Obligatoriedad, no obligatoriedad (educadores)

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Por Maria Eliza Acosta

Al salir del sistema educativo ya sea como educador o educando se tiene la oportunidad de observar algunas actitudes, situaciones y modos que quizá antes no se distinguían por la normalización de la misma en un ambiente de obligatoriedad.

Cuando la educación tiene la característica de obligatoriedad no solo lo es para los educandos, si no que también lo es para los educadores quienes tienen que cumplir con una serie de requisitos, diseñados por personas en situación de poder sobre su ejercicio profesional y laboral, siendo ellos quienes determinan también las características requeridas esperadas de un educador y con el agregado de que se considera evidente que su ejercicio profesional es gracias a la vocación.

Cuando independientemente de la profesión de quienes optamos por un sistema de acompañamiento de aprendizaje fuera del sistema educativo tradicional, sentimos la necesidad de informarnos más sobre educación, trabajar en nosotros mismo como seres humanos y en la obtención de habilidades para acompañar de la mejor forma a nuestros hijos e hijas en su aprendizaje, buscamos una serie de espacios formativos, ya sea en cursos, capacitaciones o talleres en los cuales es común encontrarnos con educadores que aún se encuentran en el sistema educativo tradicional y salta a la vista algunas situaciones.

El cumplir, estos talleres tiene un valor en tiempo de capacitación, el certificado suele ser un requisito para la continuidad laboral. La actitud o predisposición de los profesionales que realizan esta capacitación solo por cumplir u obligación es evidente, existe un comentario permanente de la poca aplicación de lo que se les propone en el curso, desacreditación de quien capacita en el caso de que ya conozcan el tema y su ausencia en el espacio, muchos manifiestan sobre el tiempo extra que están dando a su trabajo, que es tiempo para su familia y que podrían estar haciendo cosas que realmente les guste, al final solo necesitan el papel.

Relaciones interpersonales, dependiendo de la metodología unos espacios son mas participativos que otros, con trabajos en grupo o exposiciones y es evidente el poco trabajo cooperativo que hay, se siente un ambiente competitivo donde cada uno vela por si mismo, donde las ideas no son construidas colectivamente sino que prima la interpretación personal sobre la de los otros, donde temperamentos y personalidades se imponen, las tareas grupales son divididas y cada quien hace su parte por su lado y si hay quien no considere adecuado el trabajo de otro solo hay corrección, mas no hay diálogo para una construcción conjunta.

La educación está mal y hay gran culpa en los padres, trabajando en una metodología específica o una teoría educativa siempre salta la importancia del bienestar del estudiante, su realidad y que esta realización prima ante el manejo de los conocimientos, los educadores manifiestan que la educación está mal pero no es su culpa (el término utilizado es culpa), es culpa de las familias que no colaboran o están destruidas, dónde el rol y responsabilidad del docente ante el estudiante genera diferentes posiciones, en contextos educativos privados es evidente la ausencia de los padres y en los fiscales la falta de recursos, los educadores y familia están desconectados en los dos casos y existe una avalancha de cosas no resueltas en la profesión de la educación, como la inexistencia de un rol claro de la familia y comunidad.

Si bien no se puede generalizar esta observación si es una realidad docente en la educación tradicional que nos ha llevado a educadores y familias buscar otras opciones dónde nuestros hijos e hijas tengan encuentros con personas que amen lo que hacen, que estén en una constante búsqueda de mejorar personalmente y asuman la responsabilidad de su influencia en otros, en especial personas en formación.

Mucho de lo manifestado es resultado de un sistema que no es cuestionado y es repetido consciente e inconscientemente produciendo generaciones de victimas, dónde no hay una mirada autocrítica personal de cuan este sistema puede estar normalizado en nuestra cotidianidad y el efecto que tiene en la forma como nos relacionamos.

Es importante y emergente la apertura a alternativas educativas que no obliguen al individuo algo que está en su naturaleza.

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La desescolarización; camino de regreso a la intuición

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Escrito por: Andrea Peñaherrera y Karina Rodríguez

En diálogos grupales junto a adultxs (padres y madres) al reflexionar en el tema de “los patrones de la escolarización”; la palabra desconexión es una de las más frecuentemente mencionadas. Probablemente éste no es un objetivo intencional del sistema educativo. Sin embargo, sus lógicas terminan desconectándonos. Así con; el sistema de evaluación y su lógica de premio y castigo, el tiempo fragmentado y horarios que no respetan tiempos particulares, la clasificación del conocimiento y las metodologías que no honran el juego, la priorización en lo racional y la memorización , la enseñanza directiva e impositiva, la homogeneización de tantas diversidades humanas y de un mismo individuo, entre otras; terminan provocando desconexión, confusión, alienación, división y hasta insensibilidad.

Desde su nacimiento, un niño o niña intuitivamente empieza a buscar resolver sus necesidades básicas. Pero la sociedad adulto-céntrica responde y actúa en base a sus propios criterios de lo que un niño debe hacer, comer, aprender y hasta ser. De esta manera, imponemos alimentos, horarios, comportamientos, objetivos, y hasta tiempos para jugar; evitando el juego que aparentemente no es “productivo”. Es así como, poco a poco, vamos desconfiando de sus intuiciones y capacidades innatas para vivir. Desconfiamos de la intuición que es “conocer desde adentro” y damos más valor a lo que viene de afuera.

La autora del Concepto Continuum, Jean Liedloff, escribe en su texto: “Mucho antes de convertirnos en algo parecido al homo sapiens, ya teníamos unos instintos exquisitamente precisos, expertos en cada detalle de la crianza de los hijos. Pero hemos conspirado para confundir este antiquísimo conocimiento de un modo tan absoluto que ahora recurrimos a investigadores para que se dediquen plenamente a resolver cómo debemos comportarnos con los hijos, entre nosotros y con nosotros mismos. No es ningún secreto que los expertos no hayan descubierto cómo vivir satisfactoriamente, pero cuanto más fracasan, más intentan llevar los problemas bajo la única influencia de la razón y rechazan lo que la razón no puede comprender o controlar.”[i]

La autora, quien basó su libro en la experiencia de observación a la comunidad indígena de Venezuela  Ye’kuana, concluye que el ser humano ha abandonado su instinto, para guiarse únicamente por la razón, nuestros impulsos y necesidades vienen determinadas por necesidades creadas por la industria y mercado, y no necesariamente responden a las necesidades fundamentales del ser humano.

Miles de años nos hemos dejado guiar por, en palabras de Liedloff, “las infinitamente más refinadas e informadas áreas de la mente llamadas instinto.” Pero en los últimos años, con el surgimiento de la industria y el colapso de las comunidades, nos han hecho callar el instinto y dar paso a lo que el dinero puede comprar; porque las experiencias de nuestras abuelas, de nuestras madres, ya no nos son suficientes, o las desconocemos. No aprendimos a maternar sin tecnología, sin respuestas a nuestras dudas a un click, no aprendimos a mirar a nuestros/as hijos/as y entendernos en la confianza y la relación continua, porque la separación temprana nos corta toda posibilidad de conexión.

Por ello, cuando hablamos de desescolarización, innegablemente hablamos de apego, de lactancia materna a demanda, de colecho, de respeto y decisiones en conjunto, porque no podemos ser dictadores en la vida de otros seres humanos, mucho menos de nuestros/as hijos/as, porque queremos para ellos y ellas la oportunidad de aprender divirtiéndose, a tener la confianza suficiente en sí mismos y en su entorno para preguntar y explorar, para que se dejen llevar por su instinto de sabios investigadores y grandiosos seres humanos.

 

Video recomendado: https://www.youtube.com/watch?v=7fERX0OXAIY

 

[i] Liedloff, J. El concepto del Continuum. En busca del bienestar perdido. Editorial OB Stare. Cuarta edición. España, 2009. Pp. 47. Versión digital en: https://cabezasdetormenta.noblogs.org/files/2014/10/El-Concepto-del-Continuum.pdf

LA R-EVOLUCIÓN EN LA EDUCACIÓN

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Por: Karina Rodríguez S.

Estoy convencida de que la educación no necesita más reformas, ya han habido muchas y otras más se siguen gestando y aparentemente ninguna llega al corazón del problema.

En mi opinión, primeramente necesitamos trascender el concepto de educación y empezar a utilizar el término APRENDIZAJE. Educación, connota que hay alguien que enseña y otro/a que aprende y para ello es necesario un espacio o tiempo definido. Aprender, en cambio, lo hacemos todo el tiempo, en todo lado, solos o acompañados.

Aprender es tan natural justamente porque hemos nacido con las capacidades para hacerlo; según Peter Gray (https://en.wikipedia.org/wiki/Peter_Gray_(psychologist), son las siguientes:

  • Curiosidad: es la motivación interna que desde pequeñas nos lleva a aprender a movernos, a relacionarnos, a descubrir el mundo que nos rodea y es a través del juego que lo hacemos.
  • Juego: es la fuerza o actividad que con entusiasmo somos convocados a practicar nuevas habilidades, solos o socializando.
  • Socialización: denota las interacciones, intercambios y conexiones que vamos haciendo con otros y otras; para lo cual no es necesario un espacio específico.
  • Planificación: es la capacidad que más se demora en desarrollar; pero que va afirmando en nosotras la habilidad de trazarnos objetivos, de “mirar hacia el futuro”, de visualizar en perspectiva y trascender a la reacción ante los estímulos. (Mayor información en https://www.self-directed.org/sde/drives/)

Para volver a ser protagonistas de nuestros propios procesos de aprendizaje y así empoderar a nuestros hijos e hijas a ser protagonistas de los suyos; requerimos devolver la confianza al ser humano y su capacidad innata de aprender. Necesitamos volver a confiar en nosotras mismas y así confiar en nuestros hijos. 

De esta manera, las pedagogías alternativas ofrecen valiosas reflexiones, recursos y materiales. Sin embargo; regresar a lo natural y elemental del aprendizaje, es una invitación a re-pensarla desde otro molde. Es una exhortación a no interferir. A facilitar procesos, quitando los obstáculos necesarios para que nuestros hijos e hijas aprendan cuando, cómo y lo que necesiten. Retornar a lo natural y elemental nos convoca hacia una constante desescolarización de aquello que la escuela nos instruyó, la crianza nos domesticó y lo que el sistema nos engañó.

Mientras eso no suceda, seguiremos marcando sus tiempos, sus intereses y a la final, sus vidas. Esta sociedad requiere de adolescentes y jóvenes protagonistas, conocedores de sí mismos, conscientes de sus habilidades, debilidades e intereses personales.  Personas que hayan desarrollado herramientas de vida que les permita confiar en sí mismas y los demás.

Fui docente y consejera de centenares de jóvenes y en sus ojos se veía la desesperanza por saberse responsables del “futuro del mundo”, con la enorme presión por llenar la lista por la que serán evaluados: tener mucho conocimiento, ser muy competitivos y adquirir el mayor número de títulos. Estos jóvenes tenían serios períodos de depresión, baja autoestima, escasa o nula conexión con lo más valioso de sí mismos y por tanto de la vida misma. Creyéndose lastimosamente la mentira que tantas veces les han dicho: “estudia porque sino no serás nadie”.

Estoy comprometida con el cambio y éste empieza en mi hogar, ¿y tú?.

Video recomendado: https://www.youtube.com/watch?v=7fERX0OXAIY

Autodidactas; el juego

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Escrito por Karina Rodríguez S.

Siguiendo con la afirmación de que desescolarizar nos invita a “ser conscientes de que para aprender no se necesita de alguien que ejerza el rol de enseñar” que menciona mi compañera María Eliza Acosta en su último artículo en esta página. Quisiera ampliar este tema del aprendizaje sin alguien que dirija como en se acostumbra en un curso tradicional.

Existen maneras auto-didácticas como la investigación, la observación-experimentación y elaboración de proyectos. Todas éstas son maneras naturales de aproximarnos hacia algo que deseamos aprender más a profundidad. Podemos como padres y madres, reforzar éstas modelándolas primeramente en nuestras vidas como adultos autodidactas.

Para lo cual, es fundamental que recobremos nuestra propia pasión por aprender. Esta pasión innata que se perdió, confundió o apagó debido a la fuerte manipulación que realiza el sistema educativo para enseñarnos aquello que debemos saber. Desestructurarnos primeramente nosotros nos convoca a volver a jugar. A recobrar este entusiasmo que solía llevarnos de niñxs a investigar, observar, experimentar, APRENDER jugando. Jugar e intentar, rompiendo aquellos miedos que nos inculcaron con el sistema de evaluación; recobrando la motivación intrínseca. Aquella fuerza que desde adentro nos movía a jugar sin importar equivocarnos, ni perder o que no sea algo productivo; sino que simplemente nos haga felices.

Quisiera ilustrar con un ejemplo personal, sobre mi proceso con la pintura que siempre fue algo que amé pero desde lejos. En la escuela desde pequeña me hacían pasar a la pizarra para dibujar y lo hacía con tanto entusiasmo y facilidad; hasta que empezaron a calificarme por ello. Mi motivación que era el simple acto de dibujar, empezó a confundirse con la valoración de mis profesoras. Luego los comentarios que me invitaban a la perfección de mi padre me hicieron sentir miedo a “no dar la talla” porque él, mi padre, realmente pintaba y dibujaba increíble. Pasaron un sinnúmero de situaciones, pero en resumen; ahora que tengo 36 años, puedo contar que hace un año empecé a intentar pintar sin miedo a equivocarme, arruinar el lienzo o pared y sin miedo a los juicios o valoraciones externas. Cada vez siento como se va soltando mi mano y empieza a fluir con mi corazón y voy JUGANDO a pintar. Espero que pronto llegue el día en el que pintar sea tan libre y tan auténtico como jugar a pintar es para mis hijos.

Regresando al tema de aprender cuando hay alguien que te enseña; no es lo mismo descubrir, experimentar o crear – JUGANDO. Mi hijo aprende a tomar fotos y a todo lo que puede hacer con la cámara, mientras juega a capturar imágenes y cada vez lo hace mejor y sin guía, sin explicaciones técnicas, ni cursos de fotografía.  Así también, mi hija puede pasar horas experimentando en una “mesita de ciencia” que dispuse con colorantes y otros productos seguros; jugando a hacer ciencia.

Así como es de vital que nos lancemos a jugar, también es necesario que perdamos el miedo a que nuestros hijos jueguen todo lo que necesitan jugar, que intenten aún si desordenan o ensucian o parece que no llegan a ningún objetivo concreto. Al fin y al cabo, el juego libre no tiene un objetivo, a veces incluso parece no tener conexión directa con nada realmente significativo, pero lo es. Es la única manera en la que nuestros hijos e hijas realmente aprenden y nosotros también: CUANDO HAY ENTUSIASMO, CUANDO HAY JUEGO.

Nota: Les comparto este artículo: https://www.self-directed.org/tp/ninos-auto-dirigidos-padres-escolarizados/ y esta secuencia de entrevistas: https://www.youtube.com/watch?v=-Y_lQNJPE6s&t=2537s

Cursos, sí, no, ¿Cuándo?

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por Ma. Eliza Acosta

Desescolarizar parte de la confianza en las capacidades, tema que lo hemos ido abordando, pero también parte de ser conscientes de que para aprender no se necesita de alguien que ejerza el rol de enseñar. El aprendizaje surge a partir de la interacción con otro individuo, sea mayor, par o menor, de una salida a un lugar o la interacción con algún material y la maravillosa presencia de libros.

En este proceso es común compartir con diferentes prácticas de familias en lo que concierne a cursos (actividades varias de una o dos horas por lo general en la tarde) y si bien no es prudente generalizar o dar una receta, no todo funciona igual para todos, si es importante plantearse antes algunas cuestiones.

1. El interés del infante, cuando se plantea la opción de cursos, que en algunos sectores existe una mayor variedad que otros, es bueno tener claro si ¿la decisión parte del verdadero interés o  necesidad auténtica del niño o niña?, o ¿parten de nuestra óptica? lo cual creemos es importante y necesario como aprender otro idioma, practicar algún arte o dominar un deporte, quizá aquellos anhelos que no suplimos en nuestra infancia y adolescencia las estamos proyectando ahora en nuestros hijos. En este contexto también está la presión de lo que se considera que debe hacer un niño o niña a cierta edad, al menos lo que respecta a lecto-escritura y matemáticas, si bien hay expectativas acorde a la etapa de desarrollo, la necesidad, el interés y un ambiente adecuado y sano serán más que estimulantes suficientes para que un niño/a quiera y pueda leer, escribir, calcular o realizar otra actividad.

2. Capacidad para mantener un compromiso, si bien la capacidad que poseen nuestros hijos e hijas para continuar una actividad en la cual decidieron participar depende de su interés, también depende de su edad y desarrollo particular, los más pequeños (3-6 años) al encontrarse en un momento de exploración pueden necesitar experimentar una vez o hacerlo repetidas veces, pero una vez logrado pueden ir en búsqueda de una nueva actividad (proceso que puede durar días o máximo semanas), al ser más grandes (6-10 años)  con una decisión más razonada se pueden mantener procesos más largos pero tendremos que distinguir en el momento en que deciden suspender la actividad si lo hacen por falta de interés o por la presencia de una dificultad o la exigencia de subir el nivel de rendimiento, lo que exigirá un esfuerzo extra y salir de su zona de comfort. En este punto es común el abandono de una disciplina, pero el dominio de la misma en algún momento requerirá un esfuerzo.

3. Metodología del espacio, al elegir el espacio extra al que van asistir nuestros hijos hay que tener muy presente que no todos los y las instructoras tienen la misma visión y estilo de acompañamiento del que hemos asumido, aunque haya un verdadero interés y compromiso en el infante ¿qué tanto estamos dispuestos a que nuestros hijos e hijas estén en un ambiente totalmente directivo y escolarizado? En algunos casos hasta con más rigurosidad que la escuela por características propias de la disciplina o el trato y forma de relacionarse con nuestros infantes, ¿vale la pena comprometer el proceso de autorregulación de nuestros hijos por el logro de una disciplina?.

En fin,antes de tomar una decisión o mantenerla hay que hacer un diálogo sincero entre todos y con nosotros mismos para tener claro las intenciones y ser respetuosos con los procesos.

Confiar en el proceso

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Escrito por Ma. Eliza Acosta

Varias dudas y temores pueden saltar en el proceso de desescolarización, al menos si se sale de un sistema regular tradicional educativo.

Estos temores pueden tentarnos a tomar decisiones inmediatas, impidiendonos tomar el tiempo necesario para un proceso desescolarizante como adultos y como familia. Sólo el hecho de salir de un horario poco amigable que impone la escuela toma tiempo. Autorregularnos y sintonizarnos acorde con nuestros sentires es un proceso consciente que exige reflexión y una de las razones por las que muchas familias decidimos salir de la escolaridad es para ponernos en sintonía con esos sentires, anhelos y expectativas propias.

Algunas personas y expertos sugieren que al menos toma un mes por cada año el desescolarizarse (“Período de desintoxicación” https://goo.gl/uqkfmS https://goo.gl/bYmnKY), tiempo en que lo mejor sería no planificar gran cosa o evitar suplir las actividades de la escuela dentro de las dinámicas de hogar, este proceso como adultos generará una serie de estados emocionales e ideas que quizá se transformen en temores o remordimientos, siendo este un proceso normal y quizá necesario para repensar la decisión tomada, esta es una ocasión en la que podemos apoyarnos en nuestra comunidad, conversar las perspectivas, observar cómo otros también llevan el proceso, para fortalecernos y no dejar de confiar en nosotros y nuestros hijos e hijas.

En educación y crianza no se puede tener evidencias de aprendizajes relacionados a la educación formal (por lo general aprendizajes memorísticos y de entrenamiento) en cuestión de meses, a veces podemos pasar años sembrando y poco a poco solo con tiempo es posible ir evidenciando los frutos, siendo esto una postura que intenta desterrar la actitud de descarte e inmediatez a la que nos han llevado los tiempos actuales, donde utilizamos cualquier clase de artificios para obtener lo que queremos en la menor cantidad de tiempo o al instante, mientras que en educación y crianza hay procesos que requieren mayor tiempo o que en algunas personas podrán tomar años; pero si nuestro sentir e intuición nos dice que hay un estancamiento en algún proceso es justo poder valorar las razones de aquellas inquietudes, apreciar si realmente parte de nuestra percepción o es porque las condiciones a la que están expuestos nuestros hijos e hijas no son óptimas, llevando a darle dinamismo al contexto en el que somos participantes activos y llevándonos a una reflexión más profunda.

Les invito a apreciar el tiempo de otra forma, darnos la oportunidad de sentir, vivir, reflexionar y en el caso de nuestros hijos/as a observar sin prisas y a confiar en el proceso.

CUANDO EL MIEDO ACECHA

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Por: Andrea S. Peñaherrera H.

Por experiencia propia la maternidad es un escenario donde el miedo está a flor de piel, pues hay un (o varios) ser humano que depende de las decisiones que uno tome como adulto/a, y muchas de esas decisiones determinarán el resto de la vida de una persona.

A éstos se suman varios miedos cotidianos que suelen inquietarnos; para ellos recomiendo el video a continuación que trata, con humor, algunos temores ma/paternos; https://www.youtube.com/watch?v=-PBHd8Qlzjo

Pero también nacen los miedos al dolor ajeno, esas ganas de proteger a ese/a pequeñín/ina de cualquier malestar posible, imaginado o real.

Tengo presente ese comercial que circulaba por las redes sociales en la que varios animales salvajes acompañan y protegen a niños/as y adolescentes mientras se desenvuelven en diferentes escenarios, terminando con la frase: “Protege como una madre”. Porque sacamos nuestras “garras” cuando se trata de proteger a nuestros/as hijos/as, tratando de ocultar el temor de verlos sufrir.

Y es que innegablemente vivimos en un mundo cruel e insensible, donde a diario se conocen noticias nefastas y violentas. ¿Cómo no aterrorizarnos y querer convertirnos en esos gigantescos animales salvajes para cuidar a nuestros/as pequeños/as?

Educar en casa, dicen muchos, es encerrar a nuestros/as hijos/as en una burbuja por miedo a que les pase algo; pero la burbuja la podemos crear sea que eduquemos en casa o que escolaricemos a los/as niños/as.

Porque, queramos aceptarlo o no, nos aterra lo diferente, nos espanta ver alterado nuestro sistema y estilo de vida, porque para nosotros ha funcionado, entonces rechazamos a quien, por una u otra razón, se atreve a transgredir ese statu quo en el que la capacidad de hacer, transformar y decidir difiere de la nuestra.

Ese miedo a construirnos, y deconstruirnos como seres sociales en comunión porque, claro, ese otro está afectando, o puede llegar a hacerlo, con sus ideas y acciones que no concuerdan con las mías. Entonces el ideal de sociedad, de colectivo o comunidad se fragmenta, y lo que comenzó como diferencias que nos incomodan, terminan convirtiéndose en cotidianidades fragmentadas y aisladas. Terminamos solos con nuestros ideales.

Es verdad que admitir que existe una diversidad de la que formamos parte es un paso muy importante que nos permite bajar las armas por un momento y mirarnos a los ojos para darnos cuenta que somos humanos aprendiendo a vivir; pero no es el único paso que hay que dar si estamos queriendo construir nuevos escenarios para nuestros hijos y nuestra familia. Somos seres humanos con capacidades y con límites, con cualidades y defectos, productos de una historia mal contada, quienes tenemos la capacidad de reconocernos como lo que somos: diversos e imperfectos, y quienes somos capaces de trabajar en torno a esa diversidad y responder a las demandas y requerimientos de cada individuo, en donde las llamadas “diferencias” nos ayuden a sumar y a enriquecernos y no a dividirnos. Conocer al otro nos permite entendernos, aceptarnos y construirnos en comunidad. Nos permite trabajar nuestros miedos para reemplazarlos con seguridad, confianza y amor. Rodearnos con personas que tengan objetivos en común puede permitirnos aprender a mirar nuestros más grandes miedos para trabajarlos en colectivo y, aunque sea preciso mantenerse alerta, podamos ayudar a nuestros hijos/as crecen en un ambiente de seguridad y amor.

PROTAGONISTAS DEL APRENDIZAJE

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Por: Karina Rodríguez

 

“El entusiasmo es el verdadero motor del aprendizaje” – André Stern

No podemos hablar de un verdadero aprendizaje, si no hay entusiasmo. El entusiasmo está profundamente relacionado al interés, motivación, deseo, pasión, ganas, entre otras. Existe en primera instancia, algo que me impulsa, me mueve, me moviliza a buscar más sobre aquello que ha llamado mi atención y sobre lo cuál deseo saber más.

Así es cómo aprendí a ser madre, motivada desde adentro por cuidar de la mejor manera posible a estas pequeñas criaturitas que se convirtieron en mi mayor responsabilidad y mejores maestros.  Seguramente, sin esta necesidad y anhelo, no hubiese jamás aprendido nada sobre maternidad. De hecho, antes de decidir ser madre,  me interesó muy poco el tema, ni siquiera  la infancia, crianza ni educación.  En esta aventura en la que me embarqué hace más de 5 años y es constante, cotidiana y vivencial; han sido varias las herramientas de aprendizaje; entre ellos: libros, videos, pequeños cursos o talleres, diálogos con otras madres viviendo la misma experiencia y por supuesto la observación diaria conociendo a mis hijxs aprendiendo con ellos y de ellos.

De la misma manera, ocurre en nuestros hijos e hijas. Simplemente, la necesidad y el entusiasmo por ser parte de la sociedad que les rodea les lleva a aprender a hablar y más tarde a leer y a escribir; entre otras innumerables habilidades que adquieren para relacionarse.

Por lo tanto, pensar en desescolarización, sin permitir a nuestros hijos escoger las maneras en cómo aprenden; sería como hablar de ejercer ciudadanía y sólo permitirnos votar por alguien y luego no dejarnos hacer nada más. Cada niño y niña tiene una manera de aprender distinta y así en cada área de su vida. Es por ello, que estandarizar una sola manera de aprender ha traído los resultados que ya estamos viendo en el sistema escolar y no queremos reproducir convirtiendo la educación en casa en una escuela en casa.

El otro día encontré a mi hijo “leyendo” atentamente algo en su libreta y luego escribiendo en una hoja, como quien repasaba algo. Le pregunté qué era lo que estaba viendo y me enseñó sus propios apuntes de números del 1 al 20. Los había hecho con la ayuda de su abuelita, para aprender su orden y su forma. En la casa, hay varios recursos para “aprender” sobre números; sin embargo, él prefirió idear su propia manera de aprender a contar. Un día lo sorprendí contando hasta 150 y escribiendo ya varios de ellos. Los números siempre le llamaron la atención, no fue algún anhelo en particular nuestro de “meterle” los números; de presionarlo a que ya cuente, creyendo que ésto sería aprender lo básico de matemáticas. Fue su sincero gusto por los números y porque desde chiquito los relacionaba con objetos y contaba todo lo que podía. Hoy por hoy, hace algunas sumas y restas con maneras que él mismo ha creado para hacerlas.

Por consiguiente, extiendo la invitación a confiar en nuestros hijos e hijas. A confiar que son seres que nacieron apasionados por aprender; lo han demostrado desde que nacieron y lo seguirán haciendo si lo permitimos. Si nuestra presencia en lugar de interferir, imponer y obligar; empodera, quita obstáculos y viabiliza. Si nos desescolarizamos primeramente nosotrxs, recordando que aprendemos de distintas maneras; aceptando que hay varias herramientas y que ellos sabrán encontrarlas, y lo harán con entusiasmo.

Nota: Recomiendo este video de un adulto que jamás fue escolarizado: https://www.youtube.com/watch?v=eB0q5NCrjfU

La revolución desde las Ma-Paternidades

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Por: Andrea S. Peñaherrera H.

 

Recuerdo mis años universitarios leyendo a los grandes exponentes del pensamiento contemporáneo, idealizando conceptos, asumiendo dogmas, interiorizando consignas. Una época donde la palabra revolución nos hinchaba el pecho y muchos no la concebían sin una gran lucha con armas de fuego y destrucción del statu quo y sistema dominante.

Pues bien, la vida me ha dado la oportunidad de formar una familia, tener hijos y amarlos profundamente, en principio, mis ideas de revolución se reafirmaron porque ese amor, por ahora mis descendientes, me cuestiona aún más el estilo de vida que mantengo y lo problematizo buscando alternativas a lo establecido.

Pero en el andar, la búsqueda por nuevas maneras de vivir me ha hecho comprender y aprender que hay muchas trincheras para hablar de cambio y generar cambio, ahora la maternidad es mi punto de batalla para cuestionar lo establecido y plantear transformaciones.

He aprendido a leer otros autores y asumido nuevos términos; parto humanizado, lactancia a libre demanda, crianza respetuosa, disciplina positiva, aprendizaje autodirigido, cultura de paz… conceptos que van de la mano con los ideales políticos de cambio, porque implican retomar lo comunitario, fortalecer la democracia, apuntar a la solidaridad y al buen trato, establecer relacionas basadas en el amor y la confianza, romper la ideología dominante y hablar de paz.

Sobrepasar el paternalismo que se espera por parte de las instancias gubernamentales, y asumir la responsabilidad de la vida y futuro de nuestros/as hijos/as es revolucionario, porque no sólo estamos evidenciando el declive de un sistema educativo y social caduco, sino también que lo estamos reinventando cuando los roles paterno y materno son los protagonistas y no los espectadores de la vida de sus hijos/as y de la vida en familia.

Si, es una revolución que lleva un largo camino, porque se necesitarán de muchas generaciones, de un tejido social sólido y comprometido, de renuncias a comodidades, de replanteos de nuestras individualidades, pero sobre todo de actuar, de hacer y construir. Implica re-aprender, leer mucho y abrir todos nuestros sentidos para percibir las necesidades reales nuestras y la de nuestras familias. Romper con competiciones y plantearse colaboraciones. Requiere viajar mucho y conocer otras realidades. Es plantearse un proyecto de vida en comunión con el entorno, la naturaleza y la vida. Es romper la apatía de la cotidianidad y disfrutar de cada instante que podemos estar juntos.

Puede ser que estemos locos/as, que estemos nadando contracorriente, pero ningún cambio se ha dado desde la comodidad de un sillón. Estamos caminando nuevos rumbos, y la sonrisa en el rostro de nuestros/as hijos/as nos alientan a continuar por este andar que vale la pena.

Recomiendo el artículo: La maternidad como acto político http://www.80grados.net/la-maternidad-como-acto-politico/

Ser facilitadoras y madres / ser facilitadores y padres

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Por Karina Rodríguez S.

 

¡Qué privilegio es éste de ser madres/padres conscientes y responsables de la formación integral de nuestras hijas e hijos! Somos sus referentes y orientadoras. Somos las responsables de facilitar  herramientas, estímulos y oportunidades para que aprendan cómo y lo que ellos quieran y así mismo nosotros somos quienes aportamos mayormente en el desarrollo de la confianza en sí mismos y en los demás. El amor que les demos contribuirá significativamente en su seguridad para enfrentar la vida. La paciencia, ternura y serenidad con la que actuemos y sobretodo en los momentos difíciles, les fortalecerá su interior con paz y conexión profunda.

En mi opinión, los aprendizajes más relevantes para vivir una vida plena son aquellos que no se enseñan desde afuera; sino que se refuerzan en el interior. Nos encontramos ante una época desafiante como sociedad, necesitamos transicionar hacia algo distinto. Como padres y madres, es nuestra responsabilidad y enorme tarea re-pensar cómo se han venido haciendo las cosas y los paradigmas que se han ido implantando en nosotros y nuestros hijos y re-verlos a la luz de lo que ellos necesitan y enseñan.

La competitividad y productividad ya han arrojado resultados en los que la desesperanza, la discriminación y la violencia están presentes.  El acompañamiento desde el amor se vuelve una tarea fundamental. La facilitación de aprendizajes del espíritu y el corazón se convierten en materias imprescindibles en el diario vivir (nuestros hijos bien lo saben) y para ello debemos recordar ser por encima de todo padres y madres.

La presión, evaluación y disciplina que nos inculcaron en la escuela y en casa por alcanzar aquello que el currículo escolar exigía; es algo que necesariamente debe ser extirpado de raíz, principalmente en nosotros, si queremos niños y niñas cuyo éxito futuro brote de la gran fortaleza que llevan dentro y de las herramientas que hayamos aprendido juntos; para que así las semillas de los sueños que están en ellos germinen en tierra fértil; siendo ellos quienes los construyan.

Tuve la oportunidad de ser docente de centenas de adolescentes y jóvenes y pude observar mucha desesperanza sobreviviendo en un mundo que sentían que les iba a “comer vivos” sino estudiaban, eran los mejores y obtenían muchos títulos. Olvidando sus preciosos sueños, decidían cada día despertar a un mundo hostil desconectados de lo más profundo de su esencia; aquella que necesitamos recuperar para abrazarnos como humanidad y construir algo distinto. En fin, tenemos un gran desafío por delante; de la mano de nuestros hijos seguiremos descubriendo el camino.

 

Nota: Les recomiendo este video: https://www.ted.com/talks/robert_waldinger_what_makes_a_good_life_lessons_from_the_longest_study_on_happiness?language=es&utm_campaign=tedspread&utm_medium=referral&utm_source=tedcomshare#t-29869