“MI MUNDO, ES UN MUNDO QUE CONSTRUYO CON OTROS”

Estándar

Por Andrea S. Peñaherrera H.

El ser humano, a lo largo de la historia, ha crecido y evolucionado en hordas, grupos, comunidades. En estas relaciones se han desarrollado formas propias de comunicarse posibilitando el intercambio de ideas, sentimientos, conocimientos, e incluso, a través del lenguaje se han definido formas de vivir, de pensar y de actuar, que de manera efectiva han direccionado el destino del ser humano sobre la tierra.

Desde el momento mismo de la concepción, los seres humanos empezamos a generar vínculos sumamente fuertes, primero con la madre, después con los sujetos más cercanos a nuestro grupo familiar y finalmente con nuestro entorno, con el mundo. Estos vínculos primarios son los que van a construir la base de nuestra identidad: (quiénes somos, a dónde pertenecemos, etc.)

Por tanto, somos seres eminentemente sociales, pues, la vida cotidiana en la que el ser humano se desenvuelve, está atravesada por la necesidad de establecer y mantener vínculos con los otros, dentro de una cultura y un quehacer.

Ese quehacer nos agrupa en comunidades, en común-unidades, que nos permiten crear sentidos de identidad; discurso que permite a las personas sentirse parte de algo y permite construirse a partir de la cultura. Es un proceso dialéctico que se construye en la alteridad.

La comunidad es, por tanto, ese escenario donde la vida cotidiana se desarrolla.

La psicóloga social argentina Ana Pampliega nos dice que “la forma de desenvolvimiento que adquiere día tras día nuestra historia individual, implica reiteración de acciones vitales, en una distribución diaria del tiempo, por eso sostenemos que cotidianidad es espacio, tiempo y ritmo. Se organiza alrededor de la experiencia, de la acción, del aquí de mi cuerpo y del ahora de mi presente. La vida cotidiana nos muestra un mundo subjetivo, que yo experimento. Pero a la vez este mundo es intersubjetivo, social, compartido. Para cada uno de nosotros ‘mi mundo’ es un mundo que vivo con otros.” (Quiroga, 1982, pp. 13) Y yo añadiría, es un mundo que construyo con otros.

Ya que, en este camino de la desescolarización es fundamental volver a las hordas, a las tribus, a las comunidades. Porque, si bien es cierto que no somos seres aislados, nuestras relaciones sociales se han tornado a meramente funcionales: nos relacionamos en la medida que me resultas útil.

Entonces, nos encontramos solos en medio de un caos social y con infinidad de dudas y miedos que nos impiden generar cambios reales y concretos con relación a nuestras vidas y las vidas de nuestros hijos e hijas.

Vivir la desescolarización en colectivo resulta, no sólo un apoyo emocional que, aunque fundamental, necesita también del soporte de una cultura de paz, que acompañe con amor y comprensión. Que permita sostenernos como una familia que busca el bienestar físico y psicológico de todas y todos sus miembros, haciendo frente a la cultura dominante que nos domesticó y limitó.

Hemos empezado ya a juntar hombros, estrechar manos, agrupar ideas y concretar acciones que afianzan nuestro deseo de tomar las riendas de la educación, pasar de concebir una educación “bancaria”[i] como diría Paulo Freire, hacia una educación autodirigida y propositiva.

La invitación está abierta para que nos sigamos sumando a esta minka tan necesaria para la construcción de un mundo de paz donde las diferencias nos complementen y el amor nos guie, así llegar a ser humanos libres y constructores de un presente más íntegro y un futuro saludable.


[i] En la educación bancaria hay dos tipos de sujetos diferenciados, el educador y el educando (el que es “educado”). El educador es el que sabe, el único que posee conocimientos. Es el que transmite sus conocimientos al educando. El educando recibe todos los conocimientos del educador, sin participar en el proceso, digamos que es como un archivador, en el que se depositan todo tipo de datos, que este va archivando. Esta educación se refiere a la realidad como algo estático, detenido, dividido, con contenidos totalmente ajenos al educando. El educador es alguien indiscutible que llena como un recipiente a los educandos siempre mediante la narración, dividiendo la realidad en segmentos desvinculados de la totalidad en la que tienen sentido. (Freire, 1975)