Alternativas educativas – romper la tradición educativa

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Por María Eliza Acosta

En la necesidad de buscar calidad educativa, los organismos reguladores han tenido que establecer estándares y normas de lo que se espera sea la educación y el perfil de quienes salen de ese sistema educativo.

Parcializando así la valoración de los logros de un educando, donde solo se potencia ciertas áreas de aprendizaje o características de la persona, que cuando llegan a lo que popularmente decimos vida real no son consideran suficientes.

Parece que la visión sobre educación sigue siendo la transmisión de conocimientos por todo lo que vemos está en el currículo y en la actualidad la producción del conocimiento es tan vertiginoso que esta tarea es imposible, entonces nos lleva a pensar que la única forma en que podemos enfrentar a esta realidad es acompañar a los chicos para que aprendan a aprender y seguir pensando que solo hay una forma de educar o de aprender nos limita completamente.

Gracias a postulaciones teóricas como inteligencias múltiples, aprendizaje ágil, pedagogía líquida, educación sustentable y formación integral, podemos comprender que podemos plantear alternativas en la estructura de la escuela, proponer diversidad en la metodología a emplearse en los espacios educativos, que hay otras formas de relación entre los actores involucrados: familias, educadores, estudiantes y comunidad, que la valoración y evaluación de aprendizajes no debe ser solo cuantitativa y sobretodo que podemos educar respetando al individuo, su realidad local y características del espacio en el que habita.

Tener alternativas y opciones educativas nos invitan a realizar una decisión consciente de lo que queremos y cómo queremos educar ya seamos educadores o familias y hasta cierto punto es permitir también que el estudiante también decida cómo quiere aprender. Para tomar esta decisión no nos queda más que investigar y exigir, haciéndonos también responsables, significando mayor compromiso y participación de los diferentes actores.

El generar alternativas educativas no concebidas como espacios extra sino como espacios reconocidos, respaldados y hasta promovidos permitirá no solo un enriquecimiento de la educación en general, si no que a su vez habrá una producción propia y contextualizada sobre educación.

Hablar de educación alternativa es confiar en la capacidad humana, capacidad comunitaria, reconocer el valor de los profesionales en educación, involucrar a la familia y transformar la teoría en buenas prácticas.

Necesitamos la creación de prácticas educativas alternativas para la creación de una sociedad diversa, tolerante y resiliente.

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Pensar en la tradición educativa es pensar en cómo fue planeada la escuela y en qué contexto se dio, si bien no tengo la necesidad de profundizar en aquella información si me es necesario aclarar que fue una respuesta a la realidad del siglo pasado en la época de expansión industrial importante.

Para explicar la necesidad de romper la tradición educativa considero que podemos ir analizando algunos elementos de como está planteada la escuela.

Primero el currículo obligatorio, tanto el docente como la institución tienen la exigencia de conocerlo, cumplirlo y lograrlo y si bien si habla que quizá hay flexibilidad en ciertos casos, no le queda al docente que maniobrar con una serie de técnicas o estrategias para que el niño o niña vea que aprender ese contenido es importante, esto en los mejor de los casos, puesto siempre queda la vieja confiable de las calificaciones, donde el conductismo clásico de premio y castigo resulta ser la única salida. Entonces características humanas como la creatividad, la iniciativa, la motivación intrínseca y las intencionalidad  se pierden cuando te TOCA cumplir, porque a el docente y al alumno les TOCA hacer o aprender según lo que requiera el gobierno de turno o los iluminados de turno. Al trabajar por una calificación, que aparte de encasillar al individuo en un número, porque te conviertes en un 10 en un 8 o en un 7 según el rendimiento que tengas ante el criterio unilateral de un adulto, provoca que desaparezca esa necesidad de aprender a solo tener esa necesidad de aprobar, aunque eso implique que seas corrupto, perdiendo todo el valor de la evaluación que es retroalimentación.

Con respecto a la estructura, es impresionante la similitud que posee el diseño de la escuela con un centro de privación de libertad, si bien es por temor a la seguridad de nuestros chicos se han levantado muros, pero que no dejan de dar una sensación de encarcelamiento. La organización de las aulas clasificando por edades en pequeñas habitaciones, no hace más que limitar la socialización que quizá se espera se dé en 20 minutos en el recreo, ojo y eso que se considera que lo bueno de la escuela es el encuentro con otros, dudo mucho que se de una socialización sana, también en el aula cuentas con un espacio reducido de movilidad, cuando los niños para aprender necesitan jugar y mucha actividad y en los adolescentes la oportunidad de comunicarse con quienes le rodean para que por medio de la cooperación se genere aprendizaje.

Y creo que como último elemento a pensar es el uniforme que es como la representación de las normas establecidas y no construidas, donde no te queda más opción que acatar lo establecido y no eres el protagonista de lo que puede suceder en tu entorno, si se permitiera que los chicos puedan expresar libremente su particularidad, en lugar de pasar tanto tiempo verificando el cumplimiento de esas normas impuestas, podríamos generar procesos donde ellos mismos establezcan un sano funcionamiento y participación, donde refleja las particularidades promovemos la diversidad que lleve a la tolerancia y educación hacia la paz. Y bueno se dice que necesitaríamos otra cultura y realidad para cambiar la educación pero considero que debemos romper la estructura educativa para que nuestra cultura y realidad mejore.

 

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¿Y si en la libertad que tienen, quieren ver muchos videos?

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Por Karina Rodríguez

Otra de las preguntas que suelen inquietarnos es ésta que al parecer en su planteamiento relacionar “libertad” con falta de orientación e intencionalidad.

¡Qué dilema nos causa pensar en el uso de los aparatos electrónicos! ¡No es para menos! Somos la generación de transición;  recuerdo haber tenido computadora en casa a los 13 y celular a los 19. Ahora nuestros hijos e hijas han nacido con tecnología de punta y las preguntas son muchas:
¿Desde qué edad se recomienda su uso? ¿Cuánto es el tiempo prudente de uso?, etcétera.

No soy experta, pero he leído y considero que mientras más tarde “entren” a este mundo, mejor. Pero también soy realista y madre en una sociedad urbana y queramos o no, estos aparatos son herramientas de nuestra cultura que además bien usados, nos facilitan muchas cosas. Creo que esta es la manera en la que podemos orientar a nuestros hijos; no son aparatos para desconectarnos,  distraernos, pasar el tiempo, ausentarnos,  etcétera.  Sino, son herramientas que nos permiten encontrar información, viajar, asistir a conciertos, shows, tomar fotos, comunicarnos con quienes amamos. Para lograr esto, está de más decir que primeramente para nosotros, padres y madres, debe ser así.

Por otro lado, es fundamental acompañarlos en sus exploraciones tecnológicas, observar y conversar de lo que se ve, mostrarles cosas acorde a su edad y que les enriquezca.

En cuanto al tiempo,  considero que siempre es mejor lo menos posible; sin embargo, en mi experiencia y de la gente que tengo cerca si se maneja este tema con demasiado control, hay una tendencia a generar ansiedad y más tarde un apego exagerado (como vicio) a las pantallas. Además, si las usamos como premio o recompensa, sin duda las estaremos dando un valor altísimo en la vida de nuestros hijos, como objetos del deseo.

Parte de nuestra responsabilidad como facilitadores es generar ambientes seguros, estimulantes en los cuales nuestros hijos exploren libremente. Entonces, quizás lo mejor es “esconder” o usar lo que menos se pueda las pantallas porque cuando no están poco nos hacen falta. Incluso si tenemos la posibilidad de conectar con nuestros hijos y en especial en la naturaleza, realmente hasta se vuelven innecesarias. Incluso hasta la búsqueda de información que en este caso es a través de la observación.

A la final, es nuestra responsabilidad tomar una postura clara sobre este tema y quizás con la flexibilidad de ir modificando según las edades y responsabilidades que van adquiriendo.  En especial, está en nuestras manos, no caer en la negligencia de pensar que libertad es permitir todo; ni tampoco que el control extremo de creer que este tema puede ser manejado de una manera muy distinta a otros sin tener consecuencias.

Nota: Acá un tablero que lo iremos alimentando con buenos recursos audiovisuales: https://trello.com/b/aTmCxupe/recursos-audiovisuales

 

Intercambio de experiencias en Macas

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Macas, su olor, su bella naturaleza (Parque Nacional Sangay), su riqueza cultural y su gente (sobre todo con quienes fuimos a compartir) dejan en mí una deliciosa satisfacción de haber ampliado mi corazón y ahondado mi conexión con la Pachamama. Así mismo, los atentados extractivistas que sufre esta preciosa tierra, me han sacado lágrimas de indignación y rabia. En todo el camino me encuentro con rótulos de una absurba campaña ambiental del gobierno que menciona “El agua es vida, cuídala”, “No contamines con basura”, etc. Nos recomiendan o quizás exigen cuidar el medio ambiente, cuando ellos -el gobierno- firman decenas de concesiones del territorio Shuar con empresas mineras.

Me recuerda a manera de metáfora a la absurda EDUCACIÓN que el gobierno nos brinda, por detrás de esta “oportunidad de crecimiento” inoculando una cosmovisión desconectada con el resto de los seres vivos, enrumbada en la productividad, el consumo y el ser mejor así esto signifique arrollar a otrxs en el camino. Siempre la misma manipulación ideológica que extrae lo mejor de la naturaleza y de la riqueza humana. Ambas en nombre del progreso, del avance; cuando lo que hacen es esclavizarnos. Encerrarnos en una burbuja de dependencia. ¡Cómo podemos creernos el cuento de que están velando por nuestro bien! En lo que me concierne decido por la autonomía, la libertad y la armonía …decido caminar al margen de las “oportunidades” con la que nos engaña el sistema dominante.

Gracias a la “Asociación SER” Natalí, Hugo, Tania y Julián junto con sus hijos e hijas por habernos abierto las puertas de su bellos corazones. Gracias, por lo que vibra en sus entrañas y por hacerlo visible y alcanzable a todos y todas. Nos unimos a sus luchas, también son nuestras. Los abrazamos hermanxs del camino; el encuentro con ustedes en Macas, sobrepasó la profundización en lo educativo.

Gracias Felipe, Camilo y los 3 jóvenes de “La Nueva Esperanza” por compartir varias comidas comunitarias y la preciosa humildad y ganas de servir que llevan dentro. Enriquecen nuestras vidas.

Gracias Francisco, Irene y Gabriela por unirse a este encuentro y a la Red Mushuk Away e intercambiar saberes de desescolarización. Nos unimos al sentir de prolongar este camino sin escuela hacia lxs jóvenes y adultxs.

 

    

Conociendo a nuestros hijos

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Por María Eliza Acosta

Al decidirnos por la des-escolarización optamos también por confiar en las capacidades y particularidades de nuestros hijos e hijas y a su vez en las nuestras. Una de las frases que he escuchado regularmente a familias que ya van algunos años desescolarizando es “ahora conozco más a mis hijos y confío más en mí”.

Siento que es natural que tengamos ciertos temores e inseguridades al enfrentar el aprendizaje de nuestros hijos. Temores que vienen programados por una escuela que nos enseñó que no somos capaces de hacer algo si no nos especializamos o estudiamos aquello, en este caso la docencia. Pero al preguntarnos ¿Quién conoce mejor a nuestros hijos? puede permitirnos abrir el panorama, puesto que nosotros como padres y madres hemos podido presenciar cada paso que han ido logrando nuestras hijas e hijos.

Las herramientas más poderosas con las que podemos contar son la intuición y la capacidad de observar, así podemos crear ambientes, facilitar procesos, acompañar aprendizajes y generar experiencias acorde a las necesidades e intereses de nuestros hijos e hijas. Pero para que esta observación e intuición tengan mayor fundamento es importante también revisar contenidos sobre desarrollo evolutivo e inteligencias múltiples.

El primero nos va a permitir comprender ciertas particularidades de cada edad, este estudio lo realizó Jean Piaget y Erick Erickson facilitándonos algunas pautas en cada etapa; puesto que el trato con un infante de 5 a 7 años no tiene semejanza al trato con un adolescente. Las escalas de desarrollo nos explican un poco como el ser humano va evolucionando en un ambiente óptimo y lo que se espera pueda realizar en ciertos márgenes de edad, entonces además de respetar los procesos personales mediante este conocimiento podemos canalizar nuestras expectativas para un mejor acompañamiento sin ser invasivos o indiferentes.

Al abordar el tema de las inteligencias múltiples cambiamos la percepción de lo que se ha creído es la inteligencia, para comprender mejor en la integralidad a la persona y las diferencias individuales cuando se trata de resolver un problema. Howard Gardner en su teoría nos propone una gama de las capacidades cognitivas que puede tener un ser humano y nos invita a valorar esas particularidades, que nacen de las características genéticas propias, el contexto en el que se desarrolla y la decisión a partir de sus intereses. Una visión más integral del individuo nos permitirá respetar y estimar las capacidades de los otros en este caso nuestros hijos.

Estas dos teorías, si bien no son las únicas, pueden facilitar la comprensión de nuestras hijas e hijos, superar temores e inquietudes y sobretodo pueden ser fuente de inspiración para la planificación de experiencias o la creación de espacios de aprendizaje.

Estas escalas e índices pueden ser un referente, más no una camisa de fuerza para catalogar el desarrollo de nuestros pequeños ya que el primer ejercicio que debemos hacer en este proceso es el de confiar.

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¿Y el uso del tiempo? ¿Cómo nos organizamos?

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Por Karina Rodríguez

Cuando hablamos sobre des-escolarización, necesariamente debemos re-pensar el tiempo. Por años lo hemos concebido dentro de un horario, calendario, agendas, etc; que si bien nos han ayudado a organizarnos, también responden a una lógica de productividad que está basada en alcanzar resultados.

No quiere decir que cuando hablamos de aprendizaje no se visibilicen resultados; pero son justamente resultados de procesos más significativos, profundos y relevantes. En el camino de la des-escolarización, queremos incorporar todas las dimensiones del SER y además que toda la familia nos convertimos en aprendices de por vida.

El sistema de evaluación con el que tan injustamente y sesgadamente nos midieron; debe ser reivindicado cuando escogemos educación sin escuela. Esa manera de resaltar el HACER por sobre el SER, de evaluarnos según lo bien o mal que hacemos las cosas o mas bien como termina plasmado en un cuaderno o papel DEBE darse la vuelta hacia un paradigma que comulgue con un crecimiento pleno, integral y constante.

Re-ver el concepto del tiempo nos invita a confiar en que nuestros hijos están aprendiendo, no por los resultados que “arrojan”, sino por los frutos que vamos viendo en sus vidas, en la felicidad, autonomía, conexión y pasión con la que viven. Por lo tanto, fortalece el sentido de que el tiempo jamás debe ser el reloj que marca el ritmo de nuestros días; sino el que nos brinda la oportunidad para vivir con equilibrio y armonía.

Para esto consideremos la rutina familiar natural de: despertarse, comer, dormir, descansar, limpiar, etc. El tiempo se estructura a partir de esas necesidades básicas que deben ser satisfechas y así fluye el resto del día junto a las intenciones diarias del resto de la familia.

¿A qué me refiero con intenciones? A la manifestación de nuestras pasiones, intereses, dudas. A  la deliciosa oportunidad que nos brinda la des-escolarización de aprender aquello que queremos aprender. Para poner un ejemplo: hoy jueves quiero escribir un pequeño artículo y trabajar una hora sobre unos diseños; estas son mis intenciones que a me ayudan a estructuran mi día junto al día del resto de mi familia. Dependiendo de la edad de nuestros hijos e hijas su capacidad de organizarse e intencionar es más evidente. Por ejemplo, mi hijo de 5 años dice: hoy quisiera hacer un rompecabezas e invitar a jugar a las vecinas. Eso nos da la pauta para organizar el día también con esas intenciones y sabiendo que por lo menos para la primera actividad posiblemente requiera apoyo mío o de su padre.

De esta manera, podemos observar que el día no se configura desde afuera, o sea no hay una agenda o un currículo que determina cómo voy a llevar ese día. Sino, son las ganas de vivir, de aprender, de desplegar nuestro ser en acciones que nos lleva a trazarnos intenciones que a la final terminan en acciones concretas, en resultados visibles o no (como el juego con las vecinas).

Peter Gray, menciona que en nuestro ADN está la capacidad de organizarnos y que ésta se va desarrollando con la edad; por lo tanto, nuestros hijos e hijas aprenderán a utilizar su tiempo según sus necesidades e intereses. Debemos confiar en ello, proveyendo de herramientas para hacerlo; por ejemplo mi hijo de 5 años podría concentrarse tanto en una actividad que se olvida hasta de comer y no para de hacer sino hasta que acabe. Varias ocasiones sino le sale como él quería se frustra tanto que acaba muy mal; por lo que solamente a manera de sugerencia le digo que podemos hacer por etapas, que podemos tomar un refrigerio en medio o dejar para otro día (si es algo muy largo). No le impongo mis tiempos porque yo sí que necesito comer y tengo menos paciencia que él en proyectos minuciosos; pero le sugiero, quiero que sepa que nosotros manejamos al tiempo, no éste a nosotros y también que hay maneras de organizarse tomando en cuenta otras necesidades prioritarias.

En fin, deseamos primeramente como adultos desaprender esta absurda lógica que nos han impuesto de estar siempre presionados por el tiempo, de vivir apurados y de incluso de medir a otros por cuán ocupados se ven y así empezar a vivir para transmitir y orientar a nuestros hijos e hijas.

Más información sobre herramientas de organización: https://agilelearningcenters.org/item/kanban/

V Encuentro “Mushuk Away”

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Gracias Mushuk Away 2018 por este precioso tiempo compartido. Gracias a todas y todos por la siembra de tantos pensamientos, sentimientos y sensaciones bellas. Gracias por la vulnerabilidad y transparencia en los intercambios de palabras. Por la entrega y la humildad con la que se dieron en este espacio y se dan a sus proyectos, familias y comunidades. Gracias por hacer evidente que este gran sueño de “otro mundo” se construye desde abajo y con corazones como los suyos desprendidos del anhelo de poder, fama, dinero y relevancia.

Gracias por la sentida “ronda de abrazos de despedida” que penetró hasta lo profundo del alma sembrando en el interior la realidad maravillosa de sentirnos acompañados, de sentirnos en familia. Gracias a la escuela “La Nueva Esperanza” que nos movió e inspiró con la determinación de las familias del Puerto Cabuyal por ofrecer la mejor educación a sus hijos;  una que les compromete con sus vidas, su presencia y su tiempo. Muchas gracias al equipo organizador y servidor de esta preciosa propuesta educativa por inspirarnos con la pasión, entrega y trabajo reflejado en cada rincón y en cada niño y niña.

Gracias al hermoso lugar que fue nuestro hogar durante 4 días y 3 noches por ser catalizador de una experiencia decolonizadora. Allí “desconectados” tuvimos la oportunidad de conectar mejor con la naturaleza, con nosotros mismos y con los demás.
Gracias a todos y todas por ser quienes son. Ahora con el corazón lleno de alegría, fe y compromiso, seguiremos construyendo cada una desde su particular realidad, pero unidos como familia en un sueño que late como un solo corazón: MUSHUK AWAY – “Nuevo Tejido”.
Gracias a Julián Larrea (Asociación SER – Macas) por el registro audio-visual que nos permitió hacer esta pequeña edición de lo vivido en este hermoso encuentro.

La economía familiar cuando educamos en casa

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Por Karina Rodríguez

Habíamos iniciado ya la “conversación” sobre esta temática clave en un post previo. Sin embargo, ahora queremos ahondar más en este tema, que sin duda, es fundamental en la no-escolarización o desescolarización.

El fuerte vínculo que existe entre el sistema educativo y el sistema económico nos invitan a re-pensar el trabajo, el sentido de productividad; a re-evaluar el presupuesto, deudas e inversiones y a re-conciliar nuestro concepto de éxito.

Nos queda claro que la escuela, desde su origen, fue el lugar de entrenamiento para la “mano de obra calificada” en la época de la industrialización (https://www.youtube.com/watch?v=VHKGEI-q4wk) y desde allí ESCUELA Y EMPRESA se deben lealtad. Íntimamente conectadas, han ido ajustando horarios, años de escolarización y currículos. Actualmente, lastimosamente la rigidez de la educación no se llega a actualizar a lo que las empresas reconocidas exigen y peor aún logra formar gente emprendedora, gestora de proyectos distintos (https://www.youtube.com/watch?v=-Egxm5QuW9o).

Es por esta razón, que pensar en desescolarización nos invita necesariamente a re-ver el tema económico. Principalmente cuando éste aparentemente es un impedimento para hacerlo. No cabe la menor duda que educar en casa es un proyecto familiar que nos brinda la enorme posibilidad de detenernos a pensar, sentir y actuar a favor de un plan de vida que viabilice estos sueños y por tanto re-defina nuestro estilo de vida, la participación de cada progenitor en las dos áreas: la educativa y la productiva y hasta en algunos casos nuestro lugar de residencia. (Conocemos a varias familias que se han mudado a otras ciudades en las que contaban con un terreno o casa para residir o ciudades en las que podían prescindir del automóvil; brindándose así como familia la oportunidad de no caer dentro de ese círculo vicioso de nos presenta el famoso progreso: el endeudamiento).

Optar por la desescolarización, nos ayuda a recortar gastos de pensiones, movilización, actividades extracurriculares y a veces hasta la alimentación fuera de casa. Además, nos brinda la oportunidad para iniciar con proyectos productivos propios y/o a impulsar a nuestros hijos, ya de jóvenes, a hacerlo. (Hay que tomar en cuenta que la escolarización secundaria fue también un invento tardío que benefició al mercado, manteniendo como consumidores “improductivos” a los jóvenes que antes podían contribuir económicamente).

En fin, se cae en un gran error al pensar que esta opción sin escuela exige económicamente más que la escuela o que es imposible para familias con recursos limitados. Creemos firmemente que siempre hay maneras, siempre que se quiere se puede. Al fin y al cabo la felicidad y desarrollo integral pleno de nuestros hijos merece re-estructurar todo lo que sea necesario.

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A manera de inspiración, la fanpage de una familia que en su anhelo de hacer educación en casa cambió hasta de lugar de residencia, de Quito a Macas y más tarde la recompensa fue hermosa; la creación de un interesante proyecto: https://www.facebook.com/VoluntariadoenMacas/

Otra de una madre que renunció a su trabajo para estar con sus hijos e hizo realidad un sueño que potencia el aprendizaje de sus pequeños junto a otros: https://www.facebook.com/Tamandua-131253923724557/

La página web de Natalia Rivera que trabaja flexiblemente en su profesión turística para acompañar los procesos de aprendizaje de sus hijos y que además para acompañar a otras familias en este proceso y generar algunos ingresos creó: http://www.contusguaguas.com/

 

¿Cómo debo prepararme para facilitar el aprendizaje de mis hijos?

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Por Karina Rodríguez S.

¡Vaya pregunta! Es que no existe una sola respuesta, ni peor aún recetas para ser los mejores facilitadores de nuestros hijos. Sin embargo, existen fundamentos que en familia debemos discernir, decidir y construir; para luego convertirnos en aquello que queremos transmitir.

No te preocupes si tus hijos no te escuchan, te observan todo el día. María Teresa de Calcuta

Nuestra cosmovisión, cómo percibimos nuestra existencia, qué consideramos esencial para vivir, cómo nos relacionamos con  todos los seres vivos, cómo nos conectamos con lo trascendente; en fin lo prioritario y fundamental para nosotros, es aquello que sin hablar, transmitiremos a nuestros hijos. Se visibilizarán estas perspectivas de distintas maneras: a través de cómo manejamos el tiempo, el cuidado que damos a la naturaleza, qué consumimos y cómo lo hacemos, qué atención le damos a los problemas sociales que nos rodean, qué tiempo y cuidado dedicamos a quienes requieren de atenciones especiales en nuestra familia y amistades, etc.

Desescolarizar requiere, sin duda alguna, de una revisión profunda y constante de aquello que nos sostiene, inspira, impulsa y mueve como personas y familia. Porque el aprendizaje trasciende aquello que nos enseñaron en la escuela. Aprender es vivir, por tanto representa no solo lo que sepamos, ni solamente lo que hagamos, sino principalmente cómo SEAMOS.

En nuestro caso, lo que queremos transmitir a nuestros hijos son valores, herramientas, vías para que ellos y ellas sepan que hay alternativas a los caminos ya establecidos por la sociedad. Hay esperanza de construir algo distinto, de la mano de otros y otras, no compitiendo, sino colaborando. Que conozcan que pueden contribuir a un mundo distinto y sobretodo, pueden creer en ellos mismos y construir aquello que sea fiel a su esencia; a lo más único y propio de sí mismos.

Por tanto, para ser modelos de esto, necesitamos de-construirnos, des-escolarizarnos, trans-formarnos en las mejores versiones de nosotros mismos y este es un camino de toda la vida; un camino que lo recorreremos de la mano de nuestros hijos. Para esta importante jornada, nos acompañarán la compasión, la paciencia y la humildad. Reconociendo que somos sus orientadores, pero no somos los responsables de lo que ellos harán posteriormente con sus vidas. Seremos sus mentores principales, pero seguro irán apareciendo otros en el camino, según sus intereses y tiempos.  Seremos su comunidad  primordial, la de mayor confianza y contención, pero no la única; tejeremos relaciones significativas que nos acompañen en esta aventura y más tarde ellos mismos irán tejiendo relaciones y comunidades de las que se enriquezcan y a quienes nutran también.

En fin, no hay aprendizaje que valga la pena, sino hay un lugar seguro para hacerlo; un hogar en donde la confianza sea la tierra fértil en la que todos vayamos creciendo…

Les dejamos información sobre Sarah Mackenzie, una extraordinaria madre-facilitadora de 6 hijos desescolarizados y autora de Teaching from Rest: A Homeschooler’s Guide to Unshakable Peace, un libro que debería ser leído:

Curso: “De la obediencia a la colaboración”

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Nuestra querida amiga Rebecka Koritz constantemente está abriendo cursos virtuales para padres, madres y educadores que quieren seguir profundizando en su entendimiento de la naturaleza de los niñ@s para promover espacios de convivencia armónicos y respetuosos. Sus años de experiencia como educadora pionera e incansable observadora hacen que sus cursos tengan una excelente combinación entre consejos prácticos; que vienen desde el corazón de una madre experimentada, e insumos teóricos que fundamentan y respaldan sus propios hallazgos a lo largo de su amplio recorrido como educadora.

Recomendamos con mucho entusiasmo el curso “de la obediencia a la colaboración” y les invitamos a obtener toda la información del mismo en el siguiente enlace:

De la Obediencia a la Colaboración