CUANDO EL MIEDO ACECHA

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Por: Andrea S. Peñaherrera H.

Por experiencia propia la maternidad es un escenario donde el miedo está a flor de piel, pues hay un (o varios) ser humano que depende de las decisiones que uno tome como adulto/a, y muchas de esas decisiones determinarán el resto de la vida de una persona.

A éstos se suman varios miedos cotidianos que suelen inquietarnos; para ellos recomiendo el video a continuación que trata, con humor, algunos temores ma/paternos; https://www.youtube.com/watch?v=-PBHd8Qlzjo

Pero también nacen los miedos al dolor ajeno, esas ganas de proteger a ese/a pequeñín/ina de cualquier malestar posible, imaginado o real.

Tengo presente ese comercial que circulaba por las redes sociales en la que varios animales salvajes acompañan y protegen a niños/as y adolescentes mientras se desenvuelven en diferentes escenarios, terminando con la frase: “Protege como una madre”. Porque sacamos nuestras “garras” cuando se trata de proteger a nuestros/as hijos/as, tratando de ocultar el temor de verlos sufrir.

Y es que innegablemente vivimos en un mundo cruel e insensible, donde a diario se conocen noticias nefastas y violentas. ¿Cómo no aterrorizarnos y querer convertirnos en esos gigantescos animales salvajes para cuidar a nuestros/as pequeños/as?

Educar en casa, dicen muchos, es encerrar a nuestros/as hijos/as en una burbuja por miedo a que les pase algo; pero la burbuja la podemos crear sea que eduquemos en casa o que escolaricemos a los/as niños/as.

Porque, queramos aceptarlo o no, nos aterra lo diferente, nos espanta ver alterado nuestro sistema y estilo de vida, porque para nosotros ha funcionado, entonces rechazamos a quien, por una u otra razón, se atreve a transgredir ese statu quo en el que la capacidad de hacer, transformar y decidir difiere de la nuestra.

Ese miedo a construirnos, y deconstruirnos como seres sociales en comunión porque, claro, ese otro está afectando, o puede llegar a hacerlo, con sus ideas y acciones que no concuerdan con las mías. Entonces el ideal de sociedad, de colectivo o comunidad se fragmenta, y lo que comenzó como diferencias que nos incomodan, terminan convirtiéndose en cotidianidades fragmentadas y aisladas. Terminamos solos con nuestros ideales.

Es verdad que admitir que existe una diversidad de la que formamos parte es un paso muy importante que nos permite bajar las armas por un momento y mirarnos a los ojos para darnos cuenta que somos humanos aprendiendo a vivir; pero no es el único paso que hay que dar si estamos queriendo construir nuevos escenarios para nuestros hijos y nuestra familia. Somos seres humanos con capacidades y con límites, con cualidades y defectos, productos de una historia mal contada, quienes tenemos la capacidad de reconocernos como lo que somos: diversos e imperfectos, y quienes somos capaces de trabajar en torno a esa diversidad y responder a las demandas y requerimientos de cada individuo, en donde las llamadas “diferencias” nos ayuden a sumar y a enriquecernos y no a dividirnos. Conocer al otro nos permite entendernos, aceptarnos y construirnos en comunidad. Nos permite trabajar nuestros miedos para reemplazarlos con seguridad, confianza y amor. Rodearnos con personas que tengan objetivos en común puede permitirnos aprender a mirar nuestros más grandes miedos para trabajarlos en colectivo y, aunque sea preciso mantenerse alerta, podamos ayudar a nuestros hijos/as crecen en un ambiente de seguridad y amor.

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PROTAGONISTAS DEL APRENDIZAJE

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Por: Karina Rodríguez

 

“El entusiasmo es el verdadero motor del aprendizaje” – André Stern

No podemos hablar de un verdadero aprendizaje, si no hay entusiasmo. El entusiasmo está profundamente relacionado al interés, motivación, deseo, pasión, ganas, entre otras. Existe en primera instancia, algo que me impulsa, me mueve, me moviliza a buscar más sobre aquello que ha llamado mi atención y sobre lo cuál deseo saber más.

Así es cómo aprendí a ser madre, motivada desde adentro por cuidar de la mejor manera posible a estas pequeñas criaturitas que se convirtieron en mi mayor responsabilidad y mejores maestros.  Seguramente, sin esta necesidad y anhelo, no hubiese jamás aprendido nada sobre maternidad. De hecho, antes de decidir ser madre,  me interesó muy poco el tema, ni siquiera  la infancia, crianza ni educación.  En esta aventura en la que me embarqué hace más de 5 años y es constante, cotidiana y vivencial; han sido varias las herramientas de aprendizaje; entre ellos: libros, videos, pequeños cursos o talleres, diálogos con otras madres viviendo la misma experiencia y por supuesto la observación diaria conociendo a mis hijxs aprendiendo con ellos y de ellos.

De la misma manera, ocurre en nuestros hijos e hijas. Simplemente, la necesidad y el entusiasmo por ser parte de la sociedad que les rodea les lleva a aprender a hablar y más tarde a leer y a escribir; entre otras innumerables habilidades que adquieren para relacionarse.

Por lo tanto, pensar en desescolarización, sin permitir a nuestros hijos escoger las maneras en cómo aprenden; sería como hablar de ejercer ciudadanía y sólo permitirnos votar por alguien y luego no dejarnos hacer nada más. Cada niño y niña tiene una manera de aprender distinta y así en cada área de su vida. Es por ello, que estandarizar una sola manera de aprender ha traído los resultados que ya estamos viendo en el sistema escolar y no queremos reproducir convirtiendo la educación en casa en una escuela en casa.

El otro día encontré a mi hijo “leyendo” atentamente algo en su libreta y luego escribiendo en una hoja, como quien repasaba algo. Le pregunté qué era lo que estaba viendo y me enseñó sus propios apuntes de números del 1 al 20. Los había hecho con la ayuda de su abuelita, para aprender su orden y su forma. En la casa, hay varios recursos para “aprender” sobre números; sin embargo, él prefirió idear su propia manera de aprender a contar. Un día lo sorprendí contando hasta 150 y escribiendo ya varios de ellos. Los números siempre le llamaron la atención, no fue algún anhelo en particular nuestro de “meterle” los números; de presionarlo a que ya cuente, creyendo que ésto sería aprender lo básico de matemáticas. Fue su sincero gusto por los números y porque desde chiquito los relacionaba con objetos y contaba todo lo que podía. Hoy por hoy, hace algunas sumas y restas con maneras que él mismo ha creado para hacerlas.

Por consiguiente, extiendo la invitación a confiar en nuestros hijos e hijas. A confiar que son seres que nacieron apasionados por aprender; lo han demostrado desde que nacieron y lo seguirán haciendo si lo permitimos. Si nuestra presencia en lugar de interferir, imponer y obligar; empodera, quita obstáculos y viabiliza. Si nos desescolarizamos primeramente nosotrxs, recordando que aprendemos de distintas maneras; aceptando que hay varias herramientas y que ellos sabrán encontrarlas, y lo harán con entusiasmo.

Nota: Recomiendo este video de un adulto que jamás fue escolarizado: https://www.youtube.com/watch?v=eB0q5NCrjfU

La revolución desde las Ma-Paternidades

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Por: Andrea S. Peñaherrera H.

 

Recuerdo mis años universitarios leyendo a los grandes exponentes del pensamiento contemporáneo, idealizando conceptos, asumiendo dogmas, interiorizando consignas. Una época donde la palabra revolución nos hinchaba el pecho y muchos no la concebían sin una gran lucha con armas de fuego y destrucción del statu quo y sistema dominante.

Pues bien, la vida me ha dado la oportunidad de formar una familia, tener hijos y amarlos profundamente, en principio, mis ideas de revolución se reafirmaron porque ese amor, por ahora mis descendientes, me cuestiona aún más el estilo de vida que mantengo y lo problematizo buscando alternativas a lo establecido.

Pero en el andar, la búsqueda por nuevas maneras de vivir me ha hecho comprender y aprender que hay muchas trincheras para hablar de cambio y generar cambio, ahora la maternidad es mi punto de batalla para cuestionar lo establecido y plantear transformaciones.

He aprendido a leer otros autores y asumido nuevos términos; parto humanizado, lactancia a libre demanda, crianza respetuosa, disciplina positiva, aprendizaje autodirigido, cultura de paz… conceptos que van de la mano con los ideales políticos de cambio, porque implican retomar lo comunitario, fortalecer la democracia, apuntar a la solidaridad y al buen trato, establecer relacionas basadas en el amor y la confianza, romper la ideología dominante y hablar de paz.

Sobrepasar el paternalismo que se espera por parte de las instancias gubernamentales, y asumir la responsabilidad de la vida y futuro de nuestros/as hijos/as es revolucionario, porque no sólo estamos evidenciando el declive de un sistema educativo y social caduco, sino también que lo estamos reinventando cuando los roles paterno y materno son los protagonistas y no los espectadores de la vida de sus hijos/as y de la vida en familia.

Si, es una revolución que lleva un largo camino, porque se necesitarán de muchas generaciones, de un tejido social sólido y comprometido, de renuncias a comodidades, de replanteos de nuestras individualidades, pero sobre todo de actuar, de hacer y construir. Implica re-aprender, leer mucho y abrir todos nuestros sentidos para percibir las necesidades reales nuestras y la de nuestras familias. Romper con competiciones y plantearse colaboraciones. Requiere viajar mucho y conocer otras realidades. Es plantearse un proyecto de vida en comunión con el entorno, la naturaleza y la vida. Es romper la apatía de la cotidianidad y disfrutar de cada instante que podemos estar juntos.

Puede ser que estemos locos/as, que estemos nadando contracorriente, pero ningún cambio se ha dado desde la comodidad de un sillón. Estamos caminando nuevos rumbos, y la sonrisa en el rostro de nuestros/as hijos/as nos alientan a continuar por este andar que vale la pena.

Recomiendo el artículo: La maternidad como acto político http://www.80grados.net/la-maternidad-como-acto-politico/

Ser facilitadoras y madres / ser facilitadores y padres

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Por Karina Rodríguez S.

 

¡Qué privilegio es éste de ser madres/padres conscientes y responsables de la formación integral de nuestras hijas e hijos! Somos sus referentes y orientadoras. Somos las responsables de facilitar  herramientas, estímulos y oportunidades para que aprendan cómo y lo que ellos quieran y así mismo nosotros somos quienes aportamos mayormente en el desarrollo de la confianza en sí mismos y en los demás. El amor que les demos contribuirá significativamente en su seguridad para enfrentar la vida. La paciencia, ternura y serenidad con la que actuemos y sobretodo en los momentos difíciles, les fortalecerá su interior con paz y conexión profunda.

En mi opinión, los aprendizajes más relevantes para vivir una vida plena son aquellos que no se enseñan desde afuera; sino que se refuerzan en el interior. Nos encontramos ante una época desafiante como sociedad, necesitamos transicionar hacia algo distinto. Como padres y madres, es nuestra responsabilidad y enorme tarea re-pensar cómo se han venido haciendo las cosas y los paradigmas que se han ido implantando en nosotros y nuestros hijos y re-verlos a la luz de lo que ellos necesitan y enseñan.

La competitividad y productividad ya han arrojado resultados en los que la desesperanza, la discriminación y la violencia están presentes.  El acompañamiento desde el amor se vuelve una tarea fundamental. La facilitación de aprendizajes del espíritu y el corazón se convierten en materias imprescindibles en el diario vivir (nuestros hijos bien lo saben) y para ello debemos recordar ser por encima de todo padres y madres.

La presión, evaluación y disciplina que nos inculcaron en la escuela y en casa por alcanzar aquello que el currículo escolar exigía; es algo que necesariamente debe ser extirpado de raíz, principalmente en nosotros, si queremos niños y niñas cuyo éxito futuro brote de la gran fortaleza que llevan dentro y de las herramientas que hayamos aprendido juntos; para que así las semillas de los sueños que están en ellos germinen en tierra fértil; siendo ellos quienes los construyan.

Tuve la oportunidad de ser docente de centenas de adolescentes y jóvenes y pude observar mucha desesperanza sobreviviendo en un mundo que sentían que les iba a “comer vivos” sino estudiaban, eran los mejores y obtenían muchos títulos. Olvidando sus preciosos sueños, decidían cada día despertar a un mundo hostil desconectados de lo más profundo de su esencia; aquella que necesitamos recuperar para abrazarnos como humanidad y construir algo distinto. En fin, tenemos un gran desafío por delante; de la mano de nuestros hijos seguiremos descubriendo el camino.

 

Nota: Les recomiendo este video: https://www.ted.com/talks/robert_waldinger_what_makes_a_good_life_lessons_from_the_longest_study_on_happiness?language=es&utm_campaign=tedspread&utm_medium=referral&utm_source=tedcomshare#t-29869

 

Ruraykunata karanakushpa yachakuna – Aprendamos compartiendo los saberes

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Aprendamos compartiendo los saberes (practicar, ensayar)

Por: Likan Adriel Delgado Chuma

En una comunidad llamada La Posta, los niños nos reuníamos para pastorear las ovejas, más claro para jugar a nuestro gusto, los niños compartíamos lo que en casa sabían hacer, construir pequeñas casas, hacer sembríos (chacra), sistema de riego,   los que habíamos visto los carros construíamos carros, aviones a nuestro gusto, así nos permitíamos imaginarnos muchas otras cosas y situaciones.

Nuestros abuelos son conscientes de que mostrando cómo se hace o contándonos cuentos y anécdotas aprenderemos.

Cierto día mis abuelos me dijeron: Kunanka shuk rikuymi yachakunki, shinami yachakunakarka, imashinami pukllanapi kurinki shinallata, (Hoy aprenderás observando sólo una vez, así es como se aprende, como cuando juegas), no volvería a repetir. Me enseñaría como uncir al ganado: Alli rikunki (Observarás bien), y amarró el yugo a un toro, Yuguy, shukta (te toca uncir al otro toro), como había puesto en alerta mis sentidos, lo hice, Kayta yachakunatakurinki, ñukanchika may urkukunapika zapallallami yukush purini, (haz como si fueran oro estos aprendizajes, nosotros, se refiere a su generación, (al enseñar se habla poco en primera persona, YO) cuando estamos en el cerro  uncimos a los toros sin ayuda).

En una hallmana (deshierba), nos ordenamos: adulto, niño, adulto, adolescente, hombre, mujer, (shina chakrunakush shayarispami tupanakush, tupanakush, wawakunata aysash, tukuylla llukshinakachi) así como nos hemos ordenado, nos encontraremos los unos a un lado y los otros al otro lado, llevaremos a los niños y jóvenes hasta terminar. Nos encantaba porque las abuelas empezaban a hablar de algún tema, o contar de cada planta que se encontraba, de las piedras, de animales como el sapo, araña, lombriz, etc. los chistes que no faltaban, se nos hacía muy corto el tiempo.

Ahora siento y entiendo cuando mis hijas e hijo dicen “cómo quisiera que el sol permanezca  más, como quisiera que ya sea otro día para seguir jugando” en el hacer de aprendizaje enseñanza el chakaruna o chakruna (el tejido, puente, combinación entre seres) nos sirve como herramienta para compartir el aprendizaje y continuar aprendiendo.  

 

Comunidad de La Posta, Cañar, Ecuador.

 

Educar en casa, estar en casa todo el día

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Por María Eliza Acosta

El término homeschool o educar en casa genera algunas ideas, es común que en el imaginario salte “pasan todo el día en casa encerrados” y en contraposición nos hacen pensar que quizá las casas que habitan no están pensadas para pasar todo el día en ellas.

Educar en casa dentro del contexto de la desescolarización nos lleva tener una casa viva, es una casa que va hacia una estructura más democrática, cambia la idea del “cuarto de juegos” o el cuarto de televisión, para pensar en que cada espacio o rincón puede ofrecer una experiencia; donde el material, los juguetes, libros y a veces hasta dispositivos electrónicos tienen un lugar que facilite el acceso a nuestros hijos e hijas hacia el aprendizaje. La casa no lucirá como esas casas de portada de revista de diseño, pero cuando tienes la oportunidad de conocer una de estas casas es evidente que algo se está gestando y creciendo en los niños y niñas que lo habitan, es un orden caótico del aprendizaje.

Metodologías pedagógicas como Montessori proponen material diseñado para que el infante interactúe con él y permita autorregulación, donde luego de utilizarlo debe regresar al lugar, por respeto al espacio y al otro, pero a veces este material es costoso y nuestros hijos e hijas se embarcan en proyectos que pueden tomar días y hasta semanas y quizá esos principios no pueden regir rigurosamente en nuestro hogar, pero podemos apoyarnos en su material y metodología, siempre contando con la observación e intuición como partida, otra propuesta metodológica es Reggio Emilia, donde la libre circulación en espacios preparados y bien pensados para generar y evidenciar el aprendizaje de forma estética nos puede servir de inspiración para montar lugares en casa y la exposición de los logros alcanzados de cada uno de nuestros hijos e hijas, ya sean tangibles o no, donde la fotografía se convierte en una herramienta fundamental.

La educación en casa no se limita a las habitaciones o los espacios con los que cuenta la casa; incluyen patios, bibliotecas, museos, parques y naturaleza en sí. Los espacios exteriores vienen a ser extensiones en las que el/la guagua debe aprender a desenvolverse, he ahí que sean espacios seguros, adecuados, amigables, accesibles, donde el aprendizaje puede surgir en cualquier momento, damos énfasis a la iniciativa e intención.

Contrario de lo que se podría creer, la educación en casa, hace que nuestra vida sea muy intensa; la construcción o la creación de proyectos, salidas para encuentro de otros espacios o con otras personas sin límite de tiempo o espacio, nos deja muy agotados al final del día pero con una sensación de satisfacción que sólo hace que el día siguiente lo quieras volver a vivir.

La comunidad en la desescolarización

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Por Ma. Eliza Acosta

En el proceso de desescolarización, de no escolarizar o de no ir a la escuela, pueden surgir algunas inquietudes y en el caso de nuestra familia la primera inquietud que surgió fue el tema de la socialización; los amiguitos, los compañeros o las relaciones. ¿Cómo se iban a dar? porque conocemos la importancia y la riqueza del aprendizaje cooperativo, el valor del encuentro con otros en la diversidad y la necesidad de desarrollar la inteligencia interpersonal para que a su vez haya un desarrollo de la inteligencia emocional e intrapersonal, pero en esa reflexión nos dimos cuenta que esto no necesariamente se da en la escuela.

En el proceso de desescolarización como familia es una bendición, acierto o como se quiera llamar el encontrarse con otras familias, que quizá algunas veces con diferente óptica mantienen una visión similar y que sus motivaciones para desescolarizar son similares a las nuestras y que cuando empiezas a compartir tiempo, espacios, reflexiones y vivencias es inevitable se vayan convirtiendo en compañeros de camino donde las relaciones tienden a ser profundas, significativas o como mínimo son sanas, porque al parecer la construcción de una nueva cultura y un mundo mejor para nuestros hijos e hijas es un sentir compartido.

Existe esfuerzo y compromiso de quienes quieren formar una comunidad en este contexto, ya que en este encuentro con el otro también es un momento donde debemos deconstruirnos, aunque considero que esta es una tarea principalmente para los adultos, ya que venimos de experiencias que han minado esa capacidad innata de cooperar, superar protocolos o modos que no hacen más que llevarnos a relaciones superficiales. Esta construcción comunitaria nos invita a trabajar en nosotros mismos, en el desarrollo de habilidades como la comunicación no violenta, la autocrítica, el respeto, la tolerancia, la transparencia, la consideración y prudencia cuando estamos frente a otro individuo que también tiene una historia, una percepción propia del mundo y está lleno de anhelos.

Las relaciones en un espacio comunitario entre personas que desescolarizan son diversas y enriquecedoras, puesto no hay exclusividad en la edad para ello, el ambiente es propicio para que los y las infantes interactúen libremente entre ellos y con los adultos de su entorno, generando inevitablemente aprendizaje cooperativo, relaciones respetuosas y profundas, donde el juego es infinito, el acompañamiento cercano y la confianza en uno mismo y hacia los otros se van fortaleciendo.

Con el tiempo y el trabajo constante en la formación de la comunidad este espacio se convierte en un soporte para la deconstrucción y la construcción de un paradigma que busca no solo educar en la libertad sino también en la paz, porque la cooperación en lugar de la competencia nos brindaría un mundo mejor y nos permite recargar energías para no tener la sensación permanente que todo el tiempo estamos nadando contracorriente.

La desescolarización, una responsabilidad compartida

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Por Karina A. Rodríguez S.

La desescolarización no es solamente una opción educativa; es una opción de vida. Es una decisión que demanda muchos cambios y la principal ocurre en nuestros corazones; en la manera en cómo nos percibimos como seres humanos, como profesionales, como padres y madres, como hombres y mujeres.

En nuestra cultura patriarcal y machista, ésta tan normalizado el rol de “proveedor” de el hombre, que muchas veces “cargamos” como mujeres toda la crianza y en este caso, toda la educación de nuestros hijos. Asumiendo incluso que así debe ser, renunciando a nuestros propios intereses como mujeres, postergando hasta nuestras  necesidades. Con esto no quiero decir que no deban haber esfuerzo y renuncia. Sin embargo, el se atribuya este deber a la mujer; considero debe ser radicalmente de-construido.

En lo personal, estoy convencida de que la desescolarización abre una gran oportunidad para de-construir un sin número de perspectivas que el sistema por años nos ha inculcado. La de mujer-madre y hombre-padre, es una  de ellas. Quizás una de las más controversiales; pero así mismo fundamentales. Al fin y al cabo la desescolarización trae consigo un camino distinto, uno que permite construir narrativas propias que re-signifiquen nuestros roles, paradigmas, vidas.

En lo personal, no quiero seguir reproduciendo, desde la educación en casa, las desigualdades tan violentas entre géneros de nuestra sociedad y por lo tanto, estoy totalmente a favor de otra perspectiva: una que incluya al hombre en la crianza y educación y esto trasciende a la aportación en lo económico. Considero que necesitamos una perspectiva que nos empodere como mujeres más allá de la maternidad y que empodere  a los hombres más allá de la profesionalidad. 

El camino que debe ser transitado para despojarse del anhelo por reconocimiento, aceptación y valoración externa es duro; porque se trata de renunciar incluso a las expectativas propias y de la familia sobre el éxito profesional, el desarrollo personal, etc.

Sin embargo, caminar de la mano madre y padre en la incierta pero preciosa aventura de la desescolarización, construye para nuestros hijos e hijas caminos de igualdad, de compromiso y de responsabilidad compartida entre hombres y mujeres; abriendo así también sendas para el florecimiento de cada miembro de la familia.

 

 

Nota: Recomiendo este canal de muy ricas y profundas reflexiones: http://thevoluntarylife.com/ y reflexiones sobre “vivir sin miedo” de Eduardo Galeano.

“MI MUNDO, ES UN MUNDO QUE CONSTRUYO CON OTROS”

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Por Andrea S. Peñaherrera H.

El ser humano, a lo largo de la historia, ha crecido y evolucionado en hordas, grupos, comunidades. En estas relaciones se han desarrollado formas propias de comunicarse posibilitando el intercambio de ideas, sentimientos, conocimientos, e incluso, a través del lenguaje se han definido formas de vivir, de pensar y de actuar, que de manera efectiva han direccionado el destino del ser humano sobre la tierra.

Desde el momento mismo de la concepción, los seres humanos empezamos a generar vínculos sumamente fuertes, primero con la madre, después con los sujetos más cercanos a nuestro grupo familiar y finalmente con nuestro entorno, con el mundo. Estos vínculos primarios son los que van a construir la base de nuestra identidad: (quiénes somos, a dónde pertenecemos, etc.)

Por tanto, somos seres eminentemente sociales, pues, la vida cotidiana en la que el ser humano se desenvuelve, está atravesada por la necesidad de establecer y mantener vínculos con los otros, dentro de una cultura y un quehacer.

Ese quehacer nos agrupa en comunidades, en común-unidades, que nos permiten crear sentidos de identidad; discurso que permite a las personas sentirse parte de algo y permite construirse a partir de la cultura. Es un proceso dialéctico que se construye en la alteridad.

La comunidad es, por tanto, ese escenario donde la vida cotidiana se desarrolla.

La psicóloga social argentina Ana Pampliega nos dice que “la forma de desenvolvimiento que adquiere día tras día nuestra historia individual, implica reiteración de acciones vitales, en una distribución diaria del tiempo, por eso sostenemos que cotidianidad es espacio, tiempo y ritmo. Se organiza alrededor de la experiencia, de la acción, del aquí de mi cuerpo y del ahora de mi presente. La vida cotidiana nos muestra un mundo subjetivo, que yo experimento. Pero a la vez este mundo es intersubjetivo, social, compartido. Para cada uno de nosotros ‘mi mundo’ es un mundo que vivo con otros.” (Quiroga, 1982, pp. 13) Y yo añadiría, es un mundo que construyo con otros.

Ya que, en este camino de la desescolarización es fundamental volver a las hordas, a las tribus, a las comunidades. Porque, si bien es cierto que no somos seres aislados, nuestras relaciones sociales se han tornado a meramente funcionales: nos relacionamos en la medida que me resultas útil.

Entonces, nos encontramos solos en medio de un caos social y con infinidad de dudas y miedos que nos impiden generar cambios reales y concretos con relación a nuestras vidas y las vidas de nuestros hijos e hijas.

Vivir la desescolarización en colectivo resulta, no sólo un apoyo emocional que, aunque fundamental, necesita también del soporte de una cultura de paz, que acompañe con amor y comprensión. Que permita sostenernos como una familia que busca el bienestar físico y psicológico de todas y todos sus miembros, haciendo frente a la cultura dominante que nos domesticó y limitó.

Hemos empezado ya a juntar hombros, estrechar manos, agrupar ideas y concretar acciones que afianzan nuestro deseo de tomar las riendas de la educación, pasar de concebir una educación “bancaria”[i] como diría Paulo Freire, hacia una educación autodirigida y propositiva.

La invitación está abierta para que nos sigamos sumando a esta minka tan necesaria para la construcción de un mundo de paz donde las diferencias nos complementen y el amor nos guie, así llegar a ser humanos libres y constructores de un presente más íntegro y un futuro saludable.


[i] En la educación bancaria hay dos tipos de sujetos diferenciados, el educador y el educando (el que es “educado”). El educador es el que sabe, el único que posee conocimientos. Es el que transmite sus conocimientos al educando. El educando recibe todos los conocimientos del educador, sin participar en el proceso, digamos que es como un archivador, en el que se depositan todo tipo de datos, que este va archivando. Esta educación se refiere a la realidad como algo estático, detenido, dividido, con contenidos totalmente ajenos al educando. El educador es alguien indiscutible que llena como un recipiente a los educandos siempre mediante la narración, dividiendo la realidad en segmentos desvinculados de la totalidad en la que tienen sentido. (Freire, 1975)

La desescolarización un compromiso de vida

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Por Karina Rodríguez

Ciertamente, son tantos los aspectos a tomar en cuenta cuando decidimos por este camino. En mi criterio, los aspectos internos son fundamentales.

Optar por la desescolarización es comprometernos con la vida misma; no con una parte de ella. Evidentemente, el compartir todo el día con nuestros hijos nos “descubre”, nos desnuda por completo ya que es allí, en el día a día, donde sale todo lo que está dentro nuestro. Por lo tanto, nuestra sanidad interna, madurez emocional, herramientas para relacionarnos, etc…requieren un trabajo imprescindible y constante.

No podemos simplemente abandonarnos a la idea de que nuestros hijos crezcan “libres” asumiendo que esto es al azar, a lo que venga. Nuestro rol es fundamental, es nuestro amor y confianza en nosotros mismos y por ende en ellos, la tierra fértil en la cual florecerán. Nuestro rol es proactivo, nos convoca al constante crecimiento, a la observación continua, al aprendizaje ilimitado. Nuestra presencia es contención e inspiración, es humanidad comprometida con el cambio. Es apoyo constante que empodera permitiendo incluso la frustración y el error. Nuestro rol no es de evaluación, comparación, presión, ni juicio es de acompañamiento amoroso que conoce, viabiliza, abre caminos, ofrece herramientas y brinda oportunidades. Nuestra palabra no elogia para no crear vicios a la motivación externa, nuestra palabra valida, orienta, acaricia.

Este camino conlleva un compromiso a ser la mejor versión de nosotros mismos. Lo hacemos movidos por nuestras hijas e hijos, pero principalmente lo hacemos por nosotras porque nos merecemos evolucionar.  Nuestros hijos necesitan crecer en un ambiente de amor, seguridad, de ternura, de buen trato, de amabilidad y de humildad; en un ambiente que brinde lo que la sociedad adolece. Necesitan aprender a confiar en sí mismos y en los demás seres humanos; requieren herramientas para relacionarse, resolver conflictos y lo harán siguiendo nuestro ejemplo.

Fui docente y consejera de centenares de adolescentes y jóvenes y vi la desesperanza e incertidumbre con la que afrontan la vida y el futuro. Estoy convencida, de que este mundo necesita niños y niñas que crezcan con fe en la humanidad y esperanza en el futuro. Serán éstos junto al amor, los motores que los mantendrán viviendo plenamente, construyendo alternativas a lo establecido.

¡Por nuestras hijas e hijos, por las futuras generaciones, por nosotras y nosotros mismos, empecemos siendo el cambio que queremos ver!

 

NOTA: Recomiendo los videos y libros de SERGIO SINAY, ensayista, narrador y periodista. Investiga y escribe sobre vínculos humanos, temas existenciales, sociales y filosóficos: https://www.sergiosinay.com