijos e hijas no son óptimas, llevando a darle dinamismo al contexto en el que somos participantes activos y llevándonos a una reflexión más profunda.

Les invito a apreciar el tiempo de otra forma, darnos la oportunidad de sentir, vivir, reflexionar y en el caso de nuestros hijos/as a observar sin prisas y a confiar en el proceso.

CUANDO EL MIEDO ACECHA

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Por: Andrea S. Peñaherrera H.

Por experiencia propia la maternidad es un escenario donde el miedo está a flor de piel, pues hay un (o varios) ser humano que depende de las decisiones que uno tome como adulto/a, y muchas de esas decisiones determinarán el resto de la vida de una persona.

A éstos se suman varios miedos cotidianos que suelen inquietarnos; para ellos recomiendo el video a continuación que trata, con humor, algunos temores ma/paternos; https://www.youtube.com/watch?v=-PBHd8Qlzjo

Pero también nacen los miedos al dolor ajeno, esas ganas de proteger a ese/a pequeñín/ina de cualquier malestar posible, imaginado o real.

Tengo presente ese comercial que circulaba por las redes sociales en la que varios animales salvajes acompañan y protegen a niños/as y adolescentes mientras se desenvuelven en diferentes escenarios, terminando con la frase: “Protege como una madre”. Porque sacamos nuestras “garras” cuando se trata de proteger a nuestros/as hijos/as, tratando de ocultar el temor de verlos sufrir.

Y es que innegablemente vivimos en un mundo cruel e insensible, donde a diario se conocen noticias nefastas y violentas. ¿Cómo no aterrorizarnos y querer convertirnos en esos gigantescos animales salvajes para cuidar a nuestros/as pequeños/as?

Educar en casa, dicen muchos, es encerrar a nuestros/as hijos/as en una burbuja por miedo a que les pase algo; pero la burbuja la podemos crear sea que eduquemos en casa o que escolaricemos a los/as niños/as.

Porque, queramos aceptarlo o no, nos aterra lo diferente, nos espanta ver alterado nuestro sistema y estilo de vida, porque para nosotros ha funcionado, entonces rechazamos a quien, por una u otra razón, se atreve a transgredir ese statu quo en el que la capacidad de hacer, transformar y decidir difiere de la nuestra.

Ese miedo a construirnos, y deconstruirnos como seres sociales en comunión porque, claro, ese otro está afectando, o puede llegar a hacerlo, con sus ideas y acciones que no concuerdan con las mías. Entonces el ideal de sociedad, de colectivo o comunidad se fragmenta, y lo que comenzó como diferencias que nos incomodan, terminan convirtiéndose en cotidianidades fragmentadas y aisladas. Terminamos solos con nuestros ideales.

Es verdad que admitir que existe una diversidad de la que formamos parte es un paso muy importante que nos permite bajar las armas por un momento y mirarnos a los ojos para darnos cuenta que somos humanos aprendiendo a vivir; pero no es el único paso que hay que dar si estamos queriendo construir nuevos escenarios para nuestros hijos y nuestra familia. Somos seres humanos con capacidades y con límites, con cualidades y defectos, productos de una historia mal contada, quienes tenemos la capacidad de reconocernos como lo que somos: diversos e imperfectos, y quienes somos capaces de trabajar en torno a esa diversidad y responder a las demandas y requerimientos de cada individuo, en donde las llamadas “diferencias” nos ayuden a sumar y a enriquecernos y no a dividirnos. Conocer al otro nos permite entendernos, aceptarnos y construirnos en comunidad. Nos permite trabajar nuestros miedos para reemplazarlos con seguridad, confianza y amor. Rodearnos con personas que tengan objetivos en común puede permitirnos aprender a mirar nuestros más grandes miedos para trabajarlos en colectivo y, aunque sea preciso mantenerse alerta, podamos ayudar a nuestros hijos/as crecen en un ambiente de seguridad y amor.

PROTAGONISTAS DEL APRENDIZAJE

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Por: Karina Rodríguez

 

“El entusiasmo es el verdadero motor del aprendizaje” – André Stern

No podemos hablar de un verdadero aprendizaje, si no hay entusiasmo. El entusiasmo está profundamente relacionado al interés, motivación, deseo, pasión, ganas, entre otras. Existe en primera instancia, algo que me impulsa, me mueve, me moviliza a buscar más sobre aquello que ha llamado mi atención y sobre lo cuál deseo saber más.

Así es cómo aprendí a ser madre, motivada desde adentro por cuidar de la mejor manera posible a estas pequeñas criaturitas que se convirtieron en mi mayor responsabilidad y mejores maestros.  Seguramente, sin esta necesidad y anhelo, no hubiese jamás aprendido nada sobre maternidad. De hecho, antes de decidir ser madre,  me interesó muy poco el tema, ni siquiera  la infancia, crianza ni educación.  En esta aventura en la que me embarqué hace más de 5 años y es constante, cotidiana y vivencial; han sido varias las herramientas de aprendizaje; entre ellos: libros, videos, pequeños cursos o talleres, diálogos con otras madres viviendo la misma experiencia y por supuesto la observación diaria conociendo a mis hijxs aprendiendo con ellos y de ellos.

De la misma manera, ocurre en nuestros hijos e hijas. Simplemente, la necesidad y el entusiasmo por ser parte de la sociedad que les rodea les lleva a aprender a hablar y más tarde a leer y a escribir; entre otras innumerables habilidades que adquieren para relacionarse.

Por lo tanto, pensar en desescolarización, sin permitir a nuestros hijos escoger las maneras en cómo aprenden; sería como hablar de ejercer ciudadanía y sólo permitirnos votar por alguien y luego no dejarnos hacer nada más. Cada niño y niña tiene una manera de aprender distinta y así en cada área de su vida. Es por ello, que estandarizar una sola manera de aprender ha traído los resultados que ya estamos viendo en el sistema escolar y no queremos reproducir convirtiendo la educación en casa en una escuela en casa.

El otro día encontré a mi hijo “leyendo” atentamente algo en su libreta y luego escribiendo en una hoja, como quien repasaba algo. Le pregunté qué era lo que estaba viendo y me enseñó sus propios apuntes de números del 1 al 20. Los había hecho con la ayuda de su abuelita, para aprender su orden y su forma. En la casa, hay varios recursos para “aprender” sobre números; sin embargo, él prefirió idear su propia manera de aprender a contar. Un día lo sorprendí contando hasta 150 y escribiendo ya varios de ellos. Los números siempre le llamaron la atención, no fue algún anhelo en particular nuestro de “meterle” los números; de presionarlo a que ya cuente, creyendo que ésto sería aprender lo básico de matemáticas. Fue su sincero gusto por los números y porque desde chiquito los relacionaba con objetos y contaba todo lo que podía. Hoy por hoy, hace algunas sumas y restas con maneras que él mismo ha creado para hacerlas.

Por consiguiente, extiendo la invitación a confiar en nuestros hijos e hijas. A confiar que son seres que nacieron apasionados por aprender; lo han demostrado desde que nacieron y lo seguirán haciendo si lo permitimos. Si nuestra presencia en lugar de interferir, imponer y obligar; empodera, quita obstáculos y viabiliza. Si nos desescolarizamos primeramente nosotrxs, recordando que aprendemos de distintas maneras; aceptando que hay varias herramientas y que ellos sabrán encontrarlas, y lo harán con entusiasmo.

Nota: Recomiendo este video de un adulto que jamás fue escolarizado: https://www.youtube.com/watch?v=eB0q5NCrjfU

La revolución desde las Ma-Paternidades

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Por: Andrea S. Peñaherrera H.

 

Recuerdo mis años universitarios leyendo a los grandes exponentes del pensamiento contemporáneo, idealizando conceptos, asumiendo dogmas, interiorizando consignas. Una época donde la palabra revolución nos hinchaba el pecho y muchos no la concebían sin una gran lucha con armas de fuego y destrucción del statu quo y sistema dominante.

Pues bien, la vida me ha dado la oportunidad de formar una familia, tener hijos y amarlos profundamente, en principio, mis ideas de revolución se reafirmaron porque ese amor, por ahora mis descendientes, me cuestiona aún más el estilo de vida que mantengo y lo problematizo buscando alternativas a lo establecido.

Pero en el andar, la búsqueda por nuevas maneras de vivir me ha hecho comprender y aprender que hay muchas trincheras para hablar de cambio y generar cambio, ahora la maternidad es mi punto de batalla para cuestionar lo establecido y plantear transformaciones.

He aprendido a leer otros autores y asumido nuevos términos; parto humanizado, lactancia a libre demanda, crianza respetuosa, disciplina positiva, aprendizaje autodirigido, cultura de paz… conceptos que van de la mano con los ideales políticos de cambio, porque implican retomar lo comunitario, fortalecer la democracia, apuntar a la solidaridad y al buen trato, establecer relacionas basadas en el amor y la confianza, romper la ideología dominante y hablar de paz.

Sobrepasar el paternalismo que se espera por parte de las instancias gubernamentales, y asumir la responsabilidad de la vida y futuro de nuestros/as hijos/as es revolucionario, porque no sólo estamos evidenciando el declive de un sistema educativo y social caduco, sino también que lo estamos reinventando cuando los roles paterno y materno son los protagonistas y no los espectadores de la vida de sus hijos/as y de la vida en familia.

Si, es una revolución que lleva un largo camino, porque se necesitarán de muchas generaciones, de un tejido social sólido y comprometido, de renuncias a comodidades, de replanteos de nuestras individualidades, pero sobre todo de actuar, de hacer y construir. Implica re-aprender, leer mucho y abrir todos nuestros sentidos para percibir las necesidades reales nuestras y la de nuestras familias. Romper con competiciones y plantearse colaboraciones. Requiere viajar mucho y conocer otras realidades. Es plantearse un proyecto de vida en comunión con el entorno, la naturaleza y la vida. Es romper la apatía de la cotidianidad y disfrutar de cada instante que podemos estar juntos.

Puede ser que estemos locos/as, que estemos nadando contracorriente, pero ningún cambio se ha dado desde la comodidad de un sillón. Estamos caminando nuevos rumbos, y la sonrisa en el rostro de nuestros/as hijos/as nos alientan a continuar por este andar que vale la pena.

Recomiendo el artículo: La maternidad como acto político http://www.80grados.net/la-maternidad-como-acto-politico/

Ser facilitadoras y madres / ser facilitadores y padres

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Por Karina Rodríguez S.

 

¡Qué privilegio es éste de ser madres/padres conscientes y responsables de la formación integral de nuestras hijas e hijos! Somos sus referentes y orientadoras. Somos las responsables de facilitar  herramientas, estímulos y oportunidades para que aprendan cómo y lo que ellos quieran y así mismo nosotros somos quienes aportamos mayormente en el desarrollo de la confianza en sí mismos y en los demás. El amor que les demos contribuirá significativamente en su seguridad para enfrentar la vida. La paciencia, ternura y serenidad con la que actuemos y sobretodo en los momentos difíciles, les fortalecerá su interior con paz y conexión profunda.

En mi opinión, los aprendizajes más relevantes para vivir una vida plena son aquellos que no se enseñan desde afuera; sino que se refuerzan en el interior. Nos encontramos ante una época desafiante como sociedad, necesitamos transicionar hacia algo distinto. Como padres y madres, es nuestra responsabilidad y enorme tarea re-pensar cómo se han venido haciendo las cosas y los paradigmas que se han ido implantando en nosotros y nuestros hijos y re-verlos a la luz de lo que ellos necesitan y enseñan.

La competitividad y productividad ya han arrojado resultados en los que la desesperanza, la discriminación y la violencia están presentes.  El acompañamiento desde el amor se vuelve una tarea fundamental. La facilitación de aprendizajes del espíritu y el corazón se convierten en materias imprescindibles en el diario vivir (nuestros hijos bien lo saben) y para ello debemos recordar ser por encima de todo padres y madres.

La presión, evaluación y disciplina que nos inculcaron en la escuela y en casa por alcanzar aquello que el currículo escolar exigía; es algo que necesariamente debe ser extirpado de raíz, principalmente en nosotros, si queremos niños y niñas cuyo éxito futuro brote de la gran fortaleza que llevan dentro y de las herramientas que hayamos aprendido juntos; para que así las semillas de los sueños que están en ellos germinen en tierra fértil; siendo ellos quienes los construyan.

Tuve la oportunidad de ser docente de centenas de adolescentes y jóvenes y pude observar mucha desesperanza sobreviviendo en un mundo que sentían que les iba a “comer vivos” sino estudiaban, eran los mejores y obtenían muchos títulos. Olvidando sus preciosos sueños, decidían cada día despertar a un mundo hostil desconectados de lo más profundo de su esencia; aquella que necesitamos recuperar para abrazarnos como humanidad y construir algo distinto. En fin, tenemos un gran desafío por delante; de la mano de nuestros hijos seguiremos descubriendo el camino.

 

Nota: Les recomiendo este video: https://www.ted.com/talks/robert_waldinger_what_makes_a_good_life_lessons_from_the_longest_study_on_happiness?language=es&utm_campaign=tedspread&utm_medium=referral&utm_source=tedcomshare#t-29869

 

Ruraykunata karanakushpa yachakuna – Aprendamos compartiendo los saberes

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Aprendamos compartiendo los saberes (practicar, ensayar)

Por: Likan Adriel Delgado Chuma

En una comunidad llamada La Posta, los niños nos reuníamos para pastorear las ovejas, más claro para jugar a nuestro gusto, los niños compartíamos lo que en casa sabían hacer, construir pequeñas casas, hacer sembríos (chacra), sistema de riego,   los que habíamos visto los carros construíamos carros, aviones a nuestro gusto, así nos permitíamos imaginarnos muchas otras cosas y situaciones.

Nuestros abuelos son conscientes de que mostrando cómo se hace o contándonos cuentos y anécdotas aprenderemos.

Cierto día mis abuelos me dijeron: Kunanka shuk rikuymi yachakunki, shinami yachakunakarka, imashinami pukllanapi kurinki shinallata, (Hoy aprenderás observando sólo una vez, así es como se aprende, como cuando juegas), no volvería a repetir. Me enseñaría como uncir al ganado: Alli rikunki (Observarás bien), y amarró el yugo a un toro, Yuguy, shukta (te toca uncir al otro toro), como había puesto en alerta mis sentidos, lo hice, Kayta yachakunatakurinki, ñukanchika may urkukunapika zapallallami yukush purini, (haz como si fueran oro estos aprendizajes, nosotros, se refiere a su generación, (al enseñar se habla poco en primera persona, YO) cuando estamos en el cerro  uncimos a los toros sin ayuda).

En una hallmana (deshierba), nos ordenamos: adulto, niño, adulto, adolescente, hombre, mujer, (shina chakrunakush shayarispami tupanakush, tupanakush, wawakunata aysash, tukuylla llukshinakachi) así como nos hemos ordenado, nos encontraremos los unos a un lado y los otros al otro lado, llevaremos a los niños y jóvenes hasta terminar. Nos encantaba porque las abuelas empezaban a hablar de algún tema, o contar de cada planta que se encontraba, de las piedras, de animales como el sapo, araña, lombriz, etc. los chistes que no faltaban, se nos hacía muy corto el tiempo.

Ahora siento y entiendo cuando mis hijas e hijo dicen “cómo quisiera que el sol permanezca  más, como quisiera que ya sea otro día para seguir jugando” en el hacer de aprendizaje enseñanza el chakaruna o chakruna (el tejido, puente, combinación entre seres) nos sirve como herramienta para compartir el aprendizaje y continuar aprendiendo.  

 

Comunidad de La Posta, Cañar, Ecuador.

 

Educar en casa, estar en casa todo el día

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Por María Eliza Acosta

El término homeschool o educar en casa genera algunas ideas, es común que en el imaginario salte “pasan todo el día en casa encerrados” y en contraposición nos hacen pensar que quizá las casas que habitan no están pensadas para pasar todo el día en ellas.

Educar en casa dentro del contexto de la desescolarización nos lleva tener una casa viva, es una casa que va hacia una estructura más democrática, cambia la idea del “cuarto de juegos” o el cuarto de televisión, para pensar en que cada espacio o rincón puede ofrecer una experiencia; donde el material, los juguetes, libros y a veces hasta dispositivos electrónicos tienen un lugar que facilite el acceso a nuestros hijos e hijas hacia el aprendizaje. La casa no lucirá como esas casas de portada de revista de diseño, pero cuando tienes la oportunidad de conocer una de estas casas es evidente que algo se está gestando y creciendo en los niños y niñas que lo habitan, es un orden caótico del aprendizaje.

Metodologías pedagógicas como Montessori proponen material diseñado para que el infante interactúe con él y permita autorregulación, donde luego de utilizarlo debe regresar al lugar, por respeto al espacio y al otro, pero a veces este material es costoso y nuestros hijos e hijas se embarcan en proyectos que pueden tomar días y hasta semanas y quizá esos principios no pueden regir rigurosamente en nuestro hogar, pero podemos apoyarnos en su material y metodología, siempre contando con la observación e intuición como partida, otra propuesta metodológica es Reggio Emilia, donde la libre circulación en espacios preparados y bien pensados para generar y evidenciar el aprendizaje de forma estética nos puede servir de inspiración para montar lugares en casa y la exposición de los logros alcanzados de cada uno de nuestros hijos e hijas, ya sean tangibles o no, donde la fotografía se convierte en una herramienta fundamental.

La educación en casa no se limita a las habitaciones o los espacios con los que cuenta la casa; incluyen patios, bibliotecas, museos, parques y naturaleza en sí. Los espacios exteriores vienen a ser extensiones en las que el/la guagua debe aprender a desenvolverse, he ahí que sean espacios seguros, adecuados, amigables, accesibles, donde el aprendizaje puede surgir en cualquier momento, damos énfasis a la iniciativa e intención.

Contrario de lo que se podría creer, la educación en casa, hace que nuestra vida sea muy intensa; la construcción o la creación de proyectos, salidas para encuentro de otros espacios o con otras personas sin límite de tiempo o espacio, nos deja muy agotados al final del día pero con una sensación de satisfacción que sólo hace que el día siguiente lo quieras volver a vivir.

La comunidad en la desescolarización

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Por Ma. Eliza Acosta

En el proceso de desescolarización, de no escolarizar o de no ir a la escuela, pueden surgir algunas inquietudes y en el caso de nuestra familia la primera inquietud que surgió fue el tema de la socialización; los amiguitos, los compañeros o las relaciones. ¿Cómo se iban a dar? porque conocemos la importancia y la riqueza del aprendizaje cooperativo, el valor del encuentro con otros en la diversidad y la necesidad de desarrollar la inteligencia interpersonal para que a su vez haya un desarrollo de la inteligencia emocional e intrapersonal, pero en esa reflexión nos dimos cuenta que esto no necesariamente se da en la escuela.

En el proceso de desescolarización como familia es una bendición, acierto o como se quiera llamar el encontrarse con otras familias, que quizá algunas veces con diferente óptica mantienen una visión similar y que sus motivaciones para desescolarizar son similares a las nuestras y que cuando empiezas a compartir tiempo, espacios, reflexiones y vivencias es inevitable se vayan convirtiendo en compañeros de camino donde las relaciones tienden a ser profundas, significativas o como mínimo son sanas, porque al parecer la construcción de una nueva cultura y un mundo mejor para nuestros hijos e hijas es un sentir compartido.

Existe esfuerzo y compromiso de quienes quieren formar una comunidad en este contexto, ya que en este encuentro con el otro también es un momento donde debemos deconstruirnos, aunque considero que esta es una tarea principalmente para los adultos, ya que venimos de experiencias que han minado esa capacidad innata de cooperar, superar protocolos o modos que no hacen más que llevarnos a relaciones superficiales. Esta construcción comunitaria nos invita a trabajar en nosotros mismos, en el desarrollo de habilidades como la comunicación no violenta, la autocrítica, el respeto, la tolerancia, la transparencia, la consideración y prudencia cuando estamos frente a otro individuo que también tiene una historia, una percepción propia del mundo y está lleno de anhelos.

Las relaciones en un espacio comunitario entre personas que desescolarizan son diversas y enriquecedoras, puesto no hay exclusividad en la edad para ello, el ambiente es propicio para que los y las infantes interactúen libremente entre ellos y con los adultos de su entorno, generando inevitablemente aprendizaje cooperativo, relaciones respetuosas y profundas, donde el juego es infinito, el acompañamiento cercano y la confianza en uno mismo y hacia los otros se van fortaleciendo.

Con el tiempo y el trabajo constante en la formación de la comunidad este espacio se convierte en un soporte para la deconstrucción y la construcción de un paradigma que busca no solo educar en la libertad sino también en la paz, porque la cooperación en lugar de la competencia nos brindaría un mundo mejor y nos permite recargar energías para no tener la sensación permanente que todo el tiempo estamos nadando contracorriente.