Educar en casa, estar en casa todo el día

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Por María Eliza Acosta

El término homeschool o educar en casa genera algunas ideas, es común que en el imaginario salte “pasan todo el día en casa encerrados” y en contraposición nos hacen pensar que quizá las casas que habitan no están pensadas para pasar todo el día en ellas.

Educar en casa dentro del contexto de la desescolarización nos lleva tener una casa viva, es una casa que va hacia una estructura más democrática, cambia la idea del “cuarto de juegos” o el cuarto de televisión, para pensar en que cada espacio o rincón puede ofrecer una experiencia; donde el material, los juguetes, libros y a veces hasta dispositivos electrónicos tienen un lugar que facilite el acceso a nuestros hijos e hijas hacia el aprendizaje. La casa no lucirá como esas casas de portada de revista de diseño, pero cuando tienes la oportunidad de conocer una de estas casas es evidente que algo se está gestando y creciendo en los niños y niñas que lo habitan, es un orden caótico del aprendizaje.

Metodologías pedagógicas como Montessori proponen material diseñado para que el infante interactúe con él y permita autorregulación, donde luego de utilizarlo debe regresar al lugar, por respeto al espacio y al otro, pero a veces este material es costoso y nuestros hijos e hijas se embarcan en proyectos que pueden tomar días y hasta semanas y quizá esos principios no pueden regir rigurosamente en nuestro hogar, pero podemos apoyarnos en su material y metodología, siempre contando con la observación e intuición como partida, otra propuesta metodológica es Reggio Emilia, donde la libre circulación en espacios preparados y bien pensados para generar y evidenciar el aprendizaje de forma estética nos puede servir de inspiración para montar lugares en casa y la exposición de los logros alcanzados de cada uno de nuestros hijos e hijas, ya sean tangibles o no, donde la fotografía se convierte en una herramienta fundamental.

La educación en casa no se limita a las habitaciones o los espacios con los que cuenta la casa; incluyen patios, bibliotecas, museos, parques y naturaleza en sí. Los espacios exteriores vienen a ser extensiones en las que el/la guagua debe aprender a desenvolverse, he ahí que sean espacios seguros, adecuados, amigables, accesibles, donde el aprendizaje puede surgir en cualquier momento, damos énfasis a la iniciativa e intención.

Contrario de lo que se podría creer, la educación en casa, hace que nuestra vida sea muy intensa; la construcción o la creación de proyectos, salidas para encuentro de otros espacios o con otras personas sin límite de tiempo o espacio, nos deja muy agotados al final del día pero con una sensación de satisfacción que sólo hace que el día siguiente lo quieras volver a vivir.

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La comunidad en la desescolarización

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Por Ma. Eliza Acosta

En el proceso de desescolarización, de no escolarizar o de no ir a la escuela, pueden surgir algunas inquietudes y en el caso de nuestra familia la primera inquietud que surgió fue el tema de la socialización; los amiguitos, los compañeros o las relaciones. ¿Cómo se iban a dar? porque conocemos la importancia y la riqueza del aprendizaje cooperativo, el valor del encuentro con otros en la diversidad y la necesidad de desarrollar la inteligencia interpersonal para que a su vez haya un desarrollo de la inteligencia emocional e intrapersonal, pero en esa reflexión nos dimos cuenta que esto no necesariamente se da en la escuela.

En el proceso de desescolarización como familia es una bendición, acierto o como se quiera llamar el encontrarse con otras familias, que quizá algunas veces con diferente óptica mantienen una visión similar y que sus motivaciones para desescolarizar son similares a las nuestras y que cuando empiezas a compartir tiempo, espacios, reflexiones y vivencias es inevitable se vayan convirtiendo en compañeros de camino donde las relaciones tienden a ser profundas, significativas o como mínimo son sanas, porque al parecer la construcción de una nueva cultura y un mundo mejor para nuestros hijos e hijas es un sentir compartido.

Existe esfuerzo y compromiso de quienes quieren formar una comunidad en este contexto, ya que en este encuentro con el otro también es un momento donde debemos deconstruirnos, aunque considero que esta es una tarea principalmente para los adultos, ya que venimos de experiencias que han minado esa capacidad innata de cooperar, superar protocolos o modos que no hacen más que llevarnos a relaciones superficiales. Esta construcción comunitaria nos invita a trabajar en nosotros mismos, en el desarrollo de habilidades como la comunicación no violenta, la autocrítica, el respeto, la tolerancia, la transparencia, la consideración y prudencia cuando estamos frente a otro individuo que también tiene una historia, una percepción propia del mundo y está lleno de anhelos.

Las relaciones en un espacio comunitario entre personas que desescolarizan son diversas y enriquecedoras, puesto no hay exclusividad en la edad para ello, el ambiente es propicio para que los y las infantes interactúen libremente entre ellos y con los adultos de su entorno, generando inevitablemente aprendizaje cooperativo, relaciones respetuosas y profundas, donde el juego es infinito, el acompañamiento cercano y la confianza en uno mismo y hacia los otros se van fortaleciendo.

Con el tiempo y el trabajo constante en la formación de la comunidad este espacio se convierte en un soporte para la deconstrucción y la construcción de un paradigma que busca no solo educar en la libertad sino también en la paz, porque la cooperación en lugar de la competencia nos brindaría un mundo mejor y nos permite recargar energías para no tener la sensación permanente que todo el tiempo estamos nadando contracorriente.

Por qué unschooling?

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Hay que entender que en todo el espectro de alternativas educativas y más aún en alternativas a la educación formal o escolarizada, el ´unschooling´ viene a ser el más representativo de los espacios de aprendizaje y desarrollo de los diferentes aspectos en niños, niñas, adolescentes, jóvenes e incluso personas adultas.

El aspecto que nos interesa en esta explicación va encaminado a los menores.

Se basa principalmente en confiar en las capacidades naturales de los pequeños, quienes en un entorno estimulante pueden desarrollar todas las habilidades necesarias para una vida, siendo individuos proactivos, motivados y reflexivos, todo siguiendo el único orden que es el mismo que impone el ritmo de vida de la familia y su entorno.

Es evidente en este punto tener en cuenta los temores y retos que impone el acercamiento o implementación de este proceso de aprendizaje, que requiere un continuo espacio de reflexión.

Así desde sus inicios como propuesta educativa, John Holt plantea una crítica y reflexión sobre el sistema educativo, de esta manera pone en debate las prácticas comunes en la enseñanza institucional, y busca rescatar las formas intrínsecas que motivan el aprendizaje en las personas.

Los temores y retos se van aclarando en la continua convivencia y acompañamiento, que permite generar hábitos y formas en las cuales se crean ambientes educativos cada vez más productivos, ambientes que son resultado de una observación cercana al infante y que responde a sus inquietudes e intereses.

Es también un ejercicio constante de confianza en las capacidades a la familia nuclear y familia cercana, pero principalmente hacia nuestros hijos e hijas con quiénes compartimos y desarrollamos un camino. Es por ello que la alternativa educativa del `unschooling´ tiene el potencial de generar seres humanos integrales, pero sobre todo más libres y felices, al no restringir espacios, intereses a la guía de un contenido esperado.

Los retos y temores se convierten en actividades por superar cada día. Y los avances en aprendizajes son hitos familiares y no solo una nota. Eso representa lo ´unschooling´.  

Homeschool o Unschool?

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Por Juan Pablo Andrade y Ma. Eliza Acosta

Existen posiciones, caminos, tendencias, cuestionamientos y postura educativas, políticas y sociales que definen distintas formas de educación fuera del ámbito escolar.

Hay que entender que así como vivimos procesos de adaptación a las diferentes etapas de nuestra vida, también, las personas o familias que deciden salir del ámbito escolar llevamos nuestro proceso. A este proceso lo denominamos desescolarización, ya que no solo lo atraviesan nuestrxs hijxs sino todos los miembros de la familia alrededor de esta vivencia.

Desde los años 60’s fuertes corrientes de crítica al sistema escolar hiperestandarizado comenzaron a tomar fuerza y a estos procesos se los denominó teorías de desescolarización de la cual se derivan muchas otras formas en las cuales entender la educación. Es difícil establecer una línea de dónde comienza los espacios desescolarizados o exactamente cómo se organizan todas las tendencias de desescolarización.

Principalmente establecemos la posición de las familias en crítica y con propuestas alternativas a la educación formal propuesta por el estado que responde a intereses del estado de paso.

La tendencia de desescolarización que prescinde de esas guías de formación se la denomina Unschool, dada la traducción al español los términos deschooling y unschooling terminan abarcando lo mismo, aunque el unschooling proponga dejar a un lado un currículo establecido y confiar en la capacidad y necesidad de los niñxs de aprender.

Varios autores describen diferentes visiones por las cuales acercarnos a estos temas, que como objetivo es responder a las falencias que presenta la educación escolarizada. Algunos de ellos a saber, John Holt, Iván Illch, Mcluham, P Goodman, y un investigador que plantea estudios actuales Igelmo Zaldivar.

En si hay familias que optan por el homeschool y pueden optar por seguir un currículo, ya sea el propuesto por el estado o por instituciones que lo facilitan, en el caso de Ecuador son instituciones de carácter internacional que presentan mayor flexibilidad, dejando a criterio de las familias la forma cómo la van cumpliendo.

Las motivaciones de las familias por la desescolarización son diversas y partiendo de estas motivaciones se definirá si el homeschool es con o sin una guía curricular.

¿Desescolarización para qué?

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Por Juan Pablo Andrade

Sin partir desde dogmatismos, desde tendencias, desde exclusivas particularidades, ni desde posturas políticas de gobernanza, la exigencia y cumplimiento de derechos desde el núcleo (aún) primario de la sociedad, la familia, se establece necesidades por ser atendidas, nuevamente, lejos de lo prioritario material, aunque no necesariamente humano. Tales dictámenes que se nos presentan en cascada desde cúpulas administrativas, directivas o sociales no permiten definir un panorama alternativo para opciones de desarrollo humano que partan de propuestas sociales sencillas, a la vez que trascendentales y de profundo compromiso.

Desde estos aspectos a tomar en cuenta, la desescolarización como proceso de transformación y respuesta a la dinámica social imperante, pone bases en profundas convicciones y apegos a aspectos humanos que han definido nuestra manera de proceder y desarrollarnos desde los inicios como especie gregaria, como comunidad, como “civilización”.

Plantear conceptualmente el proceso de desescolarización es representar una amplia gama de aspectos que van desde un simple sentimiento de apego, hasta una discusión filosófica sobre el propósito humano en la vida. Es replantear, o mejor dicho revisitar ideales sociales en respuesta a brechas de desigualdad y exclusión vigentes y tangibles. Hay que crear opciones de diálogo constructivo hacia el reconocimiento y mejora de este tipo de prácticas como forma de convivencia y de adecuada inclusión a las diversas realidades que hoy más que nunca, y mañana más que en el presente, se crean y moldean de la misma forma en la que se desarrolla la sociedad.

Nos reconocemos en nuestro compromiso dentro de la sociedad, y es por ella que nos reconocemos en los derechos que nos acompañan, para que en base a estos podamos generar adecuadas y buenas prácticas no solo de educación, no solo de aprendizajes, no solo de enseñanza, sino de convivencia y de generar comunidad.

Lo que se nos presenta hoy no es nuevo en los procesos de desescolarización pero sí es propuesta para ejercer libremente el verdadero acceso a una educación.