Educar en casa, estar en casa todo el día

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Por María Eliza Acosta

El término homeschool o educar en casa genera algunas ideas, es común que en el imaginario salte “pasan todo el día en casa encerrados” y en contraposición nos hacen pensar que quizá las casas que habitan no están pensadas para pasar todo el día en ellas.

Educar en casa dentro del contexto de la desescolarización nos lleva tener una casa viva, es una casa que va hacia una estructura más democrática, cambia la idea del “cuarto de juegos” o el cuarto de televisión, para pensar en que cada espacio o rincón puede ofrecer una experiencia; donde el material, los juguetes, libros y a veces hasta dispositivos electrónicos tienen un lugar que facilite el acceso a nuestros hijos e hijas hacia el aprendizaje. La casa no lucirá como esas casas de portada de revista de diseño, pero cuando tienes la oportunidad de conocer una de estas casas es evidente que algo se está gestando y creciendo en los niños y niñas que lo habitan, es un orden caótico del aprendizaje.

Metodologías pedagógicas como Montessori proponen material diseñado para que el infante interactúe con él y permita autorregulación, donde luego de utilizarlo debe regresar al lugar, por respeto al espacio y al otro, pero a veces este material es costoso y nuestros hijos e hijas se embarcan en proyectos que pueden tomar días y hasta semanas y quizá esos principios no pueden regir rigurosamente en nuestro hogar, pero podemos apoyarnos en su material y metodología, siempre contando con la observación e intuición como partida, otra propuesta metodológica es Reggio Emilia, donde la libre circulación en espacios preparados y bien pensados para generar y evidenciar el aprendizaje de forma estética nos puede servir de inspiración para montar lugares en casa y la exposición de los logros alcanzados de cada uno de nuestros hijos e hijas, ya sean tangibles o no, donde la fotografía se convierte en una herramienta fundamental.

La educación en casa no se limita a las habitaciones o los espacios con los que cuenta la casa; incluyen patios, bibliotecas, museos, parques y naturaleza en sí. Los espacios exteriores vienen a ser extensiones en las que el/la guagua debe aprender a desenvolverse, he ahí que sean espacios seguros, adecuados, amigables, accesibles, donde el aprendizaje puede surgir en cualquier momento, damos énfasis a la iniciativa e intención.

Contrario de lo que se podría creer, la educación en casa, hace que nuestra vida sea muy intensa; la construcción o la creación de proyectos, salidas para encuentro de otros espacios o con otras personas sin límite de tiempo o espacio, nos deja muy agotados al final del día pero con una sensación de satisfacción que sólo hace que el día siguiente lo quieras volver a vivir.

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La desescolarización, una responsabilidad compartida

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Por Karina A. Rodríguez S.

La desescolarización no es solamente una opción educativa; es una opción de vida. Es una decisión que demanda muchos cambios y la principal ocurre en nuestros corazones; en la manera en cómo nos percibimos como seres humanos, como profesionales, como padres y madres, como hombres y mujeres.

En nuestra cultura patriarcal y machista, ésta tan normalizado el rol de “proveedor” de el hombre, que muchas veces “cargamos” como mujeres toda la crianza y en este caso, toda la educación de nuestros hijos. Asumiendo incluso que así debe ser, renunciando a nuestros propios intereses como mujeres, postergando hasta nuestras  necesidades. Con esto no quiero decir que no deban haber esfuerzo y renuncia. Sin embargo, el se atribuya este deber a la mujer; considero debe ser radicalmente de-construido.

En lo personal, estoy convencida de que la desescolarización abre una gran oportunidad para de-construir un sin número de perspectivas que el sistema por años nos ha inculcado. La de mujer-madre y hombre-padre, es una  de ellas. Quizás una de las más controversiales; pero así mismo fundamentales. Al fin y al cabo la desescolarización trae consigo un camino distinto, uno que permite construir narrativas propias que re-signifiquen nuestros roles, paradigmas, vidas.

En lo personal, no quiero seguir reproduciendo, desde la educación en casa, las desigualdades tan violentas entre géneros de nuestra sociedad y por lo tanto, estoy totalmente a favor de otra perspectiva: una que incluya al hombre en la crianza y educación y esto trasciende a la aportación en lo económico. Considero que necesitamos una perspectiva que nos empodere como mujeres más allá de la maternidad y que empodere  a los hombres más allá de la profesionalidad. 

El camino que debe ser transitado para despojarse del anhelo por reconocimiento, aceptación y valoración externa es duro; porque se trata de renunciar incluso a las expectativas propias y de la familia sobre el éxito profesional, el desarrollo personal, etc.

Sin embargo, caminar de la mano madre y padre en la incierta pero preciosa aventura de la desescolarización, construye para nuestros hijos e hijas caminos de igualdad, de compromiso y de responsabilidad compartida entre hombres y mujeres; abriendo así también sendas para el florecimiento de cada miembro de la familia.

 

 

Nota: Recomiendo este canal de muy ricas y profundas reflexiones: http://thevoluntarylife.com/ y reflexiones sobre “vivir sin miedo” de Eduardo Galeano.

La desescolarización un compromiso de vida

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Por Karina Rodríguez

Ciertamente, son tantos los aspectos a tomar en cuenta cuando decidimos por este camino. En mi criterio, los aspectos internos son fundamentales.

Optar por la desescolarización es comprometernos con la vida misma; no con una parte de ella. Evidentemente, el compartir todo el día con nuestros hijos nos “descubre”, nos desnuda por completo ya que es allí, en el día a día, donde sale todo lo que está dentro nuestro. Por lo tanto, nuestra sanidad interna, madurez emocional, herramientas para relacionarnos, etc…requieren un trabajo imprescindible y constante.

No podemos simplemente abandonarnos a la idea de que nuestros hijos crezcan “libres” asumiendo que esto es al azar, a lo que venga. Nuestro rol es fundamental, es nuestro amor y confianza en nosotros mismos y por ende en ellos, la tierra fértil en la cual florecerán. Nuestro rol es proactivo, nos convoca al constante crecimiento, a la observación continua, al aprendizaje ilimitado. Nuestra presencia es contención e inspiración, es humanidad comprometida con el cambio. Es apoyo constante que empodera permitiendo incluso la frustración y el error. Nuestro rol no es de evaluación, comparación, presión, ni juicio es de acompañamiento amoroso que conoce, viabiliza, abre caminos, ofrece herramientas y brinda oportunidades. Nuestra palabra no elogia para no crear vicios a la motivación externa, nuestra palabra valida, orienta, acaricia.

Este camino conlleva un compromiso a ser la mejor versión de nosotros mismos. Lo hacemos movidos por nuestras hijas e hijos, pero principalmente lo hacemos por nosotras porque nos merecemos evolucionar.  Nuestros hijos necesitan crecer en un ambiente de amor, seguridad, de ternura, de buen trato, de amabilidad y de humildad; en un ambiente que brinde lo que la sociedad adolece. Necesitan aprender a confiar en sí mismos y en los demás seres humanos; requieren herramientas para relacionarse, resolver conflictos y lo harán siguiendo nuestro ejemplo.

Fui docente y consejera de centenares de adolescentes y jóvenes y vi la desesperanza e incertidumbre con la que afrontan la vida y el futuro. Estoy convencida, de que este mundo necesita niños y niñas que crezcan con fe en la humanidad y esperanza en el futuro. Serán éstos junto al amor, los motores que los mantendrán viviendo plenamente, construyendo alternativas a lo establecido.

¡Por nuestras hijas e hijos, por las futuras generaciones, por nosotras y nosotros mismos, empecemos siendo el cambio que queremos ver!

 

NOTA: Recomiendo los videos y libros de SERGIO SINAY, ensayista, narrador y periodista. Investiga y escribe sobre vínculos humanos, temas existenciales, sociales y filosóficos: https://www.sergiosinay.com

Desescolarización; ¿asumiré sola esta responsabilidad?

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Por Karina Rodríguez

El término desescolarización, evoca en mí “sacarnos la escuela de adentro” y en realidad todo lo que en este sistema educativo converge. Incluso y sobretodo la idea de competencia, dependencia y dominación que nos enseñan con palabras y acciones. Paradigmas que lamentablemente llevamos dentro y reproducimos a la hora de criar, aprender y acompañar procesos educativos, relacionarnos con los demás en especial nuestros hijos y nuestras parejas y hasta en las maneras en cómo nos valoramos a nosotras mismas como madres.

Sé muy bien que nuestra sociedad latinoamericana está llena de excelente ejemplos de patriarcalismo y machismo y he observado claramente cómo éstos males son perpetuados no solo por hombres, sino incluso por las mismas mujeres. Aceptando el rol que ha sido impuesto por tradición o porque no hemos llegado a sanar y empoderarnos de una verdadera feminidad.

Cuando pensamos en educar sin escuela, debemos re-pensarnos como familia, los roles que hemos asumido como padres y madres. Nos han enseñado que son los hombres los proveedores y las mujeres quienes cuidan de los hijos y la casa. ¿Verdaderamente tiene que seguir siendo así? ¿Podremos encontrar maneras de compartir estas responsabilidades? ¿Somos capaces de abrazar la paternidad o maternidad sin dejar de ser personas que crecen, evolucionan y florecen?

Mientras más conversaciones sostengo con distintas madres de distintas realidades familiares, más convencida estoy de que DEBEMOS re-construir una maternidad y paternidad que no siga reproduciendo estos modelos que tanto daño han hecho a nuestras sociedades y que tanta desigualdad siguen trayendo a nuestras familias.

Sería ilógico e injusto querer construir opciones educativas distintas para nuestros hijos sin re-pensar esta fundamental área del SER. Nuestras hijas e hijos merecen versiones equilibradas, armoniosas y justas de ser mujer y ser hombre. Merecen ver en el día a día el desempeño equitativo de tareas, de responsabilidades y compromisos de la vida (familiar, educativa, económica, etc). Merecen sobretodo padres y madres sanos que se relacionan en armonía.

 

Nota: les comparto un libro muy recomendado:

https://bibliotecamujernaturalyenergiafemenina.files.wordpress.com/2015/09/eisler-riane-el-caliz-y-la-espada.pdf

¿Y si en la libertad que tienen, quieren ver muchos videos?

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Por Karina Rodríguez

Otra de las preguntas que suelen inquietarnos es ésta que al parecer en su planteamiento relacionar “libertad” con falta de orientación e intencionalidad.

¡Qué dilema nos causa pensar en el uso de los aparatos electrónicos! ¡No es para menos! Somos la generación de transición;  recuerdo haber tenido computadora en casa a los 13 y celular a los 19. Ahora nuestros hijos e hijas han nacido con tecnología de punta y las preguntas son muchas:
¿Desde qué edad se recomienda su uso? ¿Cuánto es el tiempo prudente de uso?, etcétera.

No soy experta, pero he leído y considero que mientras más tarde “entren” a este mundo, mejor. Pero también soy realista y madre en una sociedad urbana y queramos o no, estos aparatos son herramientas de nuestra cultura que además bien usados, nos facilitan muchas cosas. Creo que esta es la manera en la que podemos orientar a nuestros hijos; no son aparatos para desconectarnos,  distraernos, pasar el tiempo, ausentarnos,  etcétera.  Sino, son herramientas que nos permiten encontrar información, viajar, asistir a conciertos, shows, tomar fotos, comunicarnos con quienes amamos. Para lograr esto, está de más decir que primeramente para nosotros, padres y madres, debe ser así.

Por otro lado, es fundamental acompañarlos en sus exploraciones tecnológicas, observar y conversar de lo que se ve, mostrarles cosas acorde a su edad y que les enriquezca.

En cuanto al tiempo,  considero que siempre es mejor lo menos posible; sin embargo, en mi experiencia y de la gente que tengo cerca si se maneja este tema con demasiado control, hay una tendencia a generar ansiedad y más tarde un apego exagerado (como vicio) a las pantallas. Además, si las usamos como premio o recompensa, sin duda las estaremos dando un valor altísimo en la vida de nuestros hijos, como objetos del deseo.

Parte de nuestra responsabilidad como facilitadores es generar ambientes seguros, estimulantes en los cuales nuestros hijos exploren libremente. Entonces, quizás lo mejor es “esconder” o usar lo que menos se pueda las pantallas porque cuando no están poco nos hacen falta. Incluso si tenemos la posibilidad de conectar con nuestros hijos y en especial en la naturaleza, realmente hasta se vuelven innecesarias. Incluso hasta la búsqueda de información que en este caso es a través de la observación.

A la final, es nuestra responsabilidad tomar una postura clara sobre este tema y quizás con la flexibilidad de ir modificando según las edades y responsabilidades que van adquiriendo.  En especial, está en nuestras manos, no caer en la negligencia de pensar que libertad es permitir todo; ni tampoco que el control extremo de creer que este tema puede ser manejado de una manera muy distinta a otros sin tener consecuencias.

Nota: Acá un tablero que lo iremos alimentando con buenos recursos audiovisuales: https://trello.com/b/aTmCxupe/recursos-audiovisuales

 

Conociendo a nuestros hijos

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Por María Eliza Acosta

Al decidirnos por la des-escolarización optamos también por confiar en las capacidades y particularidades de nuestros hijos e hijas y a su vez en las nuestras. Una de las frases que he escuchado regularmente a familias que ya van algunos años desescolarizando es “ahora conozco más a mis hijos y confío más en mí”.

Siento que es natural que tengamos ciertos temores e inseguridades al enfrentar el aprendizaje de nuestros hijos. Temores que vienen programados por una escuela que nos enseñó que no somos capaces de hacer algo si no nos especializamos o estudiamos aquello, en este caso la docencia. Pero al preguntarnos ¿Quién conoce mejor a nuestros hijos? puede permitirnos abrir el panorama, puesto que nosotros como padres y madres hemos podido presenciar cada paso que han ido logrando nuestras hijas e hijos.

Las herramientas más poderosas con las que podemos contar son la intuición y la capacidad de observar, así podemos crear ambientes, facilitar procesos, acompañar aprendizajes y generar experiencias acorde a las necesidades e intereses de nuestros hijos e hijas. Pero para que esta observación e intuición tengan mayor fundamento es importante también revisar contenidos sobre desarrollo evolutivo e inteligencias múltiples.

El primero nos va a permitir comprender ciertas particularidades de cada edad, este estudio lo realizó Jean Piaget y Erick Erickson facilitándonos algunas pautas en cada etapa; puesto que el trato con un infante de 5 a 7 años no tiene semejanza al trato con un adolescente. Las escalas de desarrollo nos explican un poco como el ser humano va evolucionando en un ambiente óptimo y lo que se espera pueda realizar en ciertos márgenes de edad, entonces además de respetar los procesos personales mediante este conocimiento podemos canalizar nuestras expectativas para un mejor acompañamiento sin ser invasivos o indiferentes.

Al abordar el tema de las inteligencias múltiples cambiamos la percepción de lo que se ha creído es la inteligencia, para comprender mejor en la integralidad a la persona y las diferencias individuales cuando se trata de resolver un problema. Howard Gardner en su teoría nos propone una gama de las capacidades cognitivas que puede tener un ser humano y nos invita a valorar esas particularidades, que nacen de las características genéticas propias, el contexto en el que se desarrolla y la decisión a partir de sus intereses. Una visión más integral del individuo nos permitirá respetar y estimar las capacidades de los otros en este caso nuestros hijos.

Estas dos teorías, si bien no son las únicas, pueden facilitar la comprensión de nuestras hijas e hijos, superar temores e inquietudes y sobretodo pueden ser fuente de inspiración para la planificación de experiencias o la creación de espacios de aprendizaje.

Estas escalas e índices pueden ser un referente, más no una camisa de fuerza para catalogar el desarrollo de nuestros pequeños ya que el primer ejercicio que debemos hacer en este proceso es el de confiar.

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¿Y el uso del tiempo? ¿Cómo nos organizamos?

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Por Karina Rodríguez

Cuando hablamos sobre des-escolarización, necesariamente debemos re-pensar el tiempo. Por años lo hemos concebido dentro de un horario, calendario, agendas, etc; que si bien nos han ayudado a organizarnos, también responden a una lógica de productividad que está basada en alcanzar resultados.

No quiere decir que cuando hablamos de aprendizaje no se visibilicen resultados; pero son justamente resultados de procesos más significativos, profundos y relevantes. En el camino de la des-escolarización, queremos incorporar todas las dimensiones del SER y además que toda la familia nos convertimos en aprendices de por vida.

El sistema de evaluación con el que tan injustamente y sesgadamente nos midieron; debe ser reivindicado cuando escogemos educación sin escuela. Esa manera de resaltar el HACER por sobre el SER, de evaluarnos según lo bien o mal que hacemos las cosas o mas bien como termina plasmado en un cuaderno o papel DEBE darse la vuelta hacia un paradigma que comulgue con un crecimiento pleno, integral y constante.

Re-ver el concepto del tiempo nos invita a confiar en que nuestros hijos están aprendiendo, no por los resultados que “arrojan”, sino por los frutos que vamos viendo en sus vidas, en la felicidad, autonomía, conexión y pasión con la que viven. Por lo tanto, fortalece el sentido de que el tiempo jamás debe ser el reloj que marca el ritmo de nuestros días; sino el que nos brinda la oportunidad para vivir con equilibrio y armonía.

Para esto consideremos la rutina familiar natural de: despertarse, comer, dormir, descansar, limpiar, etc. El tiempo se estructura a partir de esas necesidades básicas que deben ser satisfechas y así fluye el resto del día junto a las intenciones diarias del resto de la familia.

¿A qué me refiero con intenciones? A la manifestación de nuestras pasiones, intereses, dudas. A  la deliciosa oportunidad que nos brinda la des-escolarización de aprender aquello que queremos aprender. Para poner un ejemplo: hoy jueves quiero escribir un pequeño artículo y trabajar una hora sobre unos diseños; estas son mis intenciones que a me ayudan a estructuran mi día junto al día del resto de mi familia. Dependiendo de la edad de nuestros hijos e hijas su capacidad de organizarse e intencionar es más evidente. Por ejemplo, mi hijo de 5 años dice: hoy quisiera hacer un rompecabezas e invitar a jugar a las vecinas. Eso nos da la pauta para organizar el día también con esas intenciones y sabiendo que por lo menos para la primera actividad posiblemente requiera apoyo mío o de su padre.

De esta manera, podemos observar que el día no se configura desde afuera, o sea no hay una agenda o un currículo que determina cómo voy a llevar ese día. Sino, son las ganas de vivir, de aprender, de desplegar nuestro ser en acciones que nos lleva a trazarnos intenciones que a la final terminan en acciones concretas, en resultados visibles o no (como el juego con las vecinas).

Peter Gray, menciona que en nuestro ADN está la capacidad de organizarnos y que ésta se va desarrollando con la edad; por lo tanto, nuestros hijos e hijas aprenderán a utilizar su tiempo según sus necesidades e intereses. Debemos confiar en ello, proveyendo de herramientas para hacerlo; por ejemplo mi hijo de 5 años podría concentrarse tanto en una actividad que se olvida hasta de comer y no para de hacer sino hasta que acabe. Varias ocasiones sino le sale como él quería se frustra tanto que acaba muy mal; por lo que solamente a manera de sugerencia le digo que podemos hacer por etapas, que podemos tomar un refrigerio en medio o dejar para otro día (si es algo muy largo). No le impongo mis tiempos porque yo sí que necesito comer y tengo menos paciencia que él en proyectos minuciosos; pero le sugiero, quiero que sepa que nosotros manejamos al tiempo, no éste a nosotros y también que hay maneras de organizarse tomando en cuenta otras necesidades prioritarias.

En fin, deseamos primeramente como adultos desaprender esta absurda lógica que nos han impuesto de estar siempre presionados por el tiempo, de vivir apurados y de incluso de medir a otros por cuán ocupados se ven y así empezar a vivir para transmitir y orientar a nuestros hijos e hijas.

Más información sobre herramientas de organización: https://agilelearningcenters.org/item/kanban/

La economía familiar cuando educamos en casa

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Por Karina Rodríguez

Habíamos iniciado ya la “conversación” sobre esta temática clave en un post previo. Sin embargo, ahora queremos ahondar más en este tema, que sin duda, es fundamental en la no-escolarización o desescolarización.

El fuerte vínculo que existe entre el sistema educativo y el sistema económico nos invitan a re-pensar el trabajo, el sentido de productividad; a re-evaluar el presupuesto, deudas e inversiones y a re-conciliar nuestro concepto de éxito.

Nos queda claro que la escuela, desde su origen, fue el lugar de entrenamiento para la “mano de obra calificada” en la época de la industrialización (https://www.youtube.com/watch?v=VHKGEI-q4wk) y desde allí ESCUELA Y EMPRESA se deben lealtad. Íntimamente conectadas, han ido ajustando horarios, años de escolarización y currículos. Actualmente, lastimosamente la rigidez de la educación no se llega a actualizar a lo que las empresas reconocidas exigen y peor aún logra formar gente emprendedora, gestora de proyectos distintos (https://www.youtube.com/watch?v=-Egxm5QuW9o).

Es por esta razón, que pensar en desescolarización nos invita necesariamente a re-ver el tema económico. Principalmente cuando éste aparentemente es un impedimento para hacerlo. No cabe la menor duda que educar en casa es un proyecto familiar que nos brinda la enorme posibilidad de detenernos a pensar, sentir y actuar a favor de un plan de vida que viabilice estos sueños y por tanto re-defina nuestro estilo de vida, la participación de cada progenitor en las dos áreas: la educativa y la productiva y hasta en algunos casos nuestro lugar de residencia. (Conocemos a varias familias que se han mudado a otras ciudades en las que contaban con un terreno o casa para residir o ciudades en las que podían prescindir del automóvil; brindándose así como familia la oportunidad de no caer dentro de ese círculo vicioso de nos presenta el famoso progreso: el endeudamiento).

Optar por la desescolarización, nos ayuda a recortar gastos de pensiones, movilización, actividades extracurriculares y a veces hasta la alimentación fuera de casa. Además, nos brinda la oportunidad para iniciar con proyectos productivos propios y/o a impulsar a nuestros hijos, ya de jóvenes, a hacerlo. (Hay que tomar en cuenta que la escolarización secundaria fue también un invento tardío que benefició al mercado, manteniendo como consumidores “improductivos” a los jóvenes que antes podían contribuir económicamente).

En fin, se cae en un gran error al pensar que esta opción sin escuela exige económicamente más que la escuela o que es imposible para familias con recursos limitados. Creemos firmemente que siempre hay maneras, siempre que se quiere se puede. Al fin y al cabo la felicidad y desarrollo integral pleno de nuestros hijos merece re-estructurar todo lo que sea necesario.

……

A manera de inspiración, la fanpage de una familia que en su anhelo de hacer educación en casa cambió hasta de lugar de residencia, de Quito a Macas y más tarde la recompensa fue hermosa; la creación de un interesante proyecto: https://www.facebook.com/VoluntariadoenMacas/

Otra de una madre que renunció a su trabajo para estar con sus hijos e hizo realidad un sueño que potencia el aprendizaje de sus pequeños junto a otros: https://www.facebook.com/Tamandua-131253923724557/

La página web de Natalia Rivera que trabaja flexiblemente en su profesión turística para acompañar los procesos de aprendizaje de sus hijos y que además para acompañar a otras familias en este proceso y generar algunos ingresos creó: http://www.contusguaguas.com/

 

¿Cómo hacemos con las finanzas cuando hacemos Homeschool?

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Por María Eliza Acosta y Juan Pablo Andrade

Antes de optar por desescolarizar a nuestros hijos un tema importante a tratar en familia es la forma como se va obtener un sustento económico adecuado (por no decir, suficiente). Son variadas las opciones, pero el hecho de que nuestros hijos e hijas requieran la presencia de una figura facilitadora de las experiencias de aprendizaje nos lleva a tomar algunas decisiones importantes y cambiar la perspectiva de vida o lo que comprendemos como calidad de vida.

Una de las primeras cosas que nos puede ayudar a visualizar las opciones en el aspecto económico es cambiar la perspectiva que tenemos sobre  “el tiempo productivo”, al hacer homeschool el tiempo no se limita a horas clase u horas de trabajo, sino que la noción del tiempo se expande al no tener horarios fijos, llegando a ser personas ricas en tiempo, el cual dependiendo de las necesidades de la familia se puede distribuir en actividades que den un rédito económico y sean momentos significativos de convivencia y aprendizajes en conjunto. El espacio de trabajo no es un espacio alejado de nuestros hijos/as. Se convierte en espacios de realización profesional más visibles y reales a todos.

Se empata la riqueza de tiempo y estilo de vida cuando tenemos tiempo para hacer cosas que normalmente tenemos que comprarlas por no tener tiempo para hacerlas, y se convierten en proyectos familiares como realizar muebles, ropa o alimentos lo que a su vez nos invita como padres a descubrir talentos y habilidades que no pudimos descubrir o desarrollar al ser parte del sistema tradicional y esto a su vez se convierte en un espacio para que nuestros hijos e hijas se vinculen y descubran sus propias potencialidades.

Con respecto a la calidad de vida entramos a tratar el tema sobre cómo organizamos los ingresos económicos de las cosas que consumimos como: importantes, urgentes, indispensables o innecesarias. El ordenamiento de estas prioridades se da entorno del ambiente de aprendizajes y convivencia que queremos dar a nuestros hijos/as.

El Homeschool y su realidad de aplicación en base a las experiencias que tenemos a mano, tiende a reducirse a ciertas familias que logran organizarse de tal forma que entre el trabajo de ambos (medio tiempo, flexible, etc) ingrese la cantidad de dinero necesaria para el nuevo presupuesto familiar o uno de los progenitores se quede en casa mientras otro continúa con un trabajo de salario fijo.

Sin embargo,  las posibilidades en base a una creciente cooperación entre familias y a la cercanía con herramientas de comercio colaborativo, puede expandir la opción de acceso a esta opción educativa a más familias y con mayor equilibrio de presencia de padre y madre.

¿Cómo debo prepararme para facilitar el aprendizaje de mis hijos?

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Por Karina Rodríguez S.

¡Vaya pregunta! Es que no existe una sola respuesta, ni peor aún recetas para ser los mejores facilitadores de nuestros hijos. Sin embargo, existen fundamentos que en familia debemos discernir, decidir y construir; para luego convertirnos en aquello que queremos transmitir.

No te preocupes si tus hijos no te escuchan, te observan todo el día. María Teresa de Calcuta

Nuestra cosmovisión, cómo percibimos nuestra existencia, qué consideramos esencial para vivir, cómo nos relacionamos con  todos los seres vivos, cómo nos conectamos con lo trascendente; en fin lo prioritario y fundamental para nosotros, es aquello que sin hablar, transmitiremos a nuestros hijos. Se visibilizarán estas perspectivas de distintas maneras: a través de cómo manejamos el tiempo, el cuidado que damos a la naturaleza, qué consumimos y cómo lo hacemos, qué atención le damos a los problemas sociales que nos rodean, qué tiempo y cuidado dedicamos a quienes requieren de atenciones especiales en nuestra familia y amistades, etc.

Desescolarizar requiere, sin duda alguna, de una revisión profunda y constante de aquello que nos sostiene, inspira, impulsa y mueve como personas y familia. Porque el aprendizaje trasciende aquello que nos enseñaron en la escuela. Aprender es vivir, por tanto representa no solo lo que sepamos, ni solamente lo que hagamos, sino principalmente cómo SEAMOS.

En nuestro caso, lo que queremos transmitir a nuestros hijos son valores, herramientas, vías para que ellos y ellas sepan que hay alternativas a los caminos ya establecidos por la sociedad. Hay esperanza de construir algo distinto, de la mano de otros y otras, no compitiendo, sino colaborando. Que conozcan que pueden contribuir a un mundo distinto y sobretodo, pueden creer en ellos mismos y construir aquello que sea fiel a su esencia; a lo más único y propio de sí mismos.

Por tanto, para ser modelos de esto, necesitamos de-construirnos, des-escolarizarnos, trans-formarnos en las mejores versiones de nosotros mismos y este es un camino de toda la vida; un camino que lo recorreremos de la mano de nuestros hijos. Para esta importante jornada, nos acompañarán la compasión, la paciencia y la humildad. Reconociendo que somos sus orientadores, pero no somos los responsables de lo que ellos harán posteriormente con sus vidas. Seremos sus mentores principales, pero seguro irán apareciendo otros en el camino, según sus intereses y tiempos.  Seremos su comunidad  primordial, la de mayor confianza y contención, pero no la única; tejeremos relaciones significativas que nos acompañen en esta aventura y más tarde ellos mismos irán tejiendo relaciones y comunidades de las que se enriquezcan y a quienes nutran también.

En fin, no hay aprendizaje que valga la pena, sino hay un lugar seguro para hacerlo; un hogar en donde la confianza sea la tierra fértil en la que todos vayamos creciendo…

Les dejamos información sobre Sarah Mackenzie, una extraordinaria madre-facilitadora de 6 hijos desescolarizados y autora de Teaching from Rest: A Homeschooler’s Guide to Unshakable Peace, un libro que debería ser leído: