¿Homeschool o Unschool?

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¿Homeschool o Unschool?

Por Juan Pablo Andrade y Ma. Eliza Acosta

Existen posiciones, caminos, tendencias, cuestionamientos y postura educativas, políticas y sociales que definen distintas formas de educación fuera del ámbito escolar.

Hay que entender que así como vivimos procesos de adaptación a las diferentes etapas de nuestra vida, también, las personas o familias que deciden salir del ámbito escolar llevamos nuestro proceso. A este proceso lo denominamos desescolarización, ya que no solo lo atraviesan nuestrxs hijxs sino todos los miembros de la familia alrededor de esta vivencia.

Desde los años 60’s fuertes corrientes de crítica al sistema escolar hiperestandarizado comenzaron a tomar fuerza y a estos procesos se los denominó teorías de desescolarización de la cual se derivan muchas otras formas en las cuales entender la educación. Es difícil establecer una línea de dónde comienza los espacios desescolarizados o exactamente cómo se organizan todas las tendencias de desescolarización.

Principalmente establecemos la posición de las familias en crítica y con propuestas alternativas a la educación formal propuesta por el estado que responde a intereses del estado de paso.

La tendencia de desescolarización que prescinde de esas guías de formación se la denomina Unschool, dada la traducción al español los términos deschooling y unschooling terminan abarcando lo mismo, aunque el unschooling proponga dejar a un lado un currículo establecido y confiar en la capacidad y necesidad de los niñxs de aprender.

Varios autores describen diferentes visiones por las cuales acercarnos a estos temas, que como objetivo es responder a las falencias que presenta la educación escolarizada. Algunos de ellos a saber, John Holt, Iván Illch, Mcluham, P Goodman, y un investigador que plantea estudios actuales Igelmo Zaldivar.

En si hay familias que optan por el homeschool y pueden optar por seguir un currículo, ya sea el propuesto por el estado o por instituciones que lo facilitan, en el caso de Ecuador son instituciones de carácter internacional que presentan mayor flexibilidad, dejando a criterio de las familias la forma cómo la van cumpliendo.

 

Las motivaciones de las familias por la desescolarización son diversas y partiendo de estas motivaciones se definirá si el homeschool es con o sin una guía curricular.

 

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¿La socialización? ¿Para qué?

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¿La socialización? ¿Para qué?

Por Karina Rodríguez

Esta es una de las preguntas frecuentes que recibimos y, siendo sinceros, nosotros nos la hicimos alguna vez. Cuando añadimos el “¿para qué?” resulta interesante descubrir lo que se dice sobre la socialización. Por ejemplo, en una página de psicopedagogía, señala que la socialización es un proceso mediante el cual el individuo adopta los elementos socioculturales de su medio ambiente y los integra a su personalidad para adaptarse a la sociedad.  Dicho en otros términos, socializar es el proceso por el cual el niño, aprende a diferenciar lo aceptable de lo inaceptable en su comportamiento. Se espera que los niños aprendan, por ejemplo, que las agresiones físicas, el robo y el engaño son negativos, y que la cooperación, la honestidad y el compartir son positivos.

Al leer esto, me pregunto, ¿No es mas un mito esto de la socialización dentro de la escuela que una necesidad real? ¿Creemos realmente que las escuelas son el mejor ejemplo de socialización?  Basta con mirar las múltiples cifras y noticias desalentadoras sobre bullying, homocidios, tiroteos en escuelas, suicidios de estudiantes, etc; para corroborar que, sin duda, el sistema educativo no ofrece espacios de interacción social adecuados.  Esta interacción no es natural para los niños y niñas, sucede por imposición; sin importar si estaban listos para relacionarse, si su edad, temperamento o interés contemplaban el anhelo de compartir todos los días por tantas horas con distintos niños y niñas, lejos de sus familias.
Además, considero que es un mito, porque cuando planteamos la pregunta, pensamos en que al educar en casa nuestros hijos estarán solos, enajenados del mundo, inmersos en una burbuja en la que nada van a aprender de la interacción social con otros seres humanos y peor con sus “pares”. Por el contrario, la educación en casa, sin duda, ofrece una oportunidad única de que las habilidades sociales son aprendidas por imitación, imitándonos a nosotros, mientras se desarrollan naturalmente.
En la libertad, naturalidad y confianza que ofrece el estar en un ambiente seguro, como la casa y la comunidad cercana, los niños tienen mayor oportunidad de socializar naturalmente con la gente; lo hacen directamente con quienes somos sus referentes fundamentales, junto a quienes irán experimentando, en medio de un espacio seguro, sus habilidades relacionales y sociales.
Somos nosotros quienes les enseñaremos a resolver conflictos, a tratar a la gente, a pedir perdón, a saludar, etc. y todo lo haremos respetando sus tiempos, temperamentos y hasta maneras únicas. Es en el marco del hogar en donde aprenderán a desenvolverse principalmente; y si tienen hermanos, es con ellos y ellas que aprenderán a controlarse, a compartir, a empezar/dirigir/terminar un juego, etc. Junto a sus hermanos aprenderán a desarrollar relaciones significativas en medio de lo desafiante de compartir a sus padres, abuelos, etc.
Su familia ampliada será también una comunidad que apoye de vez en cuando a estos procesos y si no la hay; una comunidad de familias que también educan sin escuela será el mejor respaldo para todos. En medio de la naturalidad con la que surgen estas relaciones y la confianza como base fundamental que nos sostiene a todos y todas; los niños irán desarrollando estas habilidades que seguirán aprendiendo la vida entera. Las amistades se cultivarán sin el estrés del timbre del recreo terminado, o los puntos menos por conversar en clase, o las contadas horas para jugar y compartir que ofrece el sistema educativo tradicional con su obsesión por mantener a los niños ocupados dentro y fuera de la escuela.

¿Desescolarización para qué?

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¿Desescolarización para qué?

Por Juan Pablo Andrade

Sin partir desde dogmatismos, desde tendencias, desde exclusivas particularidades, ni desde posturas políticas de gobernanza, la exigencia y cumplimiento de derechos desde el núcleo (aún) primario de la sociedad, la familia, se establece necesidades por ser atendidas, nuevamente, lejos de lo prioritario material, aunque no necesariamente humano. Tales dictámenes que se nos presentan en cascada desde cúpulas administrativas, directivas o sociales no permiten definir un panorama alternativo para opciones de desarrollo humano que partan de propuestas sociales sencillas, a la vez que trascendentales y de profundo compromiso.

Desde estos aspectos a tomar en cuenta, la desescolarización como proceso de transformación y respuesta a la dinámica social imperante, pone bases en profundas convicciones y apegos a aspectos humanos que han definido nuestra manera de proceder y desarrollarnos desde los inicios como especie gregaria, como comunidad, como “civilización”.

Plantear conceptualmente el proceso de desescolarización es representar una amplia gama de aspectos que van desde un simple sentimiento de apego, hasta una discusión filosófica sobre el propósito humano en la vida. Es replantear, o mejor dicho revisitar ideales sociales en respuesta a brechas de desigualdad y exclusión vigentes y tangibles. Hay que crear opciones de diálogo constructivo hacia el reconocimiento y mejora de este tipo de prácticas como forma de convivencia y de adecuada inclusión a las diversas realidades que hoy más que nunca, y mañana más que en el presente, se crean y moldean de la misma forma en la que se desarrolla la sociedad.

Nos reconocemos en nuestro compromiso dentro de la sociedad, y es por ella que nos reconocemos en los derechos que nos acompañan, para que en base a estos podamos generar adecuadas y buenas prácticas no solo de educación, no solo de aprendizajes, no solo de enseñanza, sino de convivencia y de generar comunidad.

Lo que se nos presenta hoy no es nuevo en los procesos de desescolarización pero sí es propuesta para ejercer libremente el verdadero acceso a una educación.