¿Y el uso del tiempo? ¿Cómo nos organizamos?

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Cuando hablamos sobre desescolarización, necesariamente debemos re-pensar el tiempo. Por años lo hemos concebido dentro de un horario, calendario, agendas, etc; que si bien nos han ayudado a organizarnos, también responden a una lógica de productividad que está basada en alcanzar resultados. 0983587598

No quiere decir que cuando hablamos de aprendizaje no existan resultados que se vean como parte de un proceso. Pero son justamente eso, resultados de un proceso, de algo más profundo, importante, trascendente que sucede en la vida de toda la familia. En el camino de la desescolarización, somos todos los que aprendemos y lo hacemos principalmente en nuestro ser.

El sistema de evaluación con el que tan injustamente y sesgadamente nos miden; debe ser reivindicado cuando escogemos educación sin escuela. Esa manera de resaltar el HACER por sobre el SER, de evaluarnos según lo bien o mal que hacemos las cosas o mas bien como termina plasmado en un cuaderno o papel DEBE darse la vuelta hacia un paradigma que comulgue con un crecimiento pleno e integral.

Re-ver el concepto del tiempo nos invita a confiar en que nuestros hijos están aprendiendo, no por los resultados que “arrojan”, sino por los frutos que vamos viendo en sus vidas, en la felicidad, autonomía, conexión y pasión con la que viven. Por lo tanto, fortalece el sentido de que el tiempo jamás debe ser el reloj que marca el ritmo de nuestros días; sino el que nos brinda la oportunidad para vivir con equilibrio y armonía.

Para esto consideremos la rutina familiar natural de despertarse, comer, dormir, descansar, limpiar, etc. El tiempo se estructura a partir de esas necesidades básicas y va fluyendo además con nuestras propias intenciones diarias.

¿A qué me refiero con intenciones? A la manifestación de nuestras pasiones, intereses, dudas. A  la deliciosa oportunidad que nos brinda la desescolarización de aprender aquello que queremos aprender. Para poner un ejemplo: hoy jueves quiero escribir un pequeño artículo y trabajar una hora sobre unos diseños; estas son mis intenciones que a  me estructuran el día a mí y lo hacen junto al día del resto de mi familia. Dependiendo de la edad tienen más habilidades de organizarse según SUS propios intereses. Por ejemplo, mi hijo de 5 años dice: hoy quisiera hacer un rompecabezas e invitar a jugar a las vecinas. Eso nos da la pauta para organizar el día también con esas intenciones y sabiendo que por lo menos para la primera actividad posiblemente requiera apoyo mío y para la segunda pueda ofrecer hacer sánduches juntos para finalizar la jornada de juego.

De esta manera, podemos observar que el día no se configura desde afuera, o sea no hay una agenda o un currículo que determina cómo voy a llevar ese día. Sino, son las ganas de vivir, de aprender, de desplegar nuestro ser en acciones que nos lleva a trazarnos intenciones que a la final terminan en acciones concretas, en resultados visibles o no (como el juego con las vecinas).

Peter Gray, menciona que en nuestro ADN está la capacidad de organizarnos y que ésta se va desarrollando con la edad; por lo tanto, nuestros hijos e hijas también lo tienen van a aprender a utilizar su tiempo como lo necesiten y según lo que quieran aprender. Debemos confiar en ello, proveyendo de herramientas para hacerlo; por ejemplo mi hijo de 5 años podría concentrarse tanto en una actividad que se olvida hasta de comer y no para de hacer sino hasta que acabe. Varias ocasiones sino le sale como él quería se frustra tanto que acaba muy mal; por lo que solamente a manera de sugerencia le digo que podemos hacer por etapas, que podemos tomar un refrigerio en medio o dejar para otro día (si es algo muy largo). No le impongo mis tiempos porque yo sí que necesito comer y tengo menos paciencia que él en proyectos minuciosos; pero le sugiero, quiero que sepa que nosotros manejamos al tiempo, no éste a nosotros.

En fin, deseamos primeramente como adultos desaprender esta absurda lógica que nos han impuesto de estar siempre presionados por el tiempo, de vivir apurados, incluso de medir a otros por cuán ocupados se ven.

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La economía familiar cuando educamos en casa

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Por Karina Rodríguez

Habíamos iniciado ya la “conversación” sobre esta temática clave en un post previo. Sin embargo, ahora queremos ahondar más en este tema, que sin duda, es fundamental en la no-escolarización o desescolarización.

El fuerte vínculo que existe entre el sistema educativo y el sistema económico nos invitan a re-pensar el trabajo, el sentido de productividad; a re-evaluar el presupuesto, deudas e inversiones y a re-conciliar nuestro concepto de éxito.

Nos queda claro que la escuela, desde su origen, fue el lugar de entrenamiento para la “mano de obra calificada” en la época de la industrialización (https://www.youtube.com/watch?v=VHKGEI-q4wk) y desde allí ESCUELA Y EMPRESA se deben lealtad. Íntimamente conectadas, han ido ajustando horarios, años de escolarización y currículos. Actualmente, lastimosamente la rigidez de la educación no se llega a actualizar a lo que las empresas reconocidas exigen y peor aún logra formar gente emprendedora, gestora de proyectos distintos (https://www.youtube.com/watch?v=-Egxm5QuW9o).

Es por esta razón, que pensar en desescolarización nos invita necesariamente a re-ver el tema económico. Principalmente cuando éste aparentemente es un impedimento para hacerlo. No cabe la menor duda que educar en casa es un proyecto familiar que nos brinda la enorme posibilidad de detenernos a pensar, sentir y actuar a favor de un plan de vida que viabilice estos sueños y por tanto re-defina nuestro estilo de vida, la participación de cada progenitor en las dos áreas: la educativa y la productiva y hasta en algunos casos nuestro lugar de residencia. (Conocemos a varias familias que se han mudado a otras ciudades en las que contaban con un terreno o casa para residir o ciudades en las que podían prescindir del automóvil; brindándose así como familia la oportunidad de no caer dentro de ese círculo vicioso de nos presenta el famoso progreso: el endeudamiento).

Optar por la desescolarización, nos ayuda a recortar gastos de pensiones, movilización, actividades extracurriculares y a veces hasta la alimentación fuera de casa. Además, nos brinda la oportunidad para iniciar con proyectos productivos propios y/o a impulsar a nuestros hijos, ya de jóvenes, a hacerlo. (Hay que tomar en cuenta que la escolarización secundaria fue también un invento tardío que benefició al mercado, manteniendo como consumidores “improductivos” a los jóvenes que antes podían contribuir económicamente).

En fin, se cae en un gran error al pensar que esta opción sin escuela exige económicamente más que la escuela o que es imposible para familias con recursos limitados. Creemos firmemente que siempre hay maneras, siempre que se quiere se puede. Al fin y al cabo la felicidad y desarrollo integral pleno de nuestros hijos merece re-estructurar todo lo que sea necesario.

……

A manera de inspiración, la fanpage de una familia que en su anhelo de hacer educación en casa cambió hasta de lugar de residencia, de Quito a Macas y más tarde la recompensa fue hermosa; la creación de un interesante proyecto: https://www.facebook.com/VoluntariadoenMacas/

Otra de una madre que renunció a su trabajo para estar con sus hijos e hizo realidad un sueño que potencia el aprendizaje de sus pequeños junto a otros: https://www.facebook.com/Tamandua-131253923724557/

La página web de Natalia Rivera que trabaja flexiblemente en su profesión turística para acompañar los procesos de aprendizaje de sus hijos y que además para acompañar a otras familias en este proceso y generar algunos ingresos creó: http://www.contusguaguas.com/

 

¿Cómo hacemos con las finanzas cuando hacemos Homeschool?

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Por María Eliza Acosta y Juan Pablo Andrade

Antes de optar por desescolarizar a nuestros hijos un tema importante a tratar en familia es la forma como se va obtener un sustento económico adecuado (por no decir, suficiente). Son variadas las opciones, pero el hecho de que nuestros hijos e hijas requieran la presencia de una figura facilitadora de las experiencias de aprendizaje nos lleva a tomar algunas decisiones importantes y cambiar la perspectiva de vida o lo que comprendemos como calidad de vida.

Una de las primeras cosas que nos puede ayudar a visualizar las opciones en el aspecto económico es cambiar la perspectiva que tenemos sobre  “el tiempo productivo”, al hacer homeschool el tiempo no se limita a horas clase u horas de trabajo, sino que la noción del tiempo se expande al no tener horarios fijos, llegando a ser personas ricas en tiempo, el cual dependiendo de las necesidades de la familia se puede distribuir en actividades que den un rédito económico y sean momentos significativos de convivencia y aprendizajes en conjunto. El espacio de trabajo no es un espacio alejado de nuestros hijos/as. Se convierte en espacios de realización profesional más visibles y reales a todos.

Se empata la riqueza de tiempo y estilo de vida cuando tenemos tiempo para hacer cosas que normalmente tenemos que comprarlas por no tener tiempo para hacerlas, y se convierten en proyectos familiares como realizar muebles, ropa o alimentos lo que a su vez nos invita como padres a descubrir talentos y habilidades que no pudimos descubrir o desarrollar al ser parte del sistema tradicional y esto a su vez se convierte en un espacio para que nuestros hijos e hijas se vinculen y descubran sus propias potencialidades.

Con respecto a la calidad de vida entramos a tratar el tema sobre cómo organizamos los ingresos económicos de las cosas que consumimos como: importantes, urgentes, indispensables o innecesarias. El ordenamiento de estas prioridades se da entorno del ambiente de aprendizajes y convivencia que queremos dar a nuestros hijos/as.

El Homeschool y su realidad de aplicación en base a las experiencias que tenemos a mano, tiende a reducirse a ciertas familias que logran organizarse de tal forma que entre el trabajo de ambos (medio tiempo, flexible, etc) ingrese la cantidad de dinero necesaria para el nuevo presupuesto familiar o uno de los progenitores se quede en casa mientras otro continúa con un trabajo de salario fijo.

Sin embargo,  las posibilidades en base a una creciente cooperación entre familias y a la cercanía con herramientas de comercio colaborativo, puede expandir la opción de acceso a esta opción educativa a más familias y con mayor equilibrio de presencia de padre y madre.

¿Cómo debo prepararme para facilitar el aprendizaje de mis hijos?

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Por Karina Rodríguez S.

¡Vaya pregunta! Es que no existe una sola respuesta, ni peor aún recetas para ser los mejores facilitadores de nuestros hijos. Sin embargo, existen fundamentos que en familia debemos discernir, decidir y construir; para luego convertirnos en aquello que queremos transmitir.

No te preocupes si tus hijos no te escuchan, te observan todo el día. María Teresa de Calcuta

Nuestra cosmovisión, cómo percibimos nuestra existencia, qué consideramos esencial para vivir, cómo nos relacionamos con  todos los seres vivos, cómo nos conectamos con lo trascendente; en fin lo prioritario y fundamental para nosotros, es aquello que sin hablar, transmitiremos a nuestros hijos. Se visibilizarán estas perspectivas de distintas maneras: a través de cómo manejamos el tiempo, el cuidado que damos a la naturaleza, qué consumimos y cómo lo hacemos, qué atención le damos a los problemas sociales que nos rodean, qué tiempo y cuidado dedicamos a quienes requieren de atenciones especiales en nuestra familia y amistades, etc.

Desescolarizar requiere, sin duda alguna, de una revisión profunda y constante de aquello que nos sostiene, inspira, impulsa y mueve como personas y familia. Porque el aprendizaje trasciende aquello que nos enseñaron en la escuela. Aprender es vivir, por tanto representa no solo lo que sepamos, ni solamente lo que hagamos, sino principalmente cómo SEAMOS.

En nuestro caso, lo que queremos transmitir a nuestros hijos son valores, herramientas, vías para que ellos y ellas sepan que hay alternativas a los caminos ya establecidos por la sociedad. Hay esperanza de construir algo distinto, de la mano de otros y otras, no compitiendo, sino colaborando. Que conozcan que pueden contribuir a un mundo distinto y sobretodo, pueden creer en ellos mismos y construir aquello que sea fiel a su esencia; a lo más único y propio de sí mismos.

Por tanto, para ser modelos de esto, necesitamos de-construirnos, des-escolarizarnos, trans-formarnos en las mejores versiones de nosotros mismos y este es un camino de toda la vida; un camino que lo recorreremos de la mano de nuestros hijos. Para esta importante jornada, nos acompañarán la compasión, la paciencia y la humildad. Reconociendo que somos sus orientadores, pero no somos los responsables de lo que ellos harán posteriormente con sus vidas. Seremos sus mentores principales, pero seguro irán apareciendo otros en el camino, según sus intereses y tiempos.  Seremos su comunidad  primordial, la de mayor confianza y contención, pero no la única; tejeremos relaciones significativas que nos acompañen en esta aventura y más tarde ellos mismos irán tejiendo relaciones y comunidades de las que se enriquezcan y a quienes nutran también.

En fin, no hay aprendizaje que valga la pena, sino hay un lugar seguro para hacerlo; un hogar en donde la confianza sea la tierra fértil en la que todos vayamos creciendo…

Les dejamos información sobre Sarah Mackenzie, una extraordinaria madre-facilitadora de 6 hijos desescolarizados y autora de Teaching from Rest: A Homeschooler’s Guide to Unshakable Peace, un libro que debería ser leído:

¿Seré entonces la profesora de mis hijos? ¿Pero yo no estudié nada relacionado con educación?

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Por Karina Rodríguez

Mi respuesta a esta pregunta empezaría con otra pregunta ¿necesitó maestra de educación física tu hija para aprender a gatear, caminar, correr, saltar? ¿o fueron sus ganas de involucrarse más en la realidad que le rodea y la maduración de su cuerpo que le llevaron a hacer eso y mucho más? Estamos tan acostumbrados a pensar que necesitamos de otros para aprender y se nos olvida que los mejores aprendizajes son siempre fruto de la necesidad, interés y maduración en niños, jóvenes y adultos.

“Vivir es aprender” lo afirma John Holt; y es que no hay una frase más contundente que esta para visibilizar cuál será nuestro rol en la vida de nuestros hijos. Si la vida y el aprendizaje suceden de la mano, nuestra mejor inversión como padres; está en el SER y no tanto en el HACER. Empezaremos por nosotros primeramente ser aquellos modelos de todo lo que queremos inculcar en ellos y lo demás vendrá por añadidura. “Educar la mente sin educar el corazón no es educación en absoluto” replicó Aristóteles y es que en realidad no hay certeza de que los conocimientos que hoy podríamos enseñar servirán en el futuro. Por lo tanto, lo mejor que podemos hacer es cultivar su pasión por la vida, su curiosidad innata, su increíble imaginación, etc. En fin, potenciar aquello que ya son.

Es entonces, como de una manera tan natural y tan conectada, como se van desplegando estos procesos de aprendizaje de nuestros hijos. Siempre en sincronía y armonía con sus necesidades, intereses, etapas de desarrollo y maneras únicas de aprender. (Por ejemplo, hay niños que han aprendido a leer jugando scrabble, otros repitiendo los cuentos que tantas veces pedían a sus padres les leyeran, otros simplemente parafraseando los textos que ven escritos por todo lado en la ciudad, etc.) No existe una única manera de aprender, cada niño y niña va encontrando la suya propia.

En estos procesos tan únicos y hasta mágicos, nosotros sus padres nos convertimos en facilitadores que observan de cerca, retiran obstáculos innecesarios, confían y afirman; pero no interfieren. Por lo tanto, brindamos los mejores recursos (posibles para nosotros), espacios y herramientas para que aprendan aquello que están intentando, quitando barreras innecesarias. (Por ejemplo, si observamos que ama trepar, intentaremos adecuar espacios para este fin que sean seguros).

Como facilitadores, procuramos que los espacios que los rodeen sean estimulantes, sin llegar a ser pequeñas guarderías, sino espacios bien organizados y distribuidos con cosas a su alcance. Nos percatamos por brindarles oportunidades de interactuar en la naturaleza, con otros niños y con otros adultos. En especial, intentamos seguir siendo la mejor versión de nosotros, siendo coherentes con aquello que decimos creer.

“Como no podemos saber qué conocimiento será tan necesario en el futuro, no tiene sentido tratar de enseñarlo de antemano. En cambio, podemos tratar de ser personas que aman aprender tanto y tan bien, que nuestros hijos adquirirán la habilidad de aprender aquello que se necesite aprender.” John  Holt

 

¿Por qué optamos por el unschooling?

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¿Por qué optamos por el unschooling?

Por María Eliza Acosta y Juan Pablo Andrade

Hay que entender que todo el espectro de alternativas educativas parte desde la reforma de la escolarización misma. El ´unschooling´ al provenir desde una lógica distinta, la desescolarización justamente; viene a ser una opción que permite el aprendizaje natural, que devuelve la responsabilidad de sus procesos educativos a quien aprende.

El aspecto que nos interesa en esta explicación va encaminado a los niños y niñas. De esta manera, el unschooling se basa principalmente en confiar en las capacidades naturales de los pequeños, quienes en un entorno estimulante pueden desarrollar todas las habilidades necesarias para una vida; siendo individuos proactivos, motivados y reflexivos.

Es evidente en este punto tener en cuenta los temores y retos que impone el acercamiento o implementación de este proceso de aprendizaje, que requiere un continuo espacio de reflexión.

Así desde sus inicios como propuesta educativa, John Holt plantea una crítica y reflexión sobre el sistema educativo, de esta manera pone en debate las prácticas comunes en la enseñanza institucional, y busca rescatar las formas intrínsecas que motivan el aprendizaje en las personas.

Los temores y retos se van aclarando en la continua convivencia y acompañamiento, que permite generar hábitos y formas en las cuales se crean ambientes educativos cada vez más productivos, ambientes que son resultado de una observación cercana al infante y que responde a sus inquietudes e intereses.

Es también un ejercicio constante de confianza en las capacidades a la familia nuclear y familia cercana, pero principalmente hacia nuestros hijos e hijas con quiénes compartimos y desarrollamos un camino. Es por ello que la alternativa educativa del `unschooling´ tiene el potencial de contribuir al florecimiento de los seres humanos al no restringir su aprendizaje a la guía de un contenido esperado y fragmentado e impuesto.

Esta es una breve descripción de nuestra interpretación y motivos por los cuales hemos escogido el unschooling.

¿Homeschool o Unschool?

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¿Homeschool o Unschool?

Por Juan Pablo Andrade y Ma. Eliza Acosta

Existen posiciones, caminos, tendencias, cuestionamientos y postura educativas, políticas y sociales que definen distintas formas de educación fuera del ámbito escolar.

Hay que entender que así como vivimos procesos de adaptación a las diferentes etapas de nuestra vida, también, las personas o familias que deciden salir del ámbito escolar llevamos nuestro proceso. A este proceso lo denominamos desescolarización, ya que no solo lo atraviesan nuestrxs hijxs sino todos los miembros de la familia alrededor de esta vivencia.

Desde los años 60’s fuertes corrientes de crítica al sistema escolar hiperestandarizado comenzaron a tomar fuerza y a estos procesos se los denominó teorías de desescolarización de la cual se derivan muchas otras formas en las cuales entender la educación. Es difícil establecer una línea de dónde comienza los espacios desescolarizados o exactamente cómo se organizan todas las tendencias de desescolarización.

Principalmente establecemos la posición de las familias en crítica y con propuestas alternativas a la educación formal propuesta por el estado que responde a intereses del estado de paso.

La tendencia de desescolarización que prescinde de esas guías de formación se la denomina Unschool, dada la traducción al español los términos deschooling y unschooling terminan abarcando lo mismo, aunque el unschooling proponga dejar a un lado un currículo establecido y confiar en la capacidad y necesidad de los niñxs de aprender.

Varios autores describen diferentes visiones por las cuales acercarnos a estos temas, que como objetivo es responder a las falencias que presenta la educación escolarizada. Algunos de ellos a saber, John Holt, Iván Illch, Mcluham, P Goodman, y un investigador que plantea estudios actuales Igelmo Zaldivar.

En si hay familias que optan por el homeschool y pueden optar por seguir un currículo, ya sea el propuesto por el estado o por instituciones que lo facilitan, en el caso de Ecuador son instituciones de carácter internacional que presentan mayor flexibilidad, dejando a criterio de las familias la forma cómo la van cumpliendo.

 

Las motivaciones de las familias por la desescolarización son diversas y partiendo de estas motivaciones se definirá si el homeschool es con o sin una guía curricular.

 

¿La socialización? ¿Para qué?

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¿La socialización? ¿Para qué?

Por Karina Rodríguez

Esta es una de las preguntas frecuentes que recibimos y, siendo sinceros, nosotros nos la hicimos alguna vez. Cuando añadimos el “¿para qué?” resulta interesante descubrir lo que se dice sobre la socialización. Por ejemplo, en una página de psicopedagogía, señala que la socialización es un proceso mediante el cual el individuo adopta los elementos socioculturales de su medio ambiente y los integra a su personalidad para adaptarse a la sociedad.  Dicho en otros términos, socializar es el proceso por el cual el niño, aprende a diferenciar lo aceptable de lo inaceptable en su comportamiento. Se espera que los niños aprendan, por ejemplo, que las agresiones físicas, el robo y el engaño son negativos, y que la cooperación, la honestidad y el compartir son positivos.

Al leer esto, me pregunto, ¿No es mas un mito esto de la socialización dentro de la escuela que una necesidad real? ¿Creemos realmente que las escuelas son el mejor ejemplo de socialización?  Basta con mirar las múltiples cifras y noticias desalentadoras sobre bullying, homocidios, tiroteos en escuelas, suicidios de estudiantes, etc; para corroborar que, sin duda, el sistema educativo no ofrece espacios de interacción social adecuados.  Esta interacción no es natural para los niños y niñas, sucede por imposición; sin importar si estaban listos para relacionarse, si su edad, temperamento o interés contemplaban el anhelo de compartir todos los días por tantas horas con distintos niños y niñas, lejos de sus familias.
Además, considero que es un mito, porque cuando planteamos la pregunta, pensamos en que al educar en casa nuestros hijos estarán solos, enajenados del mundo, inmersos en una burbuja en la que nada van a aprender de la interacción social con otros seres humanos y peor con sus “pares”. Por el contrario, la educación en casa, sin duda, ofrece una oportunidad única de que las habilidades sociales son aprendidas por imitación, imitándonos a nosotros, mientras se desarrollan naturalmente.
En la libertad, naturalidad y confianza que ofrece el estar en un ambiente seguro, como la casa y la comunidad cercana, los niños tienen mayor oportunidad de socializar naturalmente con la gente; lo hacen directamente con quienes somos sus referentes fundamentales, junto a quienes irán experimentando, en medio de un espacio seguro, sus habilidades relacionales y sociales.
Somos nosotros quienes les enseñaremos a resolver conflictos, a tratar a la gente, a pedir perdón, a saludar, etc. y todo lo haremos respetando sus tiempos, temperamentos y hasta maneras únicas. Es en el marco del hogar en donde aprenderán a desenvolverse principalmente; y si tienen hermanos, es con ellos y ellas que aprenderán a controlarse, a compartir, a empezar/dirigir/terminar un juego, etc. Junto a sus hermanos aprenderán a desarrollar relaciones significativas en medio de lo desafiante de compartir a sus padres, abuelos, etc.
Su familia ampliada será también una comunidad que apoye de vez en cuando a estos procesos y si no la hay; una comunidad de familias que también educan sin escuela será el mejor respaldo para todos. En medio de la naturalidad con la que surgen estas relaciones y la confianza como base fundamental que nos sostiene a todos y todas; los niños irán desarrollando estas habilidades que seguirán aprendiendo la vida entera. Las amistades se cultivarán sin el estrés del timbre del recreo terminado, o los puntos menos por conversar en clase, o las contadas horas para jugar y compartir que ofrece el sistema educativo tradicional con su obsesión por mantener a los niños ocupados dentro y fuera de la escuela.

¿Desescolarización para qué?

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¿Desescolarización para qué?

Por Juan Pablo Andrade

Sin partir desde dogmatismos, desde tendencias, desde exclusivas particularidades, ni desde posturas políticas de gobernanza, la exigencia y cumplimiento de derechos desde el núcleo (aún) primario de la sociedad, la familia, se establece necesidades por ser atendidas, nuevamente, lejos de lo prioritario material, aunque no necesariamente humano. Tales dictámenes que se nos presentan en cascada desde cúpulas administrativas, directivas o sociales no permiten definir un panorama alternativo para opciones de desarrollo humano que partan de propuestas sociales sencillas, a la vez que trascendentales y de profundo compromiso.

Desde estos aspectos a tomar en cuenta, la desescolarización como proceso de transformación y respuesta a la dinámica social imperante, pone bases en profundas convicciones y apegos a aspectos humanos que han definido nuestra manera de proceder y desarrollarnos desde los inicios como especie gregaria, como comunidad, como “civilización”.

Plantear conceptualmente el proceso de desescolarización es representar una amplia gama de aspectos que van desde un simple sentimiento de apego, hasta una discusión filosófica sobre el propósito humano en la vida. Es replantear, o mejor dicho revisitar ideales sociales en respuesta a brechas de desigualdad y exclusión vigentes y tangibles. Hay que crear opciones de diálogo constructivo hacia el reconocimiento y mejora de este tipo de prácticas como forma de convivencia y de adecuada inclusión a las diversas realidades que hoy más que nunca, y mañana más que en el presente, se crean y moldean de la misma forma en la que se desarrolla la sociedad.

Nos reconocemos en nuestro compromiso dentro de la sociedad, y es por ella que nos reconocemos en los derechos que nos acompañan, para que en base a estos podamos generar adecuadas y buenas prácticas no solo de educación, no solo de aprendizajes, no solo de enseñanza, sino de convivencia y de generar comunidad.

Lo que se nos presenta hoy no es nuevo en los procesos de desescolarización pero sí es propuesta para ejercer libremente el verdadero acceso a una educación.