PROTAGONISTAS DEL APRENDIZAJE

Estándar

Por: Karina Rodríguez

 

“El entusiasmo es el verdadero motor del aprendizaje” – André Stern

No podemos hablar de un verdadero aprendizaje, si no hay entusiasmo. El entusiasmo está profundamente relacionado al interés, motivación, deseo, pasión, ganas, entre otras. Existe en primera instancia, algo que me impulsa, me mueve, me moviliza a buscar más sobre aquello que ha llamado mi atención y sobre lo cuál deseo saber más.

Así es cómo aprendí a ser madre, motivada desde adentro por cuidar de la mejor manera posible a estas pequeñas criaturitas que se convirtieron en mi mayor responsabilidad y mejores maestros.  Seguramente, sin esta necesidad y anhelo, no hubiese jamás aprendido nada sobre maternidad. De hecho, antes de decidir ser madre,  me interesó muy poco el tema, ni siquiera  la infancia, crianza ni educación.  En esta aventura en la que me embarqué hace más de 5 años y es constante, cotidiana y vivencial; han sido varias las herramientas de aprendizaje; entre ellos: libros, videos, pequeños cursos o talleres, diálogos con otras madres viviendo la misma experiencia y por supuesto la observación diaria conociendo a mis hijxs aprendiendo con ellos y de ellos.

De la misma manera, ocurre en nuestros hijos e hijas. Simplemente, la necesidad y el entusiasmo por ser parte de la sociedad que les rodea les lleva a aprender a hablar y más tarde a leer y a escribir; entre otras innumerables habilidades que adquieren para relacionarse.

Por lo tanto, pensar en desescolarización, sin permitir a nuestros hijos escoger las maneras en cómo aprenden; sería como hablar de ejercer ciudadanía y sólo permitirnos votar por alguien y luego no dejarnos hacer nada más. Cada niño y niña tiene una manera de aprender distinta y así en cada área de su vida. Es por ello, que estandarizar una sola manera de aprender ha traído los resultados que ya estamos viendo en el sistema escolar y no queremos reproducir convirtiendo la educación en casa en una escuela en casa.

El otro día encontré a mi hijo “leyendo” atentamente algo en su libreta y luego escribiendo en una hoja, como quien repasaba algo. Le pregunté qué era lo que estaba viendo y me enseñó sus propios apuntes de números del 1 al 20. Los había hecho con la ayuda de su abuelita, para aprender su orden y su forma. En la casa, hay varios recursos para “aprender” sobre números; sin embargo, él prefirió idear su propia manera de aprender a contar. Un día lo sorprendí contando hasta 150 y escribiendo ya varios de ellos. Los números siempre le llamaron la atención, no fue algún anhelo en particular nuestro de “meterle” los números; de presionarlo a que ya cuente, creyendo que ésto sería aprender lo básico de matemáticas. Fue su sincero gusto por los números y porque desde chiquito los relacionaba con objetos y contaba todo lo que podía. Hoy por hoy, hace algunas sumas y restas con maneras que él mismo ha creado para hacerlas.

Por consiguiente, extiendo la invitación a confiar en nuestros hijos e hijas. A confiar que son seres que nacieron apasionados por aprender; lo han demostrado desde que nacieron y lo seguirán haciendo si lo permitimos. Si nuestra presencia en lugar de interferir, imponer y obligar; empodera, quita obstáculos y viabiliza. Si nos desescolarizamos primeramente nosotrxs, recordando que aprendemos de distintas maneras; aceptando que hay varias herramientas y que ellos sabrán encontrarlas, y lo harán con entusiasmo.

Nota: Recomiendo este video de un adulto que jamás fue escolarizado: https://www.youtube.com/watch?v=eB0q5NCrjfU

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