Reflexiones

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¿Por qué escogimos la desescolarizar?

“El aprendizaje es fundamental para la vida, el aprender es vivir, sino se ama aprender, no se ama vivir”.

Durante varios años tuvimos la oportunidad de ser facilitadores de más de 200 adolescentes, jóvenes y adultos; fue demasiado revelador ver en ellos apatía, decepción y desconexión profunda. Desconexión con sus propios sueños, apatía por el presente y futuro, decepción por no estar haciendo de sus vidas, lo que soñaban. En ninguna otra generación, los jóvenes han estado tan presionados por salvar el mundo, por ser los mejores y además por producir para poder vivir.

Estos tiempos demandan de nosotros, un paradigma distinto; uno que libere, empodere, inspire y permita un florecimiento pleno del ser humano y lo articule en comunidad.

Los tiempos que estamos viviendo como sociedad convocan en nosotros un cambio de paradigma. Un paradigma que parta desde el respeto por la individualidad, los espacios de florecimiento personal, la compresión radical de la libertad,  los espacios de crecimiento comunitario. Una narrativa de la historia que nos permita crecer en libertad, que promueva la cooperación, compasión y solidaridad. La educación es el corazón de la sociedad, es la que nos “forma”; por lo tanto necesitamos una educación que nos permita seguir conectados con nosotros mismos, con nuestros intereses, sueños, emociones; una educación integral que en libertad y con confianza nos permita florecer en los bellos seres humanos que ya son. Una educación que respete las particularidades de cada individuo, tiempos, temperamentos, intereses, maneras de aprender.

Los tiempos que vivimos, de trastornos en la niñez, de depresiones, suicidios en la adolescencia, abusos, agresiones y homicidios en la misma escuela; demandan de nosotros tomar una decisión tajante. Seguir apostando al sistema que vemos que hace décadas no da resultado u optar por un camino totalmente distinto. Uno que nos permita como padres acompañar a nuestros hijos en su desarrollo emocional, que nos de la oportunidad de ser sus referentes en valores, cosmovisión, manejo de emociones, socialización. Una educación que nos brinde la oportunidad de  forzar, evaluar, castigar, imponer, manipular; sino de confiar, respetar, viabilizar, contener, estimular e inspirar.

Nuestros hijos y la sociedad en las que ellos crecerán necesita de gente llena de sueños, esperanza, seguros de sí mismos, con ganas de vivir, compartir y seguir aprendiendo. Gente propositiva, emprendedora, feliz, con firmes convicciones, constructora de un mundo distinto.

 

 

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¿Seré entonces la maestra de mi hija? ¿Pero yo no estudié nada relacionado con educación?

Mi respuesta a esta pregunta empezaría con otra pregunta ¿necesitó maestra de educación física tu hija para aprender a gatear, caminar, correr, saltar? ¿o fueron sus ganas de involucrarse más en la realidad que le rodea y la maduración de su cuerpo le llevó a hacer eso y mucho más? Estamos tan acostumbrados a pensar que necesitamos de otros para aprender y se nos olvida que los mejores aprendizajes son siempre fruto de la necesidad, interés y maduración. .

De esta misma manera, los niños y niñas van aprendiendo de acuerdo a sus necesidades e intereses y son ellas mismas quienes van hallando las maneras en cómo aprender aquello que desean saber.   Por supuesto, nosotras como madres y padres estamos allí para brindar los mejores espacios y recursos para que esto suceda de manera segura y enrumbándolos en la autonomía. Además, señalamos “caminos”; por ejemplo al orientarles con herramientas de búsqueda, tales como libros, internet (sitios seguros) y personas a quienes acudir en caso de tener preguntas específicas.

Por consiguiente, nos convertimos en una suerte de facilitadoras que apoyan mucho, pero interfieren poco. Esto es, brindando siempre la confianza, apertura, calidez que necesitan nuestros hijos para un sano desarrollo y despliegue de todo su potencial y además proveyendo herramientas adecuadas, espacios seguros y estimulantes. Para interferir poco es necesario cambiar nuestra mentalidad y soltar el control, confiar en ellos y ellas, empoderarlos para que se sepan protagonistas de sus procesos de aprendizaje, esto es de sus vidas en general.

Nota: En otro post escribiremos sobre “soltar el control y empezar a confiar”.

 

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¿Sabías que los niños y niñas no aprenden de sus errores? Esta es una habilidad que se va desarrollando en el tiempo y sí con estímulos positivos. Si aprendieran de sus errores, entonces no aprenderían a caminar porque cada vez que se caen pensarían mejor no lo intento de nuevo porque me voy a caer. O son tan resilientes y conectados consigo mismos que sabes que deben hacer aquello para lograr algo. Cualquiera sea la razón, es por eso que es tan difícil que si les pasó algo alguna vez pensemos que por ello no volverán a hacer eso. O que castigándolos van a aprender.

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